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29.03.2017

Samira, siriopalestina de Yarmuk

Samira huyó del campo de refugiados palestinos de Yarmuk (en Siria), cruzó a Irak, entró en Turquía por el Kurdistán y consiguió atravesar el mar Egeo hasta llegar a Europa. Ahora lleva seis meses atrapada en la isla de Samos, Grecia. Aquí nos cuenta su historia.

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Mi nombre es Samira y tengo 50 años. Soy siriopalestina y procedo del campo de refugiados palestinos de Yarmuk, cerca de Damasco.

Estoy casada y tengo cuatro hijos, pero nuestra familia se ha visto separada por la guerra. Tengo un hijo y una hija viviendo en Suecia, otro hijo en Alemania, mientras que mi marido y mi otra hija viven en Damasco.

No tenía por qué ser así, se suponía que todos estaríamos juntos. Llevo cuatro meses sola en la isla de Samos. No sé cuánto tiempo más estaré aquí, lo único que quiero es que me permitan seguir mi camino y unirme a mi hijo en Alemania.

Realmente no quiero nada de este mundo, solo quiero ser libre de nuevo.

Mi familia huyó de Palestina en 1948 al Líbano. Nací en el campo de refugiados de Beirut donde crecí pobre. En 1982, tuvimos que huir de nuevo a causa de la guerra del Líbano.

Escapé al campo de refugiados de Yarmouk donde me casé. La vida nos iba bien hasta que estalló la guerra y Yarmouk fue sitiado. Casi morimos de hambre y de la  falta de atención médica.

Sobrevivimos comiendo higos chumbos y césped. Hervíamos especias para imaginarnos que tomábamos sopa.

He visto personas morir de hambre. Cuando les enterramos, sus cuerpos eran delgados y huesudos.

Hace cinco meses hui de Yarmouk por mi cuenta. Emprendí un viaje muy peligroso a Qamishli en el norte de Siria. He intentado cruzar cuatro veces la frontera entre Siria y Turquía de manera ilegal. Los sirios palestinos no tenemos permitido cruzar la frontera hacia Turquía sin visa o pasaporte y para muchos de nosotros es imposible de obtener.

En la frontera, la policía turca nos disparó. Estaba muy asustada. El traficante finalmente me dijo que era demasiado peligroso, así que fui a Irak, luego Kurdistán y crucé a Turquía desde allí.

Aun así no fue fácil, tuve que esperar dos o tres semanas hasta que conseguí entrar en el país.

Una vez que estuve en Turquía, me llevó cinco días llegar a Izmir. Después de cinco intentos, subí a un bote inflable a medianoche y llegué a Samos horas después de esquivar a la Guardia Costera turca.

Pensé que iba a morir en el mar. La balsa estaba pinchada y todos hacíamos lo imposible por mantenernos a flote. Fue duro y aterrador.

Finalmente, el 10 de octubre llegué a Samos. Desde entonces he estado viviendo en una tienda yo sola, sin ninguna ayuda ni apoyo. No sé cuándo volveremos a estar juntos toda la familia.

La muerte me ha perseguido toda mi vida, desde el Líbano a Yarmuk y hasta el bote en el mar. Ahora estoy aquí en Samos, y siento que estoy muerta por dentro.

Voy a caminar por la playa y no siento nada. Paso mis días aquí en Samos como una máquina, funcionando con una batería, sin ningún objetivo.

Lloro todos los días en mi tienda pero nadie me oye. No sé cuándo va a acabar esta tragedia. Mi vida ha sido una ristra de desgracias que parece no tener fin.