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03.11.2005

Guatemala: "Nunca había visto una destrucción semejante en Guatemala"

Francisco Díaz, director del departamento logístico de MSF en París, viajó a Guatemala para trabajar con los equipos que estaban respondiendo a la emergencia provocada por el paso de Stan. Francisco explica la situación que se encontró cuando llegó al país y la respuesta que ha dado MSF.

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“La tormenta tropical Stan es una gran crisis nacional en Guatemala, incluso el huracán Mitch, que golpeó el país en octubre de 1998, fue menos devastador. Los afectados por la tormenta son decenas de miles y las consecuencias: inundaciones, deslizamientos de tierras y lodo. Como siempre que respondemos a un desastre natural, lo primero para MSF es definir claramente los objetivos a los que tenemos que responder en la emergencia, y para eso necesitamos hacer una evaluación.”

Lo esencial para hacer cualquier tipo de intervención es evaluar las necesidades

“Las condiciones de vida de las personas afectadas son horribles, muchas están aisladas y geográficamente muy dispersas. Hicimos un misión exploratoria en varios áreas: en las regiones de Chinquimulilla y Jutiapa en el sureste, así como en San Marcos y Tacana en la parte suroeste del país.
De acuerdo con las estadísticas oficiales, por ejemplo, hay 15.000 víctimas en la región de Chiquimulilla, un área de aproximadamente 10 millas, donde hay 42 pueblos con nueve centros de salud. Uno de los primeros equipos de MSF fue a tres lugares en esta región: La Bomba, Las Pozas y La Rubia. Estos tres pueblos están aislados y inundados. Un río cercano se desbordó cientos de yardas, destrozándolo todo. Los pueblos más pobres son los más vulnerables porque están peor equipados. No hay nada más que barro. Hemos tenido que viajar a través de los campos porque las carreteras estaban intransitables, con 10 pulgadas de agua.”

Garantizar la calidad de la asistencia médica y del suministro de agua

“Las primeras evaluaciones nos dieron una idea general de las necesidades de la población afectada y de cómo estaba la sanidad local. Durante estas misiones, nosotros también damos primeros auxilios, distribuimos material médico, mantas, agua potable y equipamientos para clorar el agua.
Nuestro objetivo fue empezar por evaluar los centros de salud y en cada pueblo recopilar información: el estado de los suministros de medicamentos, el acceso al agua, hasta donde han llegado los daños, especialmente en lo que respecta a las casas. En un primer momento, queremos estar seguros de que los cuidados médicos que se están dando sean de buena calidad. Cuando es necesario, proporcionamos medicamentos y material. El acceso al agua es, otra vez, vital. Algunos de los centros que visitamos, por ejemplo en La Bomba, no tenían nada de agua porque la tormenta destrozó las bombas.
Cuando la primera ronda de misiones exploratorias finalizó, decidimos donde teníamos que intervenir. En este caso, decidimos trabajar en el distrito de Chinquimulilla, en el área donde no había otras organizaciones presentes y donde la población está volviendo a sus casas y afrontando duras condiciones. Nuestra intervención llevará ayuda a aproximadamente 3.000 familias en esta área.”

Una segunda misión exploratoria para redefinir las necesidades

“La segunda fase de evaluación fue igual de crucial que la primera, la población estaba regresando a sus casas y las necesidades habían cambiado. Centramos nuestra intervención en la donación de medicamentos y equipos médicos a los nueve centros de salud de Chinquimulilla, también distribuimos agua y material de ayuda para la construcción, para que pudieran reparar o reconstruir sus casas.
Las inundaciones contaminaron las fuentes naturales de agua. MSF reparó el pozo que suministraba agua al centro de salud de La Bomba y se está planeando establecer otros sistemas de distribución de agua en otros centros de salud. Los equipos están actualmente buscando la mejor manera de limpiar los pozos que se han llenado de barro. La única solución a corto plazo para ayudar a las personas afectadas, es distribuir agua con un camión.
Estamos planeando distribuir diferentes tipos de materiales a las familias: kits de higiene (jabones, cubos de plásticos, etc.) kits de cocina para las familias que lo han perdido todo, y también herramientas y material de construcción.”

Planear y responder a otros problemas de salud

“Contrariamente a lo que se suele pensar, el riesgo de epidemia no es necesariamente más alto después de un desastre natural. Los casos de Hepatitis A ya se habían detectado en la región antes de la tormenta, así que estábamos preparados para responder montando un sistema de control epidemiológico y teniendo la capacidad para dar un tratamiento rápido. Las enfermedades más comunes que han visto los médicos de MSF durante las misiones exploratorias son: casos de diarrea, infecciones respiratorias e infecciones de piel.
El dengue y la malaria también son enfermedades que normalmente están presentes en la zona. La prioridad es limitar los riesgos de transmisión. Nuestro equipo distribuirá 9.000 mosquiteras y sprays para el agua estancada para eliminar los mosquitos, el vector principal de estas enfermedades. Se han montado varias clínicas móviles y hay cinco equipos visitando los pueblos de los alrededores para dar asistencia médica.”

La supervivencia diaria

“Proporcionar alimentos a las poblaciones aisladas también es un motivo de preocupación. El agua lo ha destruido todo, incluso las reserves de comida. Así, actores locales, como el comité de emergencia, han distribuido raciones de alimentos pero sólo para dos o tres días y la distribución no garantiza una igualdad de acceso a la comida. De acuerdo con la información que hemos recogido, las distribuciones se hacen según la lógica “el primero que llega, el que más lo necesita”. No hay ningún registro para prevenir la duplicidad en las distribuciones.
Algunos habitantes de esta zona lo han perdido todo: sus casas, las reservas de comida, las cosechas y el trabajo. Las próximas cosechas no llegarán a la región hasta mayo de 2006. Los campesinos cultivaban principalmente cereales y frutas como la papaya, pero muchos de los residentes se ganaban la vida como trabajadores por días en grandes explotaciones agrícolas, llamadas fincas. Estas propiedades se han inundado también. Así que no hay trabajo para las habitantes de la zona, no hay ingresos.
En general, la gente con la que me encontré no pensaba en el futuro. Están haciendo todo lo posible para sobrevivir. Las condiciones, especialmente las condiciones sanitarias, ya eran difíciles antes de la tormenta. Solo falta por ver cuánto tiempo tendrán que depender de la ayuda internacional. Esta pregunta parece más importante aún desde que el Programa Mundial de Alimentos ha decidido finalizar las distribuciones de comida. ¿Quién atenderá a esta población que ha perdido todas sus reservas de alimento y sus cosechas?”

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