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02.12.2021

Hablemos de la meningitis criptocócica y de por qué esta enfermedad merece mucha más atención

Poco conocida y aparentemente incurable, la meningitis no criptocócica es una enfermedad que mata a unas 180.000 personas cada año, la mayoría menores de 40 años. Para las personas con VIH, provoca rápidamente una enfermedad grave y la muerte si no se trata. Con un diagnóstico y tratamiento adecuados, la mortalidad podría no obstante reducirse en más del 70%.

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Por el Dr. Amir Shroufi*

Los ajenos rara vez tienen la atención que merecen. Cuando se trata de conservación, por ejemplo, algunas especies populares atraen mayor parte de los fondos disponibles, el rinoceronte eclipsa al conejo ribereño. En las artes, el jazz y el blues luchan para atraer la atención que el pop pegadizo recibe fácilmente, y es raro ver a un documental superar el éxito de taquilla de una película de acción -aunque lo merezca-.

Puede ser difícil precisar por qué suceden este tipo de situaciones, pero el fenómeno también se extiende a las enfermedades. Un nombre que suene difícil y académico no ayuda a que una enfermedad gane reconocimiento generalizado. Algunas enfermedades afectan principalmente a las personas que viven en los países de ingresos bajos y medios, lo que lleva a las empresas farmacéuticas a considerarlas no rentables (a menudo es una percepción errónea). Como resultado, el dinero no se destina a la investigación y el desarrollo necesarios para los tratamientos, obstaculizando a su vez la participación de la comunidad científica en general.

La meningitis criptocócica, que encaja en todos los criterios anteriores, es una enfermedad ajena notable, a pesar de ser responsable de unas 180.000 muertes al año, y la mayoría de las personas afectadas son menores de 40 años que viven en el África Subsahariana.

El agente causante, el criptococo, se encuentra en todas partes del medio ambiente. Para quienes tienen un sistema inmune funcional, no causa ningún daño. Sin embargo, en las personas con VIH que padecen inmunosupresión, puede invadir el revestimiento del cerebro y provocar rápidamente una enfermedad grave y la muerte si no se trata.

Este panorama sombrío puede llevarte a pensar que la meningitis criptocócica es incurable, pero este no es el caso. De hecho, con un diagnóstico oportuno y el tratamiento óptimo, la mortalidad podría reducirse en más del 70%. Lograr esto a nivel población, al garantizar que todas las personas con la enfermedad se manejen bien, ayudaría a evitar cientos de miles de muertes de aquí a 2030.

Esto está lejos de ser la realidad actual y es un indicador de la falta de reconocimiento que se le ha dado a la enfermedad, que las herramientas para salvar vidas desarrolladas hace décadas apenas se utilizan hoy en día. La flucitosina –un medicamento esencial para el tratamiento de la meningitis criptocócica– fue desarrollada en los años 50, no tiene patente y es muy simple de fabricar. Sin embargo, la mayoría de las personas con la enfermedad, en la actualidad, nunca accederán a ella. Hay muchas razones para esta falta de acceso: problemas de financiación, escasa conciencia clínica y una necesidad de formación. La otra gran razón por la que la flucitosina es raramente usada es el hecho de que no está registrada en la mayoría de los países donde es necesaria. En el Día Mundial del Sida de 2021, es hora de que los países aborden ese tema.

En Sudáfrica, por ejemplo, si bien el registro ha estado en proceso bajo la Autoridad Reguladora de Productos de Salud en África (SAHPRA) por casi dos años, y aún no se ha finalizado. SAHPRA debería proceder urgentemente al registro de este medicamento, luego de lo cual, el gobierno de Sudáfrica tiene la oportunidad de garantizar rápidamente que todas las personas que lo necesitan tengan acceso a este medicamento que salva vidas mediante el despliegue rápido de suministros y el apoyo necesario. 

 

La meningitis criptocócica y el panorama general del VIH

Ampliar la terapia antirretroviral es de alguna manera el medio más importante para mejorar la vida de las personas que viven con VIH (PVVIH) y abordar la epidemia de Sida, pero no es suficiente. En 2019, hubo 690.000 muertes por causas relacionadas con el VIH, incluyendo las infecciones oportunistas como la meningitis criptocócica. Mejorar las cosas en el lado del tratamiento de la ecuación podría ayudar a abordar esa situación.

En la atención del VIH, se ha planteado que un enfoque de salud pública y una atención de calidad para las personas que están muy enfermas son cuestiones mutuamente excluyentes. Es hora de enfocar la energía e inversión proporcionales en las PVVIH que se enferman con infecciones oportunistas, garantizando que reciban la atención que merecen.

 

¿Qué necesita cambiar?

Existe una estrategia global para terminar con la tuberculosis, la principal causa de muerte en personas que viven con VIH, pero no existe una estrategia para terminar con la meningitis criptocócica, ni otras causas importantes de muerte en estas personas. Tanto ONUSIDA como la OMS, las organizaciones multilaterales de salud al timón de la respuesta al VIH, pueden ayudar reconociendo la gravedad del problema tomando pasos para aceptar la gravedad de la situación, como medir las muertes por meningitis criptocócica, establecer objetivos para reducir esas muertes, y ayudar a los países a desarrollar estrategias para alcanzar esos objetivos.

Es lamentable cuando un ajeno no recibe el debido reconocimiento. En el caso de la meningitis criptocócica, es una tragedia evitable.

 

Amir Shroufi es un excoordinador médico de MSF Sudáfrica y miembro actual de la junta directiva de MSF Sudáfrica. Es un médico formado en Reino Unido y ha completado un posgrado especializado en salud pública. Tras una carrera temprana en medicina aguda, ha pasado los últimos 15 años trabajando en salud pública.

En los últimos 10 años, ha trabajado en programas que abordan el VIH y la tuberculosis en el sur de África, y la mayor parte de ese tiempo trabaja para MSF. Ha sido coordinador médico para MSF en Sudáfrica, donde ayudó a establecer el proyecto para detener el desabastecimiento y el programa de Acceso a la Flucitosina en Sudáfrica. Amir actualmente trabaja como asesor médico para los Centros para el Control del Enfermedades y vive en Ciudad del Cabo