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01.02.2012

Harán falta más compromisos para erradicar las enfermedades tropicales olvidadas

El Dr. Unni Karunakara, presidente internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF) comenta los acuerdos de la alianza de fundaciones, empresas e instituciones internacionales que esta semana se reunió en Londres con el objetivo de combatir o erradicar 10 enfermedades tropicales olvidadas de aquí a 2020.

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Realizar una punción lumbar en condiciones de terreno es muy angustioso. Insertar una aguja en la espina dorsal de alguien para extraer líquido cefalorraquídeo resulta doloroso y arriesgado, y esto solamente desde la perspectiva del médico. Pero es también algo que nuestros médicos tienen que hacer cada día como parte de las pruebas rutinarias en pacientes en estadios avanzados de la enfermedad del sueño. Intentad ahora imaginar la experiencia desde el lado del paciente. Cuando era responsable del programa de enfermedad del sueño de MSF en República del Congo, incluso la mera posibilidad de tenerse que hacer esta prueba a veces era demasiado para los pacientes y preferían salir corriendo antes de someterse a ella.

Así que en MSF acogemos con satisfacción los compromisos adquiridos por la alianza Uniting To Combat Tropical Diseases (Uniendo Esfuerzos para Combatir las Enfermedades Tropicales) que se reunió en Londres el pasado 30 de enero para intentar erradicar esta enfermedad para el año 2020, junto con la eliminación o control de otras nueve enfermedades tropicales  olvidadas.

MSF trata la enfermedad del sueño y otras potencialmente mortales de las que se habló en Londres, incluidos el mal de Chagas y el kala azar, y aunque nos complace ver que ahora se ha centrado la atención en ellas, nos preocupa que la conferencia esté dibujando un panorama demasiado simple para describir cómo eliminar de una vez por todas estas enfermedades.

Las donaciones de medicamentos ampliadas y continuas por parte de la industria farmacéutica serán parte de la solución para responder a algunas de las enfermedades en cuestión y aliviar mucho el gran sufrimiento humano que provocan. Pero esta estrategia no conseguirá responder a los retos que supone tratar otras enfermedades más desafiantes como el mal de Chagas, el kala azar o la enfermedad del sueño. Para estas enfermedades potencialmente mortales, no basta solo con distribuir medicamentos, hará falta invertir mucho en programas nacionales de detección y tratamiento, así como desarrollar nuevos y mejores diagnósticos y medicamentos.

En cuanto a investigación y desarrollo (I+D), según una encuesta realizada en 2011, la industria farmacéutica destinaba un total de 20,2 millones de dólares americanos a I+D para enfermedades olvidadas, tema de esta conferencia de Londres. Esto puede parecer mucho, pero las grandes compañías farmacéuticas generalmente admiten gastar 1.300 millones de dólares americanos para el desarrollo de un solo medicamento.

El ejemplo de la enfermedad del sueño

Volvamos al tratamiento de la enfermedad de sueño para ilustrar la variedad de retos que tienen que superarse antes de poder empezar a pensar en eliminar la enfermedad: hoy parece que ya hemos dejado atrás los horrores del melarsoprol, un derivado del arsénico que se inyecta en el paciente y tan cáustico que corroe las jeringuillas de plástico. Pero incluso los mejores fármacos que utilizamos ahora solo pueden administrarse mediante perfusiones que requieren personal especialmente formado y un entorno hospitalario, todo un lujo para muchos lugares donde prospera la enfermedad del sueño.

Para poder dar un verdadero salto adelante en el tratamiento de esta enfermedad, los pacientes necesitan un medicamento que pueda tomarse por vía oral y que se pueda conseguir en un simple puesto de salud comunitario. La buena noticia es que actualmente existen dos prometedores medicamentos que podrían darnos lo que queremos y que están siendo desarrollados por la iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (Drugs for Neglected Diseases initiative o DNDi), con el apoyo continuado, entre otros, del Gobierno británico.

Nuevas pruebas diagnósticas y medicamentos serán de ayuda en un futuro. Sin embargo, la única opción realista que tenemos hoy para tratar la enfermedad del sueño es disponer de equipos médicos móviles especializados que se desplacen a las zonas endémicas para hacer análisis y tratar a las personas afectadas, puesto que muchas de ellas viven en zonas remotas de estados frágiles como República Democrática del Congo (RDC), República Centroafricana y Sudán del Sur. Incluso en estos contextos tan difíciles y con fondos limitados, los equipos móviles han hecho un muy buen trabajo. Había menos de 7.200 casos de enfermedad del sueño confirmados registrados en 2010 y este número ha seguido disminuyendo. Pero los programas de tratamiento ahora están en peligro. Bélgica, el principal financiador del programa de lucha contra la enfermedad del sueño en la RDC, ha anunciado que retirará sus apoyos en 2013.  

La falta de fondos también tiene un impacto muy negativo sobre las actividades de detección. Probablemente el número de casos reportados de enfermedad del sueño no sea más que una pequeña fracción de los que realmente existen en la actualidad. La experiencia pasada nos dice que, sin unos buenos programas de detección y tratamiento, podríamos ver dispararse nuevamente el número de casos.

Por lo tanto, si realmente queremos eliminar de una vez por todas esta y otras enfermedades tropicales, tenemos que financiar de forma adecuada los programas de tratamiento que incluyen detección y vigilancia epidemiológica; un apoyo continuado a innovadoras asociaciones como la DNDi para que desarrollen nuevos y mejores métodos diagnósticos y tratamientos; y mejores políticas para desarrollar medicamentos asequibles para los pacientes en países con pocos recursos. Además, las autoridades públicas tienen que intensificar y liderar el desarrollo y mantenimiento de estos programas.

Pero a menos que la gente se percate de la necesidad de adquirir compromisos más amplios que los establecidos en el acuerdo de Londres, no conseguiremos eliminar estas patologías al menos de momento, y la enfermedad del sueño, el Chagas, el kala azar y el resto de enfermedades tropicales olvidadas seguirán amenazando a millones de personas en todo el mundo.

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