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01.06.2007

"Impresiona el esfuerzo diario de la población desplazada por sobrevivir con dignidad"

Entrevista con José Luis García Allut, médico de terreno en el proyecto que MSF lleva a cabo en Shangil Tobaya, en el norte de Darfur, Sudán

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¿Cuál es la situación de Darfur actualmente? ¿Tienen acceso a la salud?
La situación de la población de Darfur en los últimos meses continúa deteriorándose. Hace cuatro años que comenzó el conflicto y siguen llegando nuevos desplazados por la guerra a los campos donde trabajamos. Así ocurre en el proyecto de Shangil Tobaya, en el norte de Darfur, donde atendemos a una población de unas 30.000 personas, y adonde sólo en los últimos tres meses llegaron más de 300 nuevas familias –en total más de 1.500 personas, en su mayoría niños– desplazadas por la violencia.

Desde finales del año 2006 es más difícil para las organizaciones humanitarias trabajar en Darfur. Unos 400 trabajadores humanitarios fueron evacuados, y sólo una parte de ellos han regresado a sus proyectos. Las causas de esta reducción del espacio humanitario son el fraccionamiento de grupos rebeldes que genera inestabilidad en las zonas bajo su control, el incremento de los incidentes de seguridad hacia los trabajadores humanitarios (agresiones físicas, violaciones…), y las dificultades administrativas que impone el Gobierno de Sudán en función de su agenda política. La grave consecuencia de todo esto es que para la población civil es cada vez más difícil tener acceso a la salud.

Además, la actual situación de inseguridad dificulta el acceso a gran parte del territorio de Darfur, lo que impide conocer las necesidades sanitarias y humanitarias de miles de personas a las que de momento es imposible acceder.

¿Cuáles son las necesidades médicas actualmente?
Si como vemos, la población desplazada aumenta y su acceso a la salud se dificulta, nos encontramos con una situación sanitaria precaria, donde las necesidades médicas se encuentran sólo parcialmente cubiertas. En este contexto, la presencia de MSF en Darfur se hace obligada.

En nuestro proyecto de Shangil Tobaya, actualmente nos preocupa especialmente el creciente número de niños con desnutrición que llegan a nuestra clínica y que están además más predispuestos a sufrir infecciones respiratorias o gastrointestinales, también frecuentes en el resto de la población desplazada. En este contexto hay que mantener además una continua vigilancia de las enfermedades con potencial epidémico, que rápidamente podrían propagarse entre la población de los campos de desplazados dadas sus condiciones de vida. La salud materno-infantil también requiere una atención prioritaria, sobre todo en sociedades como ésta donde los derechos de la mujer son negados continuamente.

¿Qué estamos haciendo actualmente en Shangil Tobaya?
En el proyecto de Shangil Tobaya mantenemos una clínica que atiende a las poblaciones de los campos de desplazados de Shangil y Shadat, así como del pueblo de Shangil Tobaya e incluso de aldeas que distan de la clínica varias jornadas en burro, medio de transporte tradicional. En las consultas externas de la clínica se atienden entre 150 y 200 pacientes al día, unos 1.000 pacientes a la semana. Hay 30 camas disponibles para aquellos pacientes más graves que necesitan ser ingresados. Además tenemos un programa nutricional con un componente ambulatorio y un centro de estabilización para aquellos pacientes desnutridos más severos o con complicaciones médicas. Parte de la clínica está destinada a la salud reproductiva, con un programa de cuidados prenatales y un paritorio. Otros componentes del proyecto son un programa de vacunaciones y el seguimiento a través de trabajadores comunitarios del estado nutricional y de salud de la población. A los casos de violencia sexual se les ofrece tratamiento médico y apoyo psicológico.

¿Cómo se ha trabajado durante el tiempo que no se podía estar allí?
Durante el tiempo que estuvimos evacuados del proyecto se estableció un sistema de control remoto desde El Fashir, capital del norte de Darfur. Al ser evacuados los expatriados y el personal nacional realojado, la clínica quedó funcionando sólo con el personal local. Realizábamos diariamente contactos por radio para hacer un seguimiento de las actividades de la clínica, recibiendo información sobre carga asistencial, casos de enfermedades con potencial epidémico, consumos de farmacia, etc. Además la radio se utilizaba para llamadas de emergencia en las que se discutían los casos clínicos más complejos y decidir el traslado de los pacientes en caso necesario.

Cada semana se realizaban visitas en helicóptero para supervisar las actividades de la clínica, llevar los medicamentos necesarios, atender pacientes y hacer formación para mejorar la capacitación del personal local. El personal realojado evacuado en El Fashir también recibió formación diariamente. Mantener la calidad de la asistencia médica ofrecida por MSF fue nuestro objetivo durante todo el tiempo que duró la evacuación.

Cuando volvimos definitivamente de la evacuación todo el mundo hizo el mayor esfuerzo para relanzar las actividades de la clínica, sobre todo de aquellos programas que los problemas de seguridad habían obligado a reducir.

¿Cuál ha sido tu experiencia?
El tiempo que estuvimos en Shangil, antes de la evacuación y tras el regreso definitivo, fue de trabajo intenso y pude comprobar la profesionalidad y el alto grado de motivación e implicación con el proyecto del personal nacional. Con respecto a la población civil desplazada, impresiona su esfuerzo diario por sobrevivir con dignidad, en medio de unas condiciones de vida de extrema dureza. La impresión general es que queda mucho por hacer y que a pesar de las dificultades de todo tipo, MSF debe seguir trabajando para intentar mejorar las condiciones sanitarias de la población de Darfur.

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