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07.02.2006

Ingusetia: "Todos esperan pacientemente su turno hasta que podemos atenderlos"

En los lúgubres asentamientos para desplazados internos en Ingusetia, en los centros temporales de Grozny y en las áreas rurales de Chechenia, médicos nacionales de MSF dan atención médica a las poblaciones más vulnerables.

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En la mayoría de proyectos que tiene MSF alrededor del mundo, trabajan conjuntamente personal internacional y nacional. Sin embargo, en Ingusetia y Chechenia, debido a las restricciones de seguridad, a diario trabaja prácticamente sólo personal nacional. En total, son 170 trabajadores nacionales de MSF en la región.

Janeta Vagapova es ginecóloga. Empezó a colaborar con MSF en el año 2000 y ahora trabaja con un pediatra y dos enfermeras en Ingusetia, en dos kompaktniki (asentamientos espontáneos) que visita un par de veces por semana. Los kompaktniki tienen diferentes tamaños, pero siempre están llenos, pueden alojar desde 20 a varios cientos de desplazados internos. Actualmente, MSF trabaja aproximadamente en 20 kompaktniki en Ingusetia.

Janeta dio esta entrevista en un asentamiento para desplazados internos. Es un patio donde antes se reparaba maquinaria agrícola, aún hay restos oxidados que cubren la tierra fangosa. Los niños juegan entre palomas y hangares donde muchas familias viven en condiciones precarias. Sus vidas seguirán tan frías y apagadas como el implacable invierno ruso que acaba de empezar. El asentamiento está a pocos kilómetros de la frontera con Chechenia y no muy lejos del lugar donde estaban los campos de refugiados que acogieron a miles de chechenos que huían del conflicto. Los campos fueron cerrados en 2004.

El cuarto donde se pasa consulta es minúsculo, se ha instalado fuera de un vagón de ferrocarril abandonado, que se ha arreglado cuidadosamente y se ha decorado con información sobre MSF y sobre la salud (una parodia de un famoso anuncio soviético para reclutar soldados se ha sustituido por un cartel con información sobre cómo protegerse del VIH/SIDA). Gracias a una estufa de hierro en el cuarto hace mucho calor, así que Janeta y la enfermera visten los trajes verdes de quirófano de manga corta a pesar del frío que hace fuera. El sencillo equipo ginecológico está cuidadosamente puesto en una esquina del cuarto.

“Trabajo con MSF desde hace cinco años, vengo de una familia de médicos y me especialicé en ginecología de urgencia hace 10 años. Mi primer trabajo con MSF fue ayudar a los equipos quirúrgicos que operaban a los heridos de guerra en Shatoi, un distrito de Chechenia, entre 1995 y 1996. Hicimos todo lo que pudimos. Después, empecé a trabajar para MSF como ginecóloga. He estado en muchos asentamientos de Ingusetia. Al principio trabajábamos sin electricidad, ni gas y nuestros pacientes a menudo eran agresivos y difíciles. Se mostraban reacios a recibir asistencia. Pero ahora creo que son conscientes de que les ayudamos y es muy raro que alguien se muestre agresivo con nosotros.

Al principio, vimos a muchas mujeres gravemente enfermas, con anemia severa y complicaciones en el parto. La mayoría estaba asustada por el parto y no había recibido atención prenatal. Ahora, después de unos años trabajando aquí, hemos ayudado a muchas mujeres a planificar sus partos y sus familias. Gradualmente, la salud de nuestros pacientes ha mejorado.

Visito entre 20 y 25 pacientes al día, todos esperan pacientemente su turno hasta que los podemos atender. El pediatra es el que está más ocupado. Las cosas más comunes que vemos aquí son hemorragias durante los embarazos e inflamaciones en la pelvis. Podemos enviar a las mujeres que necesitan cuidados especializados a los hospitales locales, pero para ser honesta, intento enviar a las mínimas posibles y tratar a todas las mujeres lo mejor que puedo. Los servicios del hospital son caros y los medicamentos de poca calidad, así que muchas mujeres los rechazan.

Como soy la única médica que hay cerca, a veces me llaman para ayudar en las urgencias y es muy satisfactorio para mí utilizar mis conocimientos para salvar vidas. La gratitud de mis pacientes es la mejor recompensa”.

La semana pasada, se publicó una entrevista a Aiza Masaeva (nombre cambiado por seguridad) ginecóloga de MSF que trabaja en las zonas rurales de Chechenia.

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