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16.10.2012

Cómo iniciar una epidemia de supervivencia infantil

Llevar al niño al pediatra para un chequeo general y para vacunarse puede considerarse una tarea sin importancia. ¿A quién conoces que alguna vez tuviera sarampión? Muchos padres se preguntan, para empezar, si todas esas inyecciones son realmente necesarias. Pero la semana pasada, en Níger, madres, enfermeras y médicos me recordaron el poder y la importancia de esos sencillos actos.

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Acabo de volver de Madarounfa, el distrito más al sur de la zona central de Níger, donde Médicos sin Fronteras (MSF) ha trabajado durante más de una década. Daremos tratamiento a muchísimos niños desnutridos y atenderemos a aquellos que sufran de malaria o de otras enfermedades comunes. Pero algo nuevo está pasando. Miles de madres con sus niños acuden al centro de salud cada mes para pesarlos, actualizar las vacunas y, una vez que los bebés tienen seis meses de edad, para que reciban alimentos nutritivos como complemento a la lactancia. Cuando se distribuyen las mosquiteras para los recién nacidos, el personal de enfermería y las madres establecen un diálogo ameno sobre cómo cuidar de los niños cuando están enfermos y cómo alimentarlos para que estén saludables.

Níger es un país interior que se extiende por el desierto del Sahara y la sabana hacia el sur, en una región conocida como el Sahel. Para la mayoría de los nigerinos la vida cotidiana está llena de luchas y desafíos. El país ha sufrido tres crisis alimentarias durante los últimos seis años, y la inmensa mayoría de sus 16 millones de habitantes trabajan la tierra como medio de vida. En 2010, casi la mitad de la población del país recibió algún tipo de ayuda económica a corto plazo en forma de distribuciones de alimentos o remesas y este año, alrededor de un cuarto de toda la población recibirá el mismo tipo de ayuda.

Sin embargo, en medio de estas desgracias, los políticos nigerinos y los profesionales de la salud están haciendo verdaderos progresos en la supervivencia de los niños. A pesar de encontrarse en los últimos puestos del Índice de Desarrollo de la ONU, las tasas de mortalidad infantil en Níger ha descendido vertiginosamente, el doble de rápido que Nigeria, el país vecino, más grande y con más recursos. Incluso con graves amenazas económicas, los índices de desnutrición infantil están mejorando realmente. Esto contradice directamente la opinión establecida de que la mejoría de los indicadores de salud sólo es producto del crecimiento económico.  

Entonces, ¿qué está pasando en Níger? En 1990, Níger tenía el índice de mortalidad infantil más alto del mundo. A finales de esa década, el gobierno comenzó a promover las campañas de vacunación junto a distribuciones de vitamina A. Entre 1998 y 2005 el porcentaje de niños menores de cinco años que habían recibido una dosis de vitamina A pasó del 7% al 75% y además se duplicó el porcentaje de niños vacunados contra el sarampión. Ciertamente se trató de un avance positivo, pero entonces llegó 2005.

La crisis nutricional de 2005

En marzo de 2005, masas de niños enfermos y desnutridos, en cifras nunca antes vistas, empezaron a acudir a los hospitales de MSF en la región del centro y sur del país. Nadie entendía exactamente lo que estaba ocurriendo, pero en ese momento no había tiempo para nada más que para actuar. El Ministerio de Salud aprobó de inmediato un protocolo nacional de nutrición, UNICEF se movilizó, y muchas ONG llegaron al país, contrataron a una gran cantidad de personal sanitario cualificado de Níger y se comenzó a tratar a los niños desnutridos por decenas de miles. A finales de ese año, se había atendido a cerca de 100.000 niños de los que 60.000 fueron atendidos sólo en los programas de MSF. Se trató, en ese momento, de la mayor intervención de emergencia en desnutrición aguda severa.

Como ocurre muchas veces después de una crisis, se produjeron una serie de cambios positivos. Desde 2005, se ha tratado a más niños por desnutrición en Níger que en ninguna otra parte del mundo. En otras palabras, los niños de Níger tienen más oportunidades de recibir el tratamiento que necesitan que en ningún otro país del continente africano o asiático, territorios en los que la desnutrición produce un mayor número de muertes.

El Ministerio de Salud también ha llevado a cabo al menos una encuesta nutricional y de salud de niños menores de cinco años. El seguimiento epidemiológico es un componente indispensable de cualquier sistema sanitario. La encuesta realizada en junio de 2010 hizo sonar la alarma que provocó la mejora de los programas de nutrición de ese año y sentó un precedente; durante los últimos tres años, una gran cantidad de niños menores de dos años han recibido ayuda nutricional con los alimentos enriquecidos durante los meses previos a la sequía. Los estudios realizados en uno de los programas de MSF mostraron que los índices de mortalidad se redujeron a la mitad cuando los niños recibieron suplementos alimenticios de calidad ajustados a sus necesidades en un programa con un alto nivel de adherencia y aceptación.

La nutrición y la salud están intrínsicamente relacionados: los niños son más propensos a la enfermedad y a la muerte si se encuentran desnutridos, y viceversa. La malaria en Níger, por ejemplo, es una de las causas principales de morbilidad y mortalidad, así que es impensable tratar a niños de desnutrición sin hacerlo simultáneamente de malaria, o distribuyendo mosquiteras impregnadas con insecticidas. Desde 2005 se ha triplicado el número de casos de menores de cinco años tratados por malaria, y en 2009 el número de niños tratados con medicación adecuada era de más de 1,5 millones. Una ampliación a una escala semejante ha sido posible porque las autoridades políticas nacionales decidieron que la atención sanitaria debía proporcionarse de manera gratuita a los niños menores de cinco años, y también al suministro de medicamentos por parte del Fondo Mundial. El porcentaje de familias que tienen mosquiteras se ha elevado del 0% al 75% desde 2005.

Y por ultimo, pero no menos importante, está el asunto de la vacunación. Desde 2005, el porcentaje de menores de dos años que recibieron una vacunación completa se ha duplicado. Todavía hay caminos que recorrer (los niños de Níger aún no se benefician de toda la protección que los programas de inmunización ofrecen en los países más desarrollados) pero esto sin duda supone un gran progreso.

El avance que está en marcha se debe en gran medida a las decisiones de los líderes de Níger; y en parte su aceleración se debe a los actores humanitarios y a los profesionales sanitarios de Níger que trabajan en el terreno. Este conjunto de organizaciones gubernamentales y de ayuda humanitaria sentó las bases para la rehabilitación de esta importantísima actividad: las visitas pediátricas de rutina.

La receta para el éxito

La lactancia materna, una dieta saludable, tratamiento para la desnutrición aguda, inmunizaciones completas, protección y tratamiento de la malaria, así como un buen sistema de recogida de datos, constituyen la columna vertebral de este éxito. Son las bases del “momento estelar” que describió el doctor Mickey Chopra, responsable de Salud de la UNICEF, en una entrevista reciente, en referencia a la reducción de un 47% de la mortalidad infantil en Níger durante los últimos diez años. Aún así, esto no tiene mucha ciencia. La parte más difícil es lograr que el sistema funcione, porque este avance es frágil. Si bien las decisiones políticas lo posibilitan, los beneficios sanitarios pueden deberse a las inversiones realizadas por las organizaciones humanitarias cuya financiación no es estable ni predecible. La siguiente fase crítica será integrar la conexión entre nutrición y salud en los sistemas públicos de salud y llegar a los niños de manera más temprana con intervenciones que funcionen bien. Debe tratarse de mejorar la salud de los niños tanto como en una respuesta de emergencia.

Aquí es donde está el reto para la iniciativa de Ampliación de la Nutrición (SUN por sus siglas en inglés) que tiene el objetivo de frenar la desnutrición en todo el mundo, y cuyos miembros se reunieron la semana pasada en la sede de Naciones Unidas en Nueva York. Las madres nigerinas y los profesionales sanitarios han hecho mucho en demostrar a esta iniciativa lo que se puede lograr. Ahora la cuestión es qué puede hacer la SUN para ayudar a consolidar y acelerar estos logros en contextos como el de Níger. Hay que empezar por reconocer que la proporción de alimentos enriquecidos con nutrientes para tratar y la protección a los niños contra la desnutrición, junto a servicios sanitarios esenciales, se encuentran entre las intervenciones más eficaces que se pueden desarrollar. Si las autoridades nigerinas y los numerosos actores nacionales y no gubernamentales están a la altura, quién sabe la velocidad que puede alcanzar esta epidemia de supervivencia infantil.

 

La doctora Susan Shepherd es pediatra, nacida en Butte, Montana, EEUU. Ha trabajado para Médicos sin Fronteras (MSF) durante los últimos cinco años y ha coordinado varios estudios sobre desnutrición. Ha trabajado en Uganda, Chad, Níger, Kenia, Sudán del Sur, Burkina Faso y Ghana.


Este artículo se publicó originalmente en el diario digital Huffington Post, puedes verlo aquí (en inglés)

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