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11.05.2007

Kirguizistán: combatiendo la tuberculosis en las cárceles

La incidencia de la tuberculosis (TB) en el sistema penitenciario de Kirguizistán es hasta 25 veces más alta que en la población civil (2.700 por 100.000)

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A finales de 2005, en colaboración con el Ministerio de Justicia y el Ministerio de Salud del país, Médicos Sin Fronteras (MSF) empezó a trabajar en tres instituciones penales en la capital, Bishkek: dos centros de detención preventiva (SIZO 1 y SIZO 50), y una de las colonias para detenidos (Colonia 31) donde oficialmente son destinados los presos infectados con TB.

“Los condiciones en las prisiones, especialmente en los centros de detención preventiva, llamados SIZO, son muy difíciles”, explica el Dr. Dominique Lafontaine, coordinador general de MSF. “Celdas de 10 metros cuadrados donde se alojan normalmente ocho hombres, con un váter abierto en una esquina. En las celdas entra muy poca luz. La ventilación también es pobre, creando las condiciones propicias para la bacteria de la tuberculosis”.

MSF está intentando controlar estas alarmantes tasas de TB en tres instituciones penales seleccionadas en Kirguizistán, trabajando en diferentes ámbitos.

En primer lugar, MSF ha asegurado que el seguimiento del tratamiento sea más adecuado. Por una parte, formando, apoyando y supervisando el personal médico de la prisión y por otra, proporcionando medicamentos efectivos contra la TB. Aunque en 1998 Kirguizistán implementó el estándar de la OMS para el tratamiento de la tuberculosis (conocido como DOTS, un tratamiento de observación directa), la falta de fondos y de mano de obra ha hecho que no se aplique correctamente en las prisiones del país.

En segundo lugar, la intervención de MSF se ha centrado en la detección temprana de la TB. Esto implica mejorar las instalaciones de los laboratorios donde los prisiones se hacen la prueba de esputo para detectar la TB y también la formación del personal médico para que reconozca los síntomas tempranos de la TB. También se trabaja conjuntamente con el Ministerio de Justicia y otras ONG para asegurar que los prisioneros de las 35 instituciones penales del país que padecen TB se identifican rápidamente y son referidos a la Colonia 31.

El tercer componente de la estrategia de MSF ha sido mejorar las condiciones de vida en la prisión, especialmente rehabilitar las áreas donde los pacientes pasan la fase más intensiva del tratamiento. Los sistemas de calefacción y ventilación se han renovado y las celdas se han reparado y redecorado. En el hospital fue necesario establecer un complejo sistema de separación entre los pacientes, para que los más contagiosos no vuelvan a infectar a los que están en la fase más avanzada del tratamiento.

“Hacemos lo que podemos para asegurar que los pacientes más contagiosos no infecten a otros prisioneros”, dice Alexander Lesage, coordinador de terreno, “pero es un verdadero reto. Uno de los principales problemas que encontramos es que algunos presos creen que son mejores las condiciones en las celdas del hospital que las ordinarias, así que intentan contraer la enfermedad para ser referido al lugar donde se trata la TB. Incluso hay rumores de un mercado negro de esputos, donde los pacientes contagiosos venden su esputo a otros presos cuando van a ser testados de TB”.

“También nos enfrentamos a un sistema de castas que es una realidad en todas las prisiones kirguiz. Debemos tener siempre en cuenta la estricta jerarquía de los presos: con un jefe en la cumbre, una casta inferior y los ‘intocables’ en la parte más baja de la jerarquía. Según las normas de este sistema, las condiciones de vida de los presos da castas inferiores son peores y no pueden estar en la misma celda, ni comer, con otros prisioneros. Debemos prever un momento del día para que vengan a tomar la medicación y sobre todo evitar que tengan contacto con otros presos de una casta superior”.

Además de estas actividades, MSF proporciona leche enriquecida para mejorar el estado nutricional de los pacientes afectados por tuberculosis para incrementar las posibilidades de un tratamiento efectivo y ofrece educación sanitaria a los prisioneros. Los educadores de salud explican a los prisioneros cómo se transmite la tuberculosis y cuál es el tratamiento. Para el equipo de MSF esta educación ha sido un factor muy importante para reducir el recelo que algunos pacientes tienen sobre el tratamiento y facilitar que tomen la medicación diariamente.

Pero todavía queda mucho por hacer. Hasta ahora, se han administrado 752 tratamientos de primera línea, pero de los pacientes tratados 101 necesitan urgentemente medicamentos más complejos, para la TB multirresistente que todavía no está disponible en las prisiones.

Hasta el año 2007, MSF afronta, con el Ministerio de Justicia y el Comité Internacional de la Cruz Roja, la gestión de los medicamentos contra la tuberculosis multirresistente (MDR-TB). MSF está preocupado por la alta resistencia de los medicamentos básicos de la TB y el significativo porcentaje de pacientes que necesitan drogas más complejas.

Con el fin de asegurar que los pacientes que necesiten medicamentos para la TB multirresistente los tengan, MSF prevé establecer un sistema de diagnóstico rápido de la MDR-TB en las prisiones y adaptar el tratamiento a los resultados.

Además, MSF colabora con el sector médico civil y otras ONG para reforzar el seguimiento de los pacientes en tratamiento después de la liberación. Actualmente, numerosos presos no terminan el tratamiento fuera de la cárcel y por lo tanto corren el riesgo de tener tuberculosis multirresistente.

“Nuestra relación con la administración de la prisión es muy productiva”, dice Dominique. “MSF seguirá con este programa hasta 2010, pero hacemos hincapié en que nuestro objetivo es apoyar las reformas penales que preveía el Ministerio de Justicia y el programa de lucha contra la TB del Ministerio de Salud, no crear un sistema paralelo. De esta manera cuando termine el proyecto de MSF, los progresos que se han hecho conjuntamente para tratar la TB en las prisiones de Kirguizistán podrán proseguir”.

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