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20.05.2008

La Asamblea Mundial de la Salud puede y debe cambiar el modelo de I+D farmacéutica

MSF insta a superar el actual modelo basado en beneficios económicos de patentes y monopolios, y a estudiar con seriedad propuestas concretas como las primas en metálico o la apertura de los archivos de compuestos farmacéuticos

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Los Gobiernos reunidos esta semana en la Asamblea Mundial de la Salud en Ginebra tienen la oportunidad de dar el impulso definitivo a un nuevo modelo de investigación y desarrollo (I+D) de los medicamentos, métodos de diagnóstico y vacunas esenciales de los que dependen la salud y la vida de la millones de personas en los países en desarrollo. Con motivo de esta importante cita, Médicos Sin Fronteras (MSF) insta a los delegados a asumir sus responsabilidades y trabajar con más valentía, adoptando las propuestas innovadoras que están sobre la mesa para cambiar un sistema de innovación farmacéutica que no funciona.

El actual modelo de I+D, dependiente exclusivamente en los beneficios económicos para estimular la innovación, lleva años mostrando claras deficiencias a la hora de responder a los desafíos que plantea la lucha global contra el Sida, la tuberculosis, la malaria, la enfermedad del sueño, el chagas, la leishmaniasis, el kala azar, y en general las enfermedades olvidadas que se cobran en los países pobres su mayor balance de víctimas: cada año mueren en el mundo casi 15 millones de personas a causa de enfermedades infecciosas y parasitarias, el 97% de ellas en los países en desarrollo.

Frente a este panorama desolador, día a día, los equipos de MSF en el terreno se enfrentan a la dramática falta de medicamentos y métodos de diagnóstico adaptados y/o asequibles, ya que el modelo actual de I+D está orientado hacia la obtención de beneficios, y por tanto no prestan atención a los enfermos que no suponen un ‘mercado’ rentable . En otros casos, sí se cuenta con I+D, pero los medicamentos resultantes se comercializan a un precio que está sólo al alcance de los países desarrollados.

Tal es el caso de la tuberculosis, enfermedad que mata a dos millones de personas al año: la herramienta de diagnóstico más utilizada hoy, el análisis de esputo al microscopio, data de finales del siglo XIX, es muy poco sensible y en la práctica detecta menos de la mitad de los pacientes con la forma pulmonar de TB. En cuanto a los principales tratamientos, son cada vez menos eficaces frente a los brotes multirresistentes (casi medio millón de contagios anuales) y en pacientes coinfectados con VIH; tampoco existen en formulación pediátrica.

Estas deficiencias fueron claramente expuestas por la Comisión sobre Propiedad Intelectual, Innovación y Salud Pública de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su informe de 2006, que confirmaba que el actual sistema no promueve una investigación adecuada a las necesidades de los países pobres. Estas conclusiones han servido de base a dos años de negociaciones en el Grupo de Trabajo Intergubernamental (IGWG) auspiciado por la OMS para definir un nuevo modelo de I+D, todo ello sobre el telón de fondo de la Declaración de Doha adoptada en 2001 por la Organización Mundial del Comercio (OMC) y de las flexibilidades previstas en el Acuerdo de Derechos de Propiedad Intelectual relativos al Comercio (ADPIC).

A principios del pasado mayo, el IGWG volvió a reunirse en Ginebra con la presencia de más de 150 países, para la elaboración de un plan de acción sobre innovación, salud pública y acceso a medicamentos esenciales que debía ser presentado a la Asamblea Mundial. La reunión, en la que volvieron a hacerse patentes las presiones de la industria farmacéutica, así como de Estados Unidos y la Unión Europea, se saldó en fracaso, sin concretar medida alguna para la reforma del sistema internacional de I+D, e incluso minimizando las barreras que las patentes suponen para el acceso.

Sin embargo, sobre la mesa hay propuestas y ejemplos factibles que están funcionando en el marco de otras iniciativas e incluso de otros sectores. Tal es el caso de las primas en metálico, un sistema de “premios” que recompensarían a las empresas que desarrollaran investigación para determinadas enfermedades y que implicarían por ejemplo una licencia voluntaria de los derechos de patente para producir genéricos. De hecho, recientemente Barbados y Bolivia propusieron a la OMS la creación de un fondo de 10 millones de dólares para primas destinadas a recompensar el desarrollo de una nueva prueba diagnóstica de la TB.

Otra de las propuestas es la apertura de los archivos de compuestos de las farmacéuticas, con el fin de que los investigadores tengan acceso a moléculas potencialmente útiles cuyo desarrollo fue abandonado por cuestiones de rentabilidad. Esta es una solución aplicada, por ejemplo, por la Iniciativa sobre Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDi) , aunque por el momento se limita a una negociación caso por caso que no es el modelo ideal ya que no garantiza su sostenibilidad en el tiempo ni su universalidad en el sector.

En todo caso, MSF considera que el plan de acción que pueda emanar de la Asamblea Mundial no puede limitarse a soluciones como las reducciones de precios para una lista cerrada de enfermedades; las ventajas exclusivamente para países menos avanzados (excluyendo los países de ingresos medios, para los que los medicamentos más nuevo son igual de inaccesibles); o el respaldo financiero a las Alianzas para el Desarrollo de Productos para enfermedades concretas (PDP, como la TB Alliance o Medicines for Malaria Ventures).

En palabras de Paula Farias, Presidenta de MSF España, “el momento es ahora, porque tenemos soluciones a nuestro alcance. El status quo en un modelo de I+D que directamente ignora a millones de personas, en nombre de unas patentes que no impulsan esa misma investigación que supuestamente protegen, debe terminarse”. Para ello, añadió, “dado que los gobiernos siguen sin estar a la altura, la OMS debe asumir un liderazgo político más claro y valiente y no desperdiciar más oportunidades: deben identificarse las necesidades más acuciantes en materia de I+D y definir una nueva agenda, estimar los fondos indispensables para cubrirla, y crear un marco de financiación sostenible y global”.

MSF recuerda que las enfermedades tropicales y la tuberculosis se cobran 35.000 muertos cada día...
... se estima que 70.000 personas contraen la enfermedad del sueño cada año, y otros 60 millones más están en riesgo de infectarse, pero los medicamentos existentes son viejos, tóxicos y muy dolorosos
... 100 millones de personas están expuestas al Chagas en Latinoamérica, se estima que 13 millones lo padecen, pero sólo dos medicamentos combaten el mal, ninguno de ellos eficaz en la fase crónica, tóxicos y sin formulación pediátrica
... 12 millones de personas padecen leishmaniasis, y 60.000 fallecen a consecuencia de la leishmaniasis visceral, el kala azar, pero los medicamentos existentes son antiguos, de difícil dispensación y además caros
... la malaria se cobra 1,2 millones de vidas al año, mata a un niño cada 30 segundos y contagia a medio millón de personas más, pero los medicamentos más antiguos generan crecientes resistencias.

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