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28.02.2013

La ayuda humanitaria no debe ser parte de estrategias políticas y militares en Somalia

La integración de la ayuda a la estrategia política y militar de la ONU /UA supondrá una amenaza para las actividades de ayuda humanitaria

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Los actuales esfuerzos de Naciones Unidas para integrar la asistencia humanitaria a la campaña militar internacional contra los opositores del gobierno de Somalia supondrán una amenaza más para la ayuda humanitaria independiente e imparcial a la población somalí que lucha por sobrevivir a una guerra que no cesa, ha advertido hoy Médicos Sin Fronteras (MSF).

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas actualmente está deliberando sobre la futura estructura de la misión de NNUU en Somalia. Bajo discusión está la posible inclusión de la asistencia humanitaria en una agenda política y militar más amplia para Somalia. Un enfoque así en un país donde la capacidad de proporcionar ayuda ya se ve gravemente comprometida podría generar desconfianza en los grupos de ayuda.

“Muchos somalíes siguen luchando para conseguir tener cubiertas las necesidades más básicas para su supervivencia, como alimentos, atención sanitaria y protección de la violencia, por lo que la asistencia humanitaria sigue siendo una prioridad y debe seguir siendo completamente independiente de cualquier agenda política,” afirma Jerome Oberreit, Secretario General de MSF. “El sistema de ayuda humanitaria no debe convertirse en socio ejecutor de la campaña de estabilización o contrainsurgencia en Somalia.”

El principal reto sigue siendo garantizar la seguridad de los pacientes y del personal sanitario. La Ayuda por lo tanto debe seguir siendo independiente e imparcial para que las organizaciones humanitarias puedan intentar negociar el acceso a poblaciones necesitadas con todas las partes en el conflicto y mitigar al máximo los riesgos de seguridad. Los intentos de politizar todavía más la ayuda humanitaria podrán suponer un mayor peligro para los pacientes y los trabajadores humanitarios, declara MSF.

“Tal como hemos visto antes en Somalia, y en países como Afganistán, Irak, Sierra Leona, y Angola, cuando las actividades de paz o estabilización militar integran a la ayuda humanitaria como una herramienta para la consecución de objetivos políticos y de seguridad, los actores de la ayuda, incluidos los trabajadores sanitarios, siempre quedan deslegitimados y se ven privados de acceso a las poblaciones atrapadas en situaciones de conflicto,” añade Oberreit. “En casos extremos, incluso se ha denegado la ayuda a poblaciones para proteger los intereses políticos de los esfuerzos de estabilización. La asistencia humanitaria debe prestarse solamente teniendo en cuenta las necesidades reales de una población sin involucrar ningún otro tipo de prioridad oculta.”

Amplios segmentos de la población somalí en todo el país requieren asistencia básica. Muchos están en zonas de conflicto activo y en zonas controladas por grupos armados, como en el sur y centro de Somalia, subrayando la necesidad de ayuda humanitaria independiente e imparcial. El acceso a alimentos y a una atención médica adecuada se ve seriamente limitado. Más de 730.000 somalíes han buscado refugio en campos en Kenia y Etiopía. Los niveles generales de asistencia en Dadaab, Kenia, donde residen cientos de miles de refugiados somalíes, siguen siendo insuficientes. Las llamadas por parte de Kenia al retorno de los refugiados son y seguirán siendo prematuras mientras la situación de seguridad en Somalia siga siendo peligrosa.

Más de cien somalíes cruzan cada día a Etiopía para escapar de las privaciones en su país de origen, aduciendo la falta de alimentos y de seguridad como los principales motivos de su huida. En una encuesta reciente entre los pacientes de MSF, más de la mitad (424 de 820) reportaron estar desplazados dentro de Somalia o refugiados en Liben, Etiopía. Más de 187.000 refugiados somalíes viven en Liben, según el Alto Comisionado para los Refugiados de Naciones Unidas. La violencia directa o el temor a padecerla se citaron como las principales razones de los desplazamientos (46%), seguido de la escasez de alimentos debido a la sequía y el limitado acceso a la asistencia (32%).

“Me he visto obligada a abandonar mi hogar diez veces en mi vida,” explica a MSF una mujer de 25 años de la región del Lower Juba. “Mi marido murió en una ataque y dos de mis hijos murieron porque no pude darles de comer. Intento conservar las fuerzas pero la situación en la que vive nuestro país desde hace tanto tiempo nos está matando.”

MSF ya ha tenido que reducir sus actividades en Somalia debido a los riesgos de seguridad. En octubre de 2011 dos trabajadoras humanitarias de MSF, Montserrat Serra y Blanca Thiebaut, fueron secuestradas en el campo de refugiados de Dadaab y conducidas hasta Somalia, donde MSF cree que siguen retenidas. Tras el secuestro y hasta que las dos trabajadoras humanitarias no sean puestas en libertad sanas y salvas, MSF ha limitado sus operaciones en Somalia únicamente a urgencias vitales.

 

MSF ha trabajado ininterrumpidamente en Somalia desde 1991, y sigue proporcionando atención médica vital a cientos de miles de somalíes en diez regiones del país así como en Kenia y Etiopía. Más de 1.400 trabajadores, apoyados por aproximadamente 100 personas en Nairobi, prestan una amplia gama de servicios, incluidos atención primaria de salud, tratamiento de la desnutrición, salud materna, cirugía, respuesta a epidemias como el cólera o el sarampión, campañas de vacunación, suministro de agua y provisión de ayuda.

En 2012, MSF trató a casi 30.000 niños con desnutrición severa y vacunó a 75.000 contra enfermedades infecciosas. Los equipos de MSF también asistieron más de 7.300 partos y realizaron cerca de medio millón de consultas médicas en sus instalaciones sanitarias. MSF depende solamente de donaciones privadas para su trabajo en Somalia y no acepta fondos de ningún gobierno.

 

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