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19.08.2014

“La capacidad de frenar la epidemia de ébola será directamente proporcional a los recursos que se pongan sobre el terreno”

Tras una reciente visita a Guinea, Sierra Leona y Liberia, la presidenta internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF), la Dra. Joanne Liu, afirmó ante un grupo de periodistas que el actual brote de ébola no tiene precedentes y que hay que plantear que no habrá una solución a corto plazo. En una sesión informativa organizada por la Asociación de Corresponsales en Naciones Unidas celebrada en Ginebra, Liu explicó la situación a la que asisten los equipos de MSF y las medidas más importantes para conseguir controlar la enfermedad.

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La epidemia se encuentra en diferentes etapas en los tres países. Mientras que en Sierra Leona y Liberia el brote está fuera de control, en Guinea se ha estabilizado en cierta medida.

En general, estamos viendo un escenario totalmente diferente al que habíamos asistido en el pasado. Es una epidemia abierta que alcanza zonas urbanas y no solo unas pocas aldeas remotas como en brotes anteriores. Esto va más allá del ébola, el brote está destruyendo el sistema de salud en zonas enteras en Liberia y Sierra Leona. Es como una zona de guerra en la que el frente se mueve constantemente sin poder predecir hacia dónde va. Necesitamos desesperadamente nuevas estrategias adaptadas a esta realidad y un despliegue urgente de recursos porque la capacidad para frenar la epidemia será directamente proporcional a los recursos que se pongan sobre el terreno.

Profesionales sanitarios se han infectado y parte del personal sanitario ha huido a causa del miedo. En algunas zonas, las personas están llamando a nuestras puertas dada su desesperada necesidad de atención de la salud. Sin la asistencia sanitaria básica, es probable que veamos las muertes por enfermedades comunes como malaria y diarrea. En Monrovia hemos visto a mujeres acudir a nuestros equipos en busca de ayuda para dar a luz porque la mayoría de los centros de salud y los hospitales de Monrovia están cerrados. Seis de ellas requerían atención obstétrica y perdieron a sus bebés.

Mientras tanto, nuestros equipos en los centros médicos de ébola en Sierra Leona y Liberia están al límite y no dan abasto.

En Kailahun, en Sierra Leona, hoy ya hay una necesidad urgente de realizar seguimiento a más de 2.000 personas que han estado en contacto con pacientes con ébola. Todas y cada una de estas personas necesitan un seguimiento, pero solo hemos podido realizar seguimiento de unas 200. Oímos hablar de fallecimientos en las propias comunidades, pero no tenemos capacidad de verificarlos.

En Foya, Liberia, hace unos días teníamos 137 pacientes sospechosos de padecer ébola en un centro con 40 camas. No solo el equipo médico está abrumado, el laboratorio también acumula un gran número de análisis de muestras de casos sospechosos. En la capital, Monrovia, acabamos de abrir un centro de tratamiento de ébola con 120 camas. Estamos abriendo nuevos caminos en la historia de la lucha contra la enfermedad. Nunca antes habíamos puesto en marcha infraestructuras de tratamiento de pacientes de semejante tamaño. Hace apenas dos meses, cuando abrimos el centro de Kailahun en Sierra Leona, con 60 camas en ese momento, dijimos que se trataba del centro más grande abierto nunca por MSF. Desgraciadamente, el de Monrovia lo ha duplicado en capacidad.

Estamos implementando nuevas estrategias adaptadas a la situación; así, estamos identificando formas para que pacientes con ébola que se encuentran en las salas de aislamiento mantengan el contacto con sus familias, para que no estén completamente separados de sus seres queridos. También hemos trabajado en estrecha colaboración con las familias para facilitarles apoyo en el enterramiento de los cuerpos, para que puedan hacerlo con seguridad, pero también con dignidad. En cualquier país del mundo los funerales son acontecimientos importantes para los que sobreviven.

Esto es muy importante ya que hay un lado muy humano de esta crisis que debe ser tenido en cuenta para ayudar a los pacientes y a las familias y para construir la confianza y el apoyo de las comunidades, sin el cual las medidas que se tomen no pueden ser efectivas.

Pero MSF está limitado en lo que puede hacer. Se requiere más ayuda en los países afectados para mejorar el alcance de la intervención en las comunidades, la vigilancia epidemiológica y la atención a los pacientes. Son esenciales más trabajadores capacitados para ayudar a implementar y desarrollar nuevos enfoques y estrategias.

No se trata sólo de tener más epidemiólogos, médicos y especialistas en ébola, sino que también se necesitan profesionales con experiencia en respuesta de emergencia en desastres, incluso aunque tengan poca o ninguna experiencia con esta enfermedad. Esos perfiles son claves para cubrir brechas enormes en áreas como la prestación de apoyo a los hospitales, el control de infecciones, los programas de sensibilización y promoción de salud comunitaria, y también para facilitar a las comunidades de herramientas como los kits de desinfección para los hogares.

La Organización Mundial de la Salud, la comunidad internacional en general, y las organizaciones no gubernamentales deben incrementar de forma urgente la respuesta al brote y enviar más equipos a la zona. Resulta apremiante mejorar la gestión y la coordinación, pero también lo es que las estrategias iniciadas lleguen a todas las zonas afectadas, y que contribuyan a mejorar el acceso general a la atención sanitaria en regiones donde el sistema sanitario se ha desmoronado.

Todas las medidas adoptadas, ya sean entierros seguro, acciones informativas para alentar a los pacientes a no esconderse cuando están enfermos o el seguimiento de contactos, requerirán la comprensión y aceptación de la población para tener éxito.

A diferencia de anteriores brotes de ébola que se prolongaron unas ocho semanas, esta vez la respuesta necesita al menos un compromiso de varios meses para ayudar a frenar la epidemia.