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03.04.2007

"La capacidad de reacción y de control del gobierno es bastante más adecuada que antes"

Tras catorce años en el país, el pasado mes de febrero MSF cerró la misión de Tanzania. MSF OCBA empezó sus actividades en 1994 asistiendo a refugiados de Rwanda. Desde entonces, y hasta 1995, todas las secciones participaron en programas de emergencia, esencialmente para refugiados de Burundi, Ruanda y DRC. A partir de 1996, la sección española de MSF era la única que seguía trabajando en Tanzania.

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En el proyecto de Makete, el último en cerrar, MSF ha trabajado en conjunto con el Ministerio de Salud, poniendo en marcha una clínica con tratamiento antiretroviral en el hospital de distrito, un servicio voluntario de asesoramiento y análisis y apoyando la creación de un grupo de apoyo para personas que viven con VIH y SIDA. En Junio 2006 se empezó a preparar el traspaso del proyecto a las autoridades locales del Ministerio de Salud. A finales de nuestras actividades, el proyecto estaba tratando a más de 1200 pacientes.
Muriel Ramírez, última coordinadora general de MSF OCBA en Tanzania, hace un balance tras volver del terreno.

¿Cuáles son los motivos por los que hemos cerrado la misión en Tanzania?
Lo principal es la política operacional de MSF OCBA, que está más enfocado a las emergencias que un tiempo atrás. Eso hace que un país estable, sin conflictos, donde disminuye el número de refugiados y con un gobierno con más capacidad de respuesta lleve a la decisión que se ha tomado. Hace dos años no había nada por parte del gobierno sobre SIDA, ahora hay un programa nacional en casi todos los distritos y las regiones del país. Además, existe apoyo de otros donantes, mayoritariamente de EEUU. Ellos promueven la abstinencia, que no da buenos resultados. Pero, independientemente de que uno esté o no de acuerdo, están cubriendo ese área. En el tratamiento de la malaria o cólera, la capacidad de reacción y de control del gobierno es bastante más adecuada que antes. Es decir, que hay una estabilidad y por eso se tomó la decisión de cerrar. Aunque la visión que se tiene de Tanzania es la de un país turístico, eso es un aparte porque hay regiones y distritos dejados de la mano de dios con mucha pobreza, sin educación y con servicios sanitarios sin recursos.


¿Cómo ha sido el traspaso al Ministerio de Salud?
Lo está haciendo relativamente bien aunque el traspaso del proyecto de Makete fue difícil porque las autoridades no se creían que nos íbamos y no se involucraron hasta el final. Algunas actividades no se han podido traspasar y se quedaron en el aire. Pero el personal nacional ha formado una organización para seguir con la educación sanitaria y otras actividades. Esta organización, formada por gente positiva y de los pueblos, se llama MASUPHA (Makete Support for People Living with HIV AIDS). Están bajo el paraguas de otra organización nacional de gente positiva con experiencia. Nosotros les educamos y enseñamos como educar; les dimos máquinas de escribir y les dimos un curso de administración de ONG, entre otras cosas. Creemos que ahí hay un trabajo de sensibilización que va a quedar en el futuro. Han pedido fondos a UNICEF y al Global Fund y aún están pendientes de saber si los conseguirán.

¿Cómo ha reaccionado el resto del personal nacional ante el cierre?
Lo más difícil fue cerrar la oficina de Dar es Salam. Muchos llevaban 10 años con MSF y no pudimos reubicarlos a todos en otros trabajos. Pero la gente trabajó codo a codo con nosotros para cerrar aun sabiendo que luego se quedaban sin trabajo. Los más afectados fueron los guardas, las cocineras y el personal de limpieza, pero a todos se les pagó una buena indemnización muy por encima de lo que establece la ley tanzana.

¿Crees que hemos sido capaces de sensibilizar a la población que hemos asistido en cuanto al SIDA?
Teniendo en cuenta que no había nada cuando llegamos y que hemos dejado una fuerte organización de la comunidad podemos decir que se ha sensibilizado. Pero, para cambiar conductas se requiere tiempo y en dos años se puede lograr poco. En Makete, hay una prevalencia estimada del 20 %. Los indicadores que hemos utilizado los sacamos de las actividades que hacíamos por las comunidades. Se ofrecía el test voluntario y ahí encontramos en mujeres embarazadas entre un 25-28% y en el resto de la población, entre un 10-40%. Esa gente no sabe que está infectada y, por lo tanto, no se cuidan. En términos de impacto educativo, creo que el tiempo fue corto.

¿Cuáles son las lecciones aprendidas?
En relación a Makete, hubo una desilusión y un desanimo cuando se supo que se iba a cerrar antes de lo previsto. La primera lección es que, en un proyecto de SIDA, es difícil trabajar sólo dos años y lograr los objetivos. Además, en el momento de empezar un proyecto, deberíamos saber cual va a ser el nivel de colaboración con el gobierno. Cuando empezamos iba a ser un proyecto de MSF solamente, y con el tiempo se vio que había que trabajar con el gobierno. Pero no eran serios, eran un desastre, y eso retrasa el cumplimiento de los objetivos. Una lección personal es que creo que deberíamos haber dado más importancia a la reubicación de nuestro personal para haber colocado a la gente con un buen nivel en otros trabajos.

¿Cuál es tu valoración personal de esta época?
Me voy con la angustia al pensar quién va a seguir con el trabajo porque la mayoría de organizaciones se quedan en las ciudades y no van a las zonas rurales.
Ha sido difícil. Entiendo que no va en nuestra dirección de operaciones, pero siento que igual sí que hay gente que nos necesita. Sabes que hay dinero y se está malgastando. La corrupción del país es tremenda. Uno, como extranjero, se pregunta qué puede hacer. Ves que todo el mundo sabe lo que pasa pero nadie reclama y es un sentimiento de impotencia muy grande.

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