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29.05.2014

"La historia de los cuatrillizos pone de manifiesto la vulnerabilidad de los refugiados"

Entrevista con Frederic Manantsoa Lai, coordinador general de MSF en el campo de refugiados de Mbera, Mauritania.

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¿Cuáles son las principales actividades de MSF en el campo de Mbera?

El acceso de los refugiados a la atención primaria de salud constituye nuestra principal preocupación: gestionamos un centro de salud en la ciudad de Bassikounou, tres puestos de salud en el campo de Mbera y uno en Fassala. A través de nuestras actividades de comunicación pública tratamos de que concienciar acerca de los servicios que están disponibles en estas estructuras de salud y que están disponibles tanto para los refugiados como para la población local. En nuestro proyecto en el campo de Mbera hemos realizado 101.037 consultas en 2013, más del doble que en 2012. Y en parte eso ha sido posible gracias a que ha habido mejoras significativas en las estructuras del campo.

Cada vez acude más gente a nuestras instalaciones, lo que significa que ha aumentado la confianza en nuestro trabajo y la organización. Además de estas estructuras de salud, también contamos con trabajadores comunitarios que visitan a los pacientes en los lugares donde se alojan. Asimismo, hemos abierto un quirófano en Bassikounou para intervenciones quirúrgicas de urgencia (cesáreas, traumatismos, etc.). A día de hoy, MSF lleva a cabo aproximadamente 8.500 consultas cada mes, una cifra que puede incrementarse hasta llegar a las 12.000 en la estación de lluvias.

¿Cuáles son las principales necesidades de los refugiados?

Las cifras mencionadas anteriormente revelan que las necesidades son enormes y constantes. El campo está situado en una zona geográfica con muy poca actividad económica y con un suelo extremadamente seco. La población local del distrito de Bassikounou es de unas 42.000 personas, pero el número de refugiados (unas 59.000 personas) ya supera al de la población local. Las pobres cosechas en los años anteriores y las crisis alimentarias y nutricionales que han golpeado a la región del Sahel complican mucho la situación. Las condiciones de vida de los refugiados en el campo son muy difíciles. Dependen por completo de la ayuda humanitaria para sobrevivir.

El agua es crucial para la supervivencia de los refugiados. A día de hoy, el suministro de agua es suficiente, ya que hay otras organizaciones humanitarias que se encargan de esto. No obstante, nos preocupa el hecho de que la diarrea sea la segunda causa de las consultas en nuestras instalaciones sanitarias, ya que esto se debe en parte a las malas condiciones para la higiene personal. Estamos invirtiendo tiempo y recursos para concienciar a la gente sobre la importancia de conocer las prácticas de higiene básicas que ayuden a evitar posibles epidemias, especialmente ahora que se aproxima la estación de las lluvias.

La situación nutricional está mejor ahora, pero sigue siendo uno de los elementos de preocupación más importantes en el campo. La atención primaria de salud ha mejorado mucho, pero determinados problemas de salud y algunas enfermedades requieren de una atención especial. Éste es especialmente el caso de las enfermedades diarreicas y de las infecciones respiratorias agudas, que se han agravado por culpa de las condiciones medioambientales (clima cálido y seco, frecuentes tormentas de arena, etc.).

¿Cuáles son los principales retos en el futuro?

Aunque hemos pasado la fase aguda de la crisis, la situación sigue siendo frágil. Si no mantenemos un alto nivel de asistencia, podríamos volver a presenciar una situación de emergencia humanitaria. Las necesidades humanitarias no son menos significativas que las que hay en otros lugares como Sudán del Sur, por ejemplo, en relación al acceso a la salud, al agua y saneamiento, a la comida y al refugio. Dicho esto, nos preocupa que los refugiados queden relegados al olvido y a expensas de que alguien considere que hay otras emergencias más agudas en el mundo que requieren de más atención. No podemos permitir que esto ocurra. Aunque, por ejemplo, la situación nutricional ha ido mejorando gradualmente, se requieren esfuerzos continuos y constantes para reducir aún más los niveles de desnutrición severa en el campo.

En la actualidad, el número de ingresos por desnutrición aguda severa asciende aproximadamente a 100 al mes, frente a los 300 por mes que registramos el año pasado. Por el momento parece que la posibilidad de regresar a Mali para todas estas personas aún queda muy lejos. El camino hacia la paz será largo y duro y hasta que la situación se estabilice no podrán regresar a sus casas.

¿Qué significa una historia como la de los cuatrillizos para los refugiados que viven en campo de Mbera?

Tras 37 semanas de gestación nacieron cuatrillizos en nuestro quirófano. ¡Tres niños y una niña que pesaron solamente 1,5Kg cada uno al nacer! Al principio estábamos muy preocupados por ellos, pero hoy se encuentran en muy buen estado de salud y crecen cada día con completa normalidad. Es una prueba más de que incluso en las condiciones más extremas pueden llegar a ocurrir cosas maravillosas. Estas cuatro nuevas vidas son un signo de esperanza para los refugiados. Al mismo tiempo, esta historia pone de manifiesto la vulnerabilidad de estas personas. Imaginad si no dispusiesen de atención médica: si no hubiera podido acudir a nuestro centro de salud, esta madre hubiese perdido a sus cuatro bebés y su propia vida habría sufrido un enorme riesgo. Sus otros seis hijos y su marido se habrían quedado sin ingreso alguno.

En 2013 MSF llevó a cabo 147.681 consultas en el proyecto de Mbera, incluyendo 101.037 en el campo y 46.644 fuera del mismo (en servicios públicos del Ministerio de Sanidad). Como parte de la respuesta a la desnutrición aguda severa, MSF trató 3.867 casos en el campo de Mbera y 292 en Fassala. Además, distribuyó 45.000 mosquiteras, que ayudaron a reducir los casos de malaria de 6.028 en 2012 a 2.285 en 2013. MSF está trabajando en Mauritania desde 1994.

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