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29.09.2008

“La logística ha sido el mayor obstáculo, especialmente en Chunni”

Entrevista con Siju Seena, médico y coordinadora de terreno, que ha estado gestionando las actividades médicas de MSF en los distritos de Araria y de Supaul, hace un repaso de la situación en el campo de Chunni (Supaul) y analiza los retos que supone proporcionar ayuda humanitaria en las zonas afectadas por las inundaciones

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Los trabajos de ayuda continúan en India donde cientos de miles de personas siguen viviendo en campos y asentamientos en las zonas afectadas por las inundaciones en Bihar. Las condiciones de vida de los desplazados, muchos de los cuales lo han perdido todo, probablemente serán precarias durante meses hasta que el agua baje lo suficiente para que puedan regresar y reanudar su vida normal. MSF proporciona asistencia médica y distribuye material de primera necesidad a las víctimas. Siju Seena

¿Dónde trabaja tu equipo?
Estamos trabajando en Madhepura, Purnia, Araria y Supaul, que son los distritos más afectados. Mi equipo se ha centrado en la zona de Bhargama, en Araria, en la parte más aislada al este de Supaul. En esta zona, no hay otras organizaciones y la ayuda del gobierno es poca porque el acceso es difícil. Sólo se puede acceder por la zona occidental del distrito de Araria debido a las inundaciones. Hay unos 15 campos en esta zona, con un campo en Chunni (parte de Supaul) francamente desatendido. Cuando llegamos, había unas 4.000 familias concentradas a lo largo del muro de contención y estaba en marcha una operación de rescate encabezada por el ejército.

¿Cómo era la situación en Chunni para los desplazados cuando llegasteis?
La gente estaba bastante desesperada y se quejaba de que el gobierno no estaba haciendo lo suficiente por ellos. Habían recibido alimentos lanzados desde el aire pero decían que los jefes de las aldeas se los habían guardado y que la ayuda no les llegaba de forma adecuada. En los campos se podía cocinar gracias a unas cocinas comunitarias mayoritariamente gestionadas por el gobierno pero decían que no bastaba. Aunque había un pequeño puesto de salud del ejército, la población creía que no era suficiente.

¿Qué hicieron allí los equipos de MSF?
Durante cinco días seguidos, distribuimos material de primera necesidad como plásticos para hacer refugios, pastillas para purificar el agua y bidones. También organizamos clínicas móviles y analizamos las fuentes de agua.
Nuestra prioridad era la atención médica de emergencia y la vigilancia epidemiológica, con especial atención a las mujeres embarazadas, las madres lactantes y los niños menores de cinco años. Tratamos a un total de 650 pacientes con afecciones como diarrea, infecciones de las vías respiratorias o lombrices, y también 86 casos de desnutrición. La gente a veces tenía que recorrer largas distancias por el agua. Algunos tenían que ser referidos a una clínica. En nuestro segundo día en Chunni, el médico del ejército estaba tratando a una muchacha con una hemorragia vaginal severa. Según la madre, se debía a una sanguijuela que le había picado caminando por el agua. La hemorragia era realmente grave y la muchacha perdía el conocimiento de vez en cuando. El médico nos dijo que iba a morir y la familia lloraba y estaba completamente desesperada. Fuimos los únicos con los medios de transporte necesarios para llevarla al centro de salud local donde le sacaron la sanguijuela y la chica sobrevivió.

¿Cuál ha sido el principal reto a la hora de proporcionar asistencia a los afectados por las inundaciones?
La logística ha sido el mayor obstáculo, especialmente en Chunni. Las carreteras eran impracticables y estaban llenas de baches. También había lo que denominamos “nahar”, estrechos barrizales con agua a cada lado que cuando llovía se convertían en una pesadilla. Vimos muchos tractores en los arcenes de las carreteras. Podía tardarse de cinco a siete horas en llegar a los campo desde nuestra base. El cuarto día en un punto en el camino, el agua nos llegaba a la altura del pecho. Tuvimos que salir del coche, descargar el material de ayuda, cruzar en barca y luego volver a cargar el material en la otra orilla y seguir en un tractor desde allí. Pero debido a la cantidad de material de ayuda, tuvimos que hacer varios viajes. Cuando el agua bajó pudimos cruzar con el tractor y finalmente en coche cuando arreglaron la carretera. Pero es un viaje largo y cansado, todo un reto para el equipo. El equipo tenía que salir a las seis de la mañana y a menudo regresaba muy tarde. Pero la situación cambiaba rápido y finalmente conseguimos acabar la distribución.

Más allá de Chunni, hay gente que ha quedado aislada por las inundaciones o que ha preferido quedarse en sus aldeas a pesar del agua. ¿Cómo podéis ayudarles?
Los líderes de los mushahar, sardas y althaf, tres comunidades de casta baja, nos pidieron que les ayudásemos. Habían quedado atrapados en trozos de tierra seca esparcidos más allá de Chunni. Sus aldeas se habían inundado y no eran accesibles ni siquiera en barca porque el agua era muy poco profunda. Entre 10 y 15 hombres vinieron al campo, habían andado por el agua, que a veces les llegaba hasta la cintura, durante cuatro o cinco kilómetros hasta un punto en el que las barcas del ejército pudieron llevarles hasta los campos. Se llevaron el material de ayuda para sus comunidades, unas 250 familias, y caminaron hasta sus aldeas con los bultos sobre sus cabezas. La ayuda se entregó a las personas que estaban demasiado débiles para desplazarse por el agua hasta el campo. Hemos explorado hasta Chatapur, más allá de Chunni, y queremos ir aún más lejos para ayudar a la gente. El acceso es muy difícil por lo que estamos intentando encontrar una forma, bien en barca o por tierra, de llegar a ellos.

Ahora que el agua está bajando, ¿será más fácil acceder a las víctimas?
Sí, esperemos que sí, pero también hemos tenido que hacer frente a otros problemas. Varias veces nos hemos encontrado carreteras bloqueadas que nos han obligado a tomar rutas más largas. Una vez de camino a Chunni, la gente de otro campo, menos afectada por las inundaciones, intentó desviar la ayuda. Se subieron a la parte de arriba del vehículo intentando coger todo lo que teníamos, pensando que era comida. Pero eran medicamentos y tras dos horas finalmente cooperaron y nos dejaron seguir.
En otra ocasión, cuando estábamos en medio de una distribución a los desplazados de Chunni, un grupo de gente de una aldea que no había sido afectada por las inundaciones se concentró para pedirnos cupones y así poder recibir ayuda también. La gente en Bihar es muy pobre. Algunos se mostraron muy agresivos y empezó una pelea entre los desplazados y la gente de esa aldea. El equipo encargado de la distribución sin poder controlar a la muchedumbre decidió trasladarse a otro lugar del campo y tuvo que esperar de dos a tres horas para poder distribuir. Esperamos que estos incidentes no vuelvan a suceder debido a la cada vez mayor aceptación y confianza en el trabajo de MSF por parte de los líderes locales y la población para poder seguir llegando a la gente más necesitada de ayuda.

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