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09.06.2022

Las indescriptibles torturas que sufren las personas migrantes en Libia

“Los supervivientes vienen a mí con un tapiz de sombríos recordatorios de su tiempo en Libia tanto en sus mentes como en sus cuerpos. Los afortunados solo exhibirán los efectos psicológicos... los más desafortunados vendrán a mí con evidencia de lesión permanente”, explica Mohamed Fadlalá, médico a bordo del Geo Barents, nuestro barco de búsqueda y rescate en el Mediterráneo central.

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Mohamed Fadlalá es médico de medicina interna. Comenzó a trabajar con Médicos Sin Fronteras en 2020.

“Una de las cosas que escuchamos más constantemente en nuestros viajes de ida y vuelta en el mar son las condiciones terriblemente difíciles que experimentan los refugiados en sus viajes. Y las discusiones invariablemente se desvían hacia la tortura a la que se han enfrentado, especialmente en Libia. Son a diario detenidos y alojados en cárceles, obligados a trabajar sin paga, sin suficiente comida y mucho, mucho peor. Lamentablemente, su tiempo y experiencia en Libia es tan angustioso que a veces es de lo único de lo que quieren hablar, para desahogarse. Cuentan con vívidos detalles las dificultades que han enfrentado en su viaje. Muchos de ellos salen de casa con optimismo, solo para descubrir que las cosas en Libia son mucho peores de lo que escucharon e imaginaron. Desde nuestros supervivientes más jóvenes hasta los más viejos, los hombres y las mujeres, las historias son deprimentemente consistentes.

Entre mis responsabilidades en el barco está hacer todo lo posible para documentar de manera precisa y específica todas las pruebas físicas que pueda de la tortura que se les ha infligido. El propósito de esto es ayudar a asegurar que los casos de tortura y violencia que experimentan no sean pasados ​​por alto por las autoridades europeas. Muchos han estado viviendo en peligro durante meses e incluso años. Los supervivientes vienen a mí con un tapiz de sombríos recordatorios de su tiempo en Libia tanto en sus mentes como en sus cuerpos. Los afortunados solo exhibirán los efectos psicológicos... los más desafortunados vendrán a mí con evidencia de lesión permanente.

 

El doctor Fadlalá durante una consulta médica a bordo del Geo Barents.



Estas consultas de violencia son las más difíciles tanto para mí como para los supervivientes. Me encuentro mirando a los supervivientes casi como mis hermanos y hermanas menores, y es realmente muy triste escuchar por lo que han pasado. Discutir estos eventos pasados ​​a menudo desencadena emociones profundas y puede ser muy difícil para ellos expresar lo que están pensando. Soy consciente de la posición terriblemente incómoda en la que se encuentran al tener que revivir sus experiencias, pero también entendemos que la elaboración de estos informes y certificados médicos finalmente beneficia a los supervivientes. Es extremadamente importante que nuestro personal documente exhaustivamente todas las formas de testimonio de estas atrocidades. Y es a través de estas líneas que esperamos impulsar a la comunidad europea hacia políticas de inmigración más humanas y denunciar el trato inhumano que enfrentan los supervivientes a lo largo de su viaje.

En lo personal, las historias e incidencias que estoy documentando en menores son las que más me cuesta superar. Entrevisté a un joven de 16 años que vino a verme con una hoja de pequeñas cicatrices y heridas curadas que abarcaban la parte superior izquierda del pecho y la axila. Me dijo (como suelen decir muchos supervivientes) que estaba detenido en una cárcel y que sus captores le exigían dinero. Como ni él ni su familia podían pagar (como suelen decir muchos sobrevivientes), procedieron a golpearlo. Luego le ataron los brazos, encendieron un encendedor y rociaron colonia de una botella a través de la llama en su pecho y brazo. Esto creó la gran área de quemaduras en el cuerpo de este niño. Esto sucedió 6 meses antes de nuestro rescate. En gran parte, sus heridas fueron curadas. Su brazo era completamente funcional. Su dolor se había resuelto. Pero la herida psicológica permanente que puede dejar un hecho así es extraordinaria. Es un buen chico, pero claramente retraído y triste.

Otra situación que me resultó extremadamente difícil fue la de un menor que estaba colgado de los brazos y suspendido en el aire mientras era golpeado con una manguera de goma. Durante el tiempo que estuvo colgado en el aire, aparentemente sufrió una lesión en los nervios que van al hombro derecho y controlan el brazo. Con 18 años y toda su vida por delante, entra en la edad adulta con una lesión que en este momento limita su función. Me pregunto cuánta fuerza y ​​movilidad podrá recuperar en el brazo en el futuro. Y me preocupa que su capacidad limitada para usarlo obstaculice su futura capacidad para trabajar. Con todo eso, sin embargo, lo memorablemente hermoso de este joven era cómo siempre estaba sonriendo y riendo. Intentaron romperlo pero solo pudieron sacarle el brazo.

Nada acerca de la búsqueda y el rescate es fácil. No lo hacemos porque es fácil. Lo hacemos porque es correcto. Y eso se aplica a la tortura por partida doble”.