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12.05.2006

"Lo que más echan en falta los desplazados son las tierras y el ganado porque significan dignidad y futuro"

María Cristóbal, una psicóloga de 27 años especializada en intervenciones en catástrofes, acaba de realizar un estudio sobre la población desplazada de Shangil Tobaya, una localidad de la región sudanesa de Darfur.

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En Darfur, tres años después de que empezara un sangriento conflicto, cerca de dos millones de personas siguen viviendo en campos de desplazados.
El objetivo de la investigación que ha realizado María era por una parte “averiguar la situación de salud mental de la población”, pero también “tratar de entender las dinámicas locales, culturales o étnicas que influyen en la percepción y el uso que hace la población de los servicios de MSF”.

El hecho de que los desplazados se enfrentan a un futuro incierto [no pueden regresar a sus pueblos debido a la violencia], ¿cambia tu forma de trabajar?
Evidentemente. Una cosa es trabajar con personas víctimas de una situación crítica pero que ya ha pasado, como lo hago generalmente en Europa. En este caso tratamos de hacerles volver a la normalidad, que olviden el evento traumático. Pero para la población desplazada de Shangil Tobaya no se puede actuar así, porque siguen necesitando estos mecanismos de autoprotección que en otros casos tratamos de desactivar. Es como un seguro de vida. Un ejemplo: generalmente los desplazados duermen mal; pues para ellos esta dolencia resulta muy importante porque les permite mantenerse alerta y huir en caso de un nuevo ataque.

¿Qué tipos de reacciones has podido observar?
Simplificando, podemos decir que hay dos tipos de reacciones. Las comunes, consecuencia del conflicto y de los desplazamientos, que afectan a una gran parte de la población. Luego, dependiendo del grado de brutalidad del evento que llevó al desplazamiento, se pueden observar reacciones más o menos severas. No es lo mismo abandonar su pueblo de forma preventiva cuando se está produciendo un ataque contra un pueblo vecino (aunque ya es un evento traumático, porque la gente sale con lo puesto) que huir ante un ataque directo en el que se producen violaciones, torturas o asesinatos.
En el primer caso se pueden producir reacciones muy llamativas pero que en el fondo son reacciones normales ante una situación anormal. Puede ser por ejemplo un dolor de cuerpo generalizado o dolores de cabeza. Se trata de un mecanismo de defensa del organismo.
Los otros casos, los más graves, pueden a veces desencadenar reacciones más patológicas, episodios psicóticos, o una severa disminución de la funcionalidad como la falta de higiene, el no cuidar de los niños o el no alimentarse.

¿Cómo se perciben estas reacciones dentro de la comunidad?
Los casos “normales” son bien aceptados. En cambio, los casos más graves sufren de una fuerte estigmatización. Están marcados por el secretismo, la vergüenza. Generalmente se explican en términos mágico-religiosos y es el faquí (a la vez líder religioso y curandero) quien se encarga de tratarlos. El faquí se refiere a espíritus que poseen a las personas.

¿Qué conclusiones has podido sacar?
La situación de los habitantes de los campos de Shangil Tobaya es muy preocupante. Mirar al pasado significa para ellos recordar los eventos brutales que llevaron al desplazamiento. Pero mirar al futuro no resulta menos angustioso. La amenaza de violencia continúa y nada apunta a que la situación de esta gente vaya a mejorar a corto o medio plazo. Una dolencia muy frecuente entre los desplazados es lo que llaman mashkul. Ellos lo explican como “la profunda preocupación de sus mentes y de sus corazones por lo que pasó y lo que pasará”. Los síntomas son una severa falta de energía, la falta de concentración, la disminución de la capacidad de tomar decisiones y también problemas de sueño y de memoria. Este mashkul afecta a sus hábitos de higiene, de alimentación y de salud, necesarios para su supervivencia.

Las condiciones de vida y los eventos que han vivido los desplazados, ¿pueden crear tensiones en el seno de la comunidad?
Desde luego se produce mucha violencia doméstica contra las mujeres y los niños. No es el fruto directo del conflicto, ya existía antes, pero ahora está exacerbada. Esto se debe a que los hombres están más irritados, más estresados, lo que disminuye su capacidad de control. Además, los niños y las mujeres también tienen sus conductas alteradas, son más “desobedientes”, lo que provoca el castigo. Pero la violencia doméstica se considera como un asunto privado. No es sólo que las víctimas no acuden al centro de salud; los vecinos, que pueden oír estos actos de violencia e incluso ver las marcas ya que generalmente el castigo se efectúa sobre las manos, ni siquiera preguntan por lo que ha pasado.

¿Y la criminalidad, también ha aumentado?
No. No hay criminalidad. No hay robos. Alguna pelea, pero dentro de lo normal. Tienen una red comunitaria de apoyo muy fuerte. En cuanto se produce un conflicto, los sheijs (líderes tradicionales) y los faquís intervienen enseguida. Saben que en las condiciones en las que viven es primordial mantener la convivencia. El caso de la violencia doméstica es distinto; esta red comunitaria no funciona ya que se trata de un asunto privado.

¿Qué es lo que más afecta a la población en la situación actual?
En esta sociedad la solidaridad es un valor muy apreciado, muy importante. Lo que más afecta a la gente es el no haber podido ayudar a los suyos y no haber podido enterrar a los muertos. Deben vivir con esta culpa. Es más importante que la carencia de medios o la incertidumbre hacia el futuro. Los factores de estrés son muchos, pero en las entrevistas, cuando se toca este tema es cuando se ven las reacciones más fuertes. Se quedan silenciosos, la mirada huye, lloran, las manos tiemblan.
En el aspecto material, lo que más echan en falta son las tierras y el ganado porque significan dignidad y futuro. Sin tierras y ganado no son nadie.

¿Qué recomendaciones has podido sacar sobre la base de tus observaciones?
Se hace necesario potenciar los recursos de afrontamiento que los desplazados ya tienen, pero que están temporalmente paralizados. Tenemos por ejemplo que reactivar sus rituales. Las celebraciones como los entierros, las bodas o los nacimientos son importantísimos para que puedan dar sentido a las cosas que pasan. También tienen grupos de narrativa de cuentos, una cosa que no había visto antes. Todas las generaciones se reúnen para escuchar los cuentos, que, a través de metáforas, presentan maneras de afrontar los problemas. Así podrán explicar lo que pasó, lo que pasa y lo que pasará. Y si lo pueden explicar, lo podrán afrontar. Les permitirá dar un sentido a lo que viven. Evidentemente, este sentido tendrá un carácter religioso.

En clave interna de MSF, mi recomendación es que tenemos que ajustar los programas médicos existentes a la información obtenida para compensar las deficiencias observadas.
Hemos descubierto por ejemplo que lo que llaman mashkul afecta a la memoria. Esto explica que las madres no sigan bien el programa nutricional. Una solución a este problema sería formar un grupo de personas que efectúen visitas a domicilio y hagan un seguimiento. Otro ejemplo son las violaciones. Es un tema absolutamente tabú. Las mujeres ni se lo cuentan a sus maridos o a sus familias. Por tanto, tenemos que ser más proactivos. No podemos estar esperando en el centro de salud a que nos vengan a consultar. Debemos encontrar alguna forma de llegar a ellas. Además, tenemos que rediseñar nuestro programa de salud femenina de forma que garantice mejor la confidencialidad de los pacientes.

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