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24.05.2007

"Los somalíes saben que tenemos expatriados médicos, que salvamos vidas, y que somos independientes"

Entrevista con Josep Prior, coordinador general de MSF en Somalia durante un año y medio, que acaba de regresar a España.

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Somalia ha conseguido colarse en las páginas de algunos periódicos. El motivo no es otro que los recientes combates entre milicianos islámicos y el Gobierno de transición, apoyado por tropas etíopes. En este contexto, MSF sigue asistiendo a una población demasiado acostumbrada a la violencia y con poca esperanza, según cuenta Josep Prior, coordinador general de MSF en Somalia que acaba de regresar tras año y medio trabajando en el país.

¿Cuál es la situación actual en Somalia?
Igual de espantosa que en los últimos años. Ahora es más visible porque vuelven a haber islamistas atacando al Gobierno de transición pero es lo mismo que ha venido pasando en los últimos años, siempre están en guerra.

¿Cómo lo vive la población?

Ya no tiene esperanza. Llevan 15 años sin gobierno ni infraestructuras ni servicios. Hay una generación que ha crecido con la guerra. Son hijos de Kaláshnikov. Han crecido viendo armas y puestos de control. Cuando estuvo el gobierno de Tribunales Islámicos (entre junio y diciembre de 2006) hubo esperanza. Son los únicos que han conseguido poner paz y acabar con el vandalismo. La gente pensó que era posible un futuro mejor. Ahora hemos vuelto al estado de anarquía. La vida es muy miserable, es muy dura, porque es un país muy árido y además sufre un abandono total.
En la mayoría de edificios de Mogadiscio ya no queda nada, incluso han cogido la gravilla para venderla.

¿Cuáles son los principales problemas médicos?
Es un país árido y ecuatorial así que todas las enfermedades están presentes. Es uno de los países con mayor prevalencia de tuberculosis del mundo. Hay incluso casos de polio. El 99% de las mujeres han sufrido mutilación genital y el 1,6% mueren tras el parto. Continuamente hay epidemias y emergencias. En un año ha habido una gran sequía, inundaciones, plagas, dos epidemias, dos guerras... Hay zonas donde no hay nada. En Bardera, por ejemplo, donde estamos intentando abrir un proyecto, no ha habido ningún tipo de asistencia sanitaria en ocho años para una población de 30.000 personas. Tan solo hay una farmacia.

¿Cómo va la apertura del proyecto en Bardera?
Vas a negociar y el 95% de la gente te pide que te quedes, que no quieren morirse. Pero el 5% restante son los señores de la guerra y si no están contentos con algo no te quieren. Van armados y las negociaciones se colapsan. Cualquiera puede romper el juego, no hay un sentido colectivo.

Tras los últimos enfrentamientos hubo miles de desplazados saliendo de Mogadiscio.¿Qué está pasando con ellos?
Están volviendo. Mogadiscio es el epicentro, es una representación de todos los clanes. Es indomable, es muy difícil trabajar. La población, que ha sufrido la guerra en los últimos 10 años, dicen que ahora es demasiado violento. Han desarrollado mecanismos de respuesta. Así, la madre y los niños se van a casa de los familiares y el padre se queda guardando la casa. En la capital, hay entre 200 y 300.000 desplazados internos que viven en edificios abandonados. Hay mucha solidaridad entre clanes pero hay quienes se quedan fuera de esta red, y éstos se van a cobijar debajo de un árbol. Hay una broma popular que dice que los niños y las cabras de Mogadiscio están tan acostumbrados a la guerra que saben de donde vienen las balas y según de donde vengan se refugian detrás de una pared o en otra.

¿Recibimos desplazados en Jowhar?

Se dobló la población. Llegaron unos 30.000 desplazados. Nos dimos cuenta porque en nuestra maternidad subió el número de partos y resultó ser de mujeres que habían venido de Mogadiscio. Ya había cobertura médica, así que atendimos a esta gente en nuestro hospital. En Balad, donde también se dobló la población con unos 25,000 desplazados, hicimos clínicas móviles. En ambos sitios trabajamos en la mejora de acceso al agua y saneamiento y distribuimos kits de cocina, mantas y plásticos.

¿Cómo ha sido acogida la maternidad de Jowhar?
Tenemos una media de tres partos al día. En Jowhar hay una población urbana que conoce muy bien la sanidad occidental y la maternidad ha sido muy bien acogida. Hay zonas mucho más rurales con menos desarrollo donde abres una maternidad y no saben lo que es. A pesar de todo, los somalíes son gente muy preparada. Hay más de 300.000 personas en la diáspora y hay mucha gente que habla idiomas.

¿Por qué no hay más organizaciones?
Hay tanta violencia que ninguna organización se atreve a trabajar. Sólo hay alguna organización que hace intervenciones puntuales o por control remoto.
Los somalíes saben que tenemos expatriados médicos, que salvamos vidas, y que somos independientes. Nosotros llegamos y nos quedamos, pase lo que pase. Todo el mundo nos protege, somos parte de la comunidad. Son gente nómada, muy fuertes y curtidos. Es un país muy difícil donde la vida es muy dura y trabajar resulta muy complicado.

¿Cuáles son las lecciones aprendidas tras un año y medio en el país trabajando?
Los países cambian muy rápidamente y las comparaciones no son válidas. Los prejuicios y las reputaciones son falsas. Hay una idea de que Somalia es un país imposible y no lo es. También he aprendido que antes lo que marcaba la diferencia entre un proyecto con éxito y uno fantasma era la independencia financiera. Ahora son los recursos humanos. Cada expatriado vale su peso en oro.

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