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20.01.2016

El aumento de refugiados en Malaui hace necesaria una respuesta humanitaria inmediata

Desde el 23 de noviembre de 2015, Médicos Sin Fronteras (MSF) apoya los esfuerzos locales para asistir en Malaui al creciente número de refugiados provenientes de la provincia de Tete, en Mozambique.

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Hasta hace poco más de un mes, el número de personas que cruzaba la frontera entre Mozambique y Malaui era relativamente pequeño. Sin embargo, en las últimas semanas el flujo de gente ha ido aumentando progresivamente y desde principios de enero de este año ya son entre 100 y 200 las personas que huyen cada día de la violencia en Tete para establecerse en el pequeño pueblo fronterizo de Kapise.

La comunidad local acoge a los refugiados en unos terrenos que están situados cerca de su aldea. Sin embargo, el número continúa aumentando y según los datos de las autoridades locales ya son 3.000 las personas que se ha establecido allí. Eso hace que la presión para la población local aumente y que la necesidad de reubicar a los refugiados en un lugar más adecuado y administrado por el ACNUR sea cada vez más acuciante.

Cuando el primer gran grupo llegó a principios de diciembre, sólo llevaban consigo la ropa que llevaban puesta. MSF distribuyó un juego kits de productos básicos entre los que se incluían lonas de plástico, utensilios de cocina, cubos, mosquiteras, jabón, productos sanitarios, esterillas, mantas y bidones, así como harina de maíz, a más de 260 familias.

Desde finales de noviembre, MSF ha estado apoyando a las clínicas móviles de salud en Kapise, conjuntamente con el equipo de salud del distrito de Mwanza. Los equipos médicos están pasando consulta a un promedio diario de 250 pacientes. En los últimos días los equipos de las clínicas móviles de MSF han dado atención médica a un total de 2.119 pacientes. Para hacer frente a este incremento de demanda, MSF comenzará a gestionar las consultas médicas de Kapise junto con el equipo de salud del distrito y desde esta misma semana ofrecerá servicios médicos diarios a los pacientes. La malaria es el principal motivo de preocupación para los médicos de MSF, sobre todo en lo que respecta a los niños, que representan el 30% del total de consultas. En apenas un mes, ya se han dado 664 casos de niños con malaria. Y la cifra continuará sin duda aumentando. Además de la malaria, los equipos médicos de MSF ven muchas infecciones del tracto urinario, infecciones de las vías respiratorias, diarreas no sanguinolentas, conjuntivitis y dolores corporales.

Debido a los retrasos en el registro de los recién llegados, más de la mitad de los refugiados están durmiendo sin un refugio adecuado o sin mosquiteras. La falta de alimentos es un problema creciente. Los 1700 recién llegados en los últimos días no han recibido alimentos de la reciente distribución del Programa Mundial de Alimentos (PMA). Incluso quienes estaban incluidos en el programa, recibieron medias raciones. MSF está haciendo vigilancia constante del estado de salud de los niños en busca de signos de desnutrición.

El suministro de agua potable se ha convertido en un reto emergente debido también al aumento del número de refugiados en los últimos meses. La temporada de lluvias debería haber comenzado el mes pasado, pero no al final no empezó hasta hace una semana, haciendo que los niveles de agua sean muy escasos. Como resultado, la cantidad de agua disponible no llega a 5 litros por día y persona y muchas personas tienen que hacer cola durante horas para llenar lentamente sus cubos. En la segunda semana de enero, después de numerosos intentos, MSF perforó dos nuevos pozos para aumentar el acceso al agua de las comunidades de acogida y de los refugiados que viven en Kapise.

La construcción de baños y sistemas de gestión de residuos se han convertido en una necesidad urgente para garantizar el buen saneamiento y para prevenir la transmisión de enfermedades como el cólera y otras diarreas.

Tener un número de personas tan grande en un espacio tan pequeño como Kapise también está sometiendo a una gran presión a los recursos naturales de la zona. Las autoridades del distrito están preocupadas porque los recién llegados están viéndose obligados a talar árboles para construir refugios básicos en los que dar cobijo a sus familias, lo cual está cambiando día a día el paisaje.