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15.11.2022

Youssouf, Ahmed, Dawood y Akhtar, rehenes de las inhumanas políticas migratorias

Tras el desembarco selectivo que vivimos la semana pasada en el Geo Barents, recordamos que los Estados costeros responsables deberían hacer todo lo posible para minimizar el tiempo que los supervivientes permanecen a bordo de los buques. Estas son parte de las historias personales que nos relataron cuatro supervivientes.

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Testimonios desde el Geo Barents, rotación 19, noviembre de 2022

Youssouf* es uno de los 214 supervivientes a los que no se les permitió abandonar el Geo Barents, nuestro barco de búsqueda y rescate, durante el desembarco selectivo en Catania por parte de las autoridades italianas el 6 de noviembre. El 7 de noviembre, Youssouf decidió lanzarse al agua en protesta por esta decisión. Este es su relato:

“Después de días y días en ese barco [el Geo Barents], me estaba volviendo loco. Tuve la sensación de que mi cuerpo y mis sueños se estaban desmoronando. Estoy agradecido por toda la ayuda que tuve a bordo, pero no podía soportar más esa situación… Dejé el norte de Siria para ofrecer a mi familia una vida segura. Tengo cuatro hijas que he dejado atrás, con la esperanza de que pronto puedan acompañarme a Europa, a un lugar seguro. La más joven tiene solo 6 años. Han visto caer bombas sobre nuestra ciudad en los últimos años, y ahora no pueden asistir a la escuela debido a la inseguridad que persiste en la zona. Los grupos armados están por todas partes y secuestran personas para pedir rescate. La situación está fuera de control y temo por sus vidas todos los días. Simplemente quiero encontrar un lugar donde puedan vivir libres de miedo y sentirse seguras. Ese es mi sueño y no dejaré que nadie me lo quite".

Otro superviviente, Ahmed*, salió de Damasco, Siria, hace un año debido a la peligrosa e insoportable situación en su país, donde ya no podía quedarse. Luego llegó a Libia, y desde allí intentó cruzar el mar Mediterráneo seis veces a bordo de barcos no aptos para navegar. Fue interceptado y llevado a centros de detención en Libia, donde sufrió violencia y abusos prolongados. Desde entonces refiere dolor agudo en la espalda como consecuencia de la violencia ejercida sobre él.

Tanto Youssouf como Ahmed pasaron la noche a la intemperie en el muelle tras tirarse al mar en protesta por la decisión de las autoridades italianas, y se negaron a comer ni beber agua.

Youssouf y Ahmed (nombres ficticios) en el puerto de Catania después de lanzarse al agua desde el Geo Barents

Tras más de 24 horas tumbados en el muelle, Ahmed presentaba fiebre alta y signos de deshidratación y fue trasladado al centro de salud más cercano para recibir asistencia médica por parte de las autoridades sanitarias italianas. A Youssouf se le permitió finalmente desembarcar la noche del 8 de noviembre, junto con los demás supervivientes inicialmente excluidos del desembarco selectivo.

Dawood*, de 33 años, procede de Darfur, la región semiárida al oeste de Sudán donde estalló una cruenta guerra civil en 2003, y donde las tensiones cíclicas entre los distintos grupos étnicos y políticos siguen provocando desplazamientos masivos internos y violencia contra la población civil.

"Dejé mi pueblo en Darfur cuando la milicia janjaweed nos atacó. Con mi familia y muchas otras personas de mi pueblo huimos a uno de los campos de desplazados para buscar seguridad. A causa de la inseguridad, me trasladé de un campo a otro; incluso dentro de los campos, las fuerzas armadas venían con frecuencia a asaltar y llevarse a muchos jóvenes", explicó Dawood a nuestro personal mientras esperaba en el Geo Barents un lugar seguro para desembarcar, tras ser rescatado de una embarcación no apta para navegar en el Mediterráneo central.

 

El 28 de octubre, el Geo Barents rescató a 119 personas de un barco de madera. Entre ellos, a siete menores. Tras este rescate, había 572 supervivientes a bordo.

 

"He vivido en un campo de desplazados durante nueve años, sobreviviendo únicamente con la ayuda humanitaria proporcionada por organizaciones no gubernamentales. En 2012, decidí trasladarme a Egipto. Dejé a mi familia en el campo y no he vuelto a ver a mis padres ni a mis hermanos. Pasé nueve años en Egipto intentando reconstruir mi vida. Fue imposible. Estaba solo, sin papeles y la mayor parte del tiempo desesperado. Al final tomé la decisión de viajar a Libia, y en 2021 entré en ese país desde Egipto y llegué a Trípoli. Pasé dos años en Libia. Hice tres intentos de cruzar el mar Mediterráneo. La primera y la segunda vez que intenté la travesía, hombres armados libios nos interceptaron y nos devolvieron a Libia. La primera vez me llevaron al centro de detención, ni siquiera sé cuántos días pasé en ese lugar. Lo único que se me ocurre es que nos pegaban todo el tiempo, nos daban comida solo una vez al día y nos hacían beber agua de los retretes. A un hombre lo dejaron desangrándose en el suelo toda la noche y a otro le fracturaron la pierna. No tenía dinero para pagar el rescate, mi familia es muy pobre. Cuando llegaron algunos guardias para obligarme a trabajar para ellos fuera de la prisión, aproveché para huir. La segunda vez que me interceptaron en el mar, me escapé de los guardias en cuanto llegamos al muelle de Libia. Era mi única esperanza para sobrevivir.

Me rescató el Geo Barents el pasado mes de octubre, cuando intenté cruzar el mar por tercera vez, y sólo estoy agradecido de estar vivo. Lo único que deseo ahora es sentirme a salvo. Ya no recuerdo esta sensación".

Akhtar*, de 21 años, es de Bangladesh. Dejó su país hace casi dos años. Su viaje lo llevó primero a Siria, luego a Libia y, finalmente, al mar Mediterráneo, donde arriesgó su vida en un barco de madera abarrotado. Akhtar fue rescatado a finales de octubre de 2022 por el Geo Barents.

 

Chalecos salvavidas tras ser usados en el séptimo rescate de la rotación 19 del Geo Barents

 

Tras pasar más de una semana a bordo del Geo Barents, Akhtar tuvo que enfrentarse también a la decisión de las autoridades italianas de impedirle desembarcar en tierra durante un proceso selectivo que mantuvo a más de 200 personas esperando dos días más para que se les reconociera su derecho a desembarcar en un lugar seguro.

"Somos una familia de agricultores. La vida siempre ha sido difícil, pero después de que mi padre resultara herido hace unos años, las cosas empeoraron aún más porque no podía trabajar. Sé lo que es sentir ira. Me fui de Bangladesh para ayudarlos, para cuidarlos. Quiero que mi hermano y mi hermana menores vayan a la escuela. No tenía ni idea de lo difícil que sería este viaje. Estuve en Libia más de un año, viviendo en un campamento con gente de varios países. Éramos nueve personas durmiendo en una habitación de diez metros cuadrados con un solo baño para más de 200 o 300 personas. La policía llegó al campamento, arrestó a muchos de nosotros y me llevó a la cárcel. Al cabo de unos días me dieron un teléfono y me dijeron que llamara a mi familia. Nunca olvidaré a mi madre gritando al teléfono mientras los guardias me amenazaban con cortarme la mano con un machete mientras grababa. Mi familia acabó enviando el único dinero que tenía para liberarme. Nunca me perdonaré haber causado todo este dolor a mi madre. No he sabido nada de mi familia desde entonces. No saben si me ahogué en el mar. Sólo quiero llamarlos y decirles que sobreviví".

 

* Nombres ficticios.

 

Darfur ha sido históricamente una de las regiones más remotas de Sudán, asolada por conflictos internos desde la década de 1950. A principios de 2003, dos grupos armados se opusieron al gobierno sudanés en Darfur. Tras ello, el conflicto se descontroló, provocando muchas muertes y el desplazamiento de cientos de miles de civiles en Sudán.

En la actualidad, la situación sigue siendo grave en Sudán, donde según OIM desde principios de 2022, unas 265.273 personas han sido desplazadas, 829 han muerto y otras 973 han resultado heridas debido al conflicto y la violencia entre comunidades