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04.03.2011

Miles de mujeres viven marginadas a causa de la fístula obstétrica en África

En el Día Internacional de la Mujer, MSF quiere llamar la atención sobre este problema que afecta a dos millones de mujeres en todo el mundo, la mayoría en África. La falta de atención médica adecuada aumenta la incidencia de esta enfermedad, que suele producirse durante partos difíciles, y cuyas secuelas condenan a las afectadas a la exclusión social.

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"El sol no debe salir dos veces o ponerse dos veces durante el parto de una mujer”. A pesar de este proverbio, son innumerables los partos prolongados y obstruidos en África, donde una mayoría de mujeres dan a luz en casa. Cuando finalmente llegan a un hospital, a menudo no es sólo demasiado tarde para el recién nacido, sino también para la madre.

Entre las mujeres que sobreviven a esta odisea, son muchas las que deben hacer frente a importantes secuelas. La fístula obstétrica es una de las consecuencias más graves de un parto obstruido y ocurre cuando la cabeza del bebé comprime los tejidos blandos. La falta de flujo sanguíneo causa la muerte o necrosis del tejido, haciendo un agujero entre la vagina y el uréter, la vagina y el recto, o ambos. Esto provoca a su vez incontinencia urinaria y/o fecal. Las mujeres con fístula viven avergonzadas y a menudo son rechazadas por sus propias familias y comunidades.

Se estima que dos millones de mujeres viven con fístulas en todo el mundo, mayoritariamente en África: “Perdí a mi bebé durante el parto y tuve una fístula que me provocó incontinencia. Mi marido no podía soportarlo. Me echó de casa junto con mi hijo de 3 años y poco después se casó con otra chica de la aldea”, explica Violeta, una paciente burundesa de 23 años.

Las fístulas son en gran parte prevenibles y ya han desaparecido en los países en desarrollo donde hay acceso universal a la atención obstétrica. Una atención prenatal adecuada para detectar embarazos de alto riesgo y el acceso a atención obstétrica de urgencia que permita practicar cesáreas en partos obstruidos son claves para evitarlas.

Sin embargo, una vez se ha producido la lesión, la operación para cerrar una fístula puede ser larga y delicada, y se requiere personal quirúrgico especializado. En África sólo existen unos pocos centros dedicados a este tipo de cirugía.

 

Tratamiento quirúrgico: “campos de fístulas”

En sus proyectos en todo el mundo, los médicos de MSF siempre se han enfrentado al sufrimiento de las mujeres con fístula. En 2003, MSF hizo sus primeras intervenciones  en Costa de Marfil y Chad, seguidos de Sierra Leona, Somalia, República Democrática del Congo (RDC), República Centroafricana (RCA) o Malí. Estas intervenciones puntuales todavía siguen hoy en RDC y en RCA, además de tres centros de tratamiento permanentes en Burundi, Chad y Nigeria.

“MSF suele trabajar en países inseguros o devastados por la guerra y por eso hacemos intervenciones cortas", explica Michiel Lekkerkerker, asesor médico de MSF. "Los campos de fístulas, como les llamamos, se instalan durante dos meses al lado de hospitales ya existentes. Antes de montarlos, se informa a la población para que las mujeres afectadas acudan a la consulta. Después contratamos personal adicional y preparamos entre 40 y 80 camas, generalmente en tiendas. Un cirujano especializado se queda allí más o menos un mes, operando a varias mujeres al día. Este método tiene la ventaja de ser flexible y es fácil encontrar a un cirujano especialista para un periodo corto".

Pero tratar fístulas va mucho más allá del aspecto quirúrgico. Debido al flujo constante de orina y heces, las mujeres afectadas pueden desarrollar múltiples infecciones o enfermedades cutáneas. Tras el parto, también pueden tener dificultad para caminar y, si han sido marginadas, pueden llegar a padecer desnutrición. Después de ser operadas, en caso de incontinencia residual, las pacientes suelen necesitar fisioterapia. También requieren apoyo psicosocial para reintegrarse a sus comunidades.

Actualmente MSF trata fístulas obstétricas en tres centros permanentes en Burundi, Chad y Nigeria. En 2010, los equipos trataron a 1.000 mujeres afectadas.

 

Centro Urumuri en Burundi

En lengua kirundi, Urumuri significa “la luz que ahuyenta la oscuridad”. MSF abrió este centro apoyado por el hospital regional de Gitega, en el corazón de Burundi, en julio de 2010. Se trata del primer centro especializado en el país, funciona siete días a la semana y cuenta con cuatro casas para acomodar a las pacientes antes de la operación y durante su recuperación.

"Este tipo de proyecto asegura un mejor seguimiento de las pacientes y nos permite investigar para mejorar el tratamiento", afirma Geert Morren, cirujano referente en fístulas de MSF, a su regreso de Gitega. "El objetivo es operar a 350 mujeres al año durante tres años. Este plazo debería permitirnos formar a tres cirujanos locales y traspasar nuestras actividades al Ministerio de Salud".

MSF también ha construido una maternidad en otra región de Burundi. La idea es prevenir la aparición de fístulas mediante la mejora de la atención obstétrica.

 

Proyecto Mariposa en Chad

En Abeche, al este de Chad, MSF puso este nombre a su proyecto en 2008 para simbolizar la transformación de las mujeres que vivían recluidas y que podían empezar una nueva vida tras su operación. Desde 2009, el proyecto dispone de casas para acomodar a las pacientes durante su estancia de varias semanas. Una vez operadas, las mujeres reciben rehabilitación y asesoramiento psicosocial para que puedan hacerse de nuevo un sitio en su comunidad.

MSF también da apoyo a la maternidad regional de Abeche, al lado de su centro. El objetivo es mejorar la atención obstétrica para prevenir nuevos casos de fístula debidos a partos difíciles que no reciben la asistencia adecuada.

 

Hospital de Jahun en Nigeria

En Nigeria, MSF trabaja con el personal del Ministerio de Salud en el hospital de Jahun al norte del país. El equipo ofrece atención obstétrica y neonatal con el objetivo, no sólo de reducir la mortalidad materna e infantil, sino también de prevenir y tratar fístulas. En 2010, MSF practicó 400 intervenciones reparadoras de fístulas. Tras darles el alta, se hace seguimiento de las pacientes durante seis meses para asegurar que la fístula se ha curado y que ya no son incontinentes.


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