Back to top
25.04.2008

Morir de malaria ya no es inevitable

En el Día Mundial contra la Malaria, MSF reclama el acceso a los tratamientos y métodos de diagnóstico que ya están disponibles

-A A +A

Cada año, más de un millón de personas –80% de ellas en África subsahariana– mueren a causa de la malaria. Actualmente existen pruebas de diagnóstico rápido, medicamentos eficaces y nuevas terapias combinadas que mejoran la adherencia al tratamiento y reducen el precio. A pesar de estos avances, Médicos Sin Fronteras (MSF) es testigo, en muchos de los lugares donde trabaja, de la falta de acceso de los enfermos al tratamiento.

La aparición de nuevas terapias combinadas con artemisinina (TCA) ha permitido avanzar en la adaptación del tratamiento en los terrenos. Hace un año, la Iniciativa de Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDi por sus siglas en inglés), presentó el ASAQ (artesunato-amodiaquina) una dosis fija combinada más barata, fácil de administrar y libre de patente. Y la semana pasada, se lanzó ASMQ, el primer medicamento que combina artesunato y la mefloquina y que se prevé que se utilice de forma generalizada en América Latina y en Asia.

Sin embargo, es necesario que continúen los esfuerzos, liderados por la OMS, para que los medicamentos lleguen a las personas que los necesitan. “Mientras otras investigaciones en busca de soluciones más a largo plazo avanzan, MSF reclama el acceso, a día de hoy, a los medicamentos que ya están disponibles”, declara Nines Lima, referente para Malaria de MSF España.

En Mali, la malaria es la principal causa de muerte entre los niños menores de 5 años. El sur del país, una región pantanosa que atraviesa de oeste a este el río Níger, favorece la aparición de los mosquitos que transmiten la enfermedad. La malaria es omnipresente en esta zona, y los niños, los más vulnerables al parásito, son sus principales víctimas. Cada niño menor de 5 años padece malaria al menos una vez al año, y algunos vuelven a enfermar por segunda o incluso tercera vez durante el mismo año. Mientras las necesidades son enormes, la respuesta del sistema sanitario no es proporcional.

“Durante la estación de lluvias, los niños de mi pueblo caían como moscas por la malaria”, explica el Imán de Kalakoro, un pueblo en el distrito de Kangaba. “Tenía que incinerarlos de dos en dos porque había mucha muertes”.

Fue en el distrito de Kangaba donde MSF puso en marcha su proyecto de lucha contra la malaria en 2005. En una región donde la mayoría de la población vive con menos de un dólar al día, es difícil para los enfermos acceder a un sistema de salud cuyos servicios deben pagarse. En la mayoría de los casos, las plantas medicinales y brebajes son la única forma para luchar contra la enfermedad. Durante la estación de lluvias, que corresponde con el periodo más propicio para la transmisión de la malaria, muchos pueblos quedan aislados por los pantanos y sin acceso a los centros de salud.

En respuesta a esta alarmante situación, MSF apoya siete centros de salud en el distrito de Kangaba, ofreciendo atención de calidad, accesible tanto económica como geográficamente. Después de identificar las barreras de acceso a los centros de salud, e implementar nuevas medidas, MSF pudo multiplicar por cuatro el número de personas que acudían a las consultas. Para solucionar el problema de la distancia geográfica, MSF trabaja con equipos móviles. Durante la estación de lluvias, los llamados “agentes de malaria”, formados y equipos por MSF, detectan y tratan los casos de malaria simple en niños menores de 10 años.

“Solía ver a cuatro pacientes por día en mi centro de salud durante el periodo de transmisión más alta”, explica el responsable de uno de los centros de salud que supervisa MSF. “Actualmente, el equipo del centro tiene que atender entre 20 y 30 consultas diarias. Por fin, tenemos la satisfacción moral de atender las necesidades de nuestra población”.

Comentarios