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31.08.2022

Mozambique: “Para poder responder rápido y que la distribución se haga bien, debemos estar siempre en alerta”

Cuando nos enteramos de un nuevo ataque, inmediatamente pensamos: ‘¿Conocemos gente en esa zona?’. Por lo general, llamamos a los líderes comunitarios de las aldeas cercanas y nos cuentan adónde ha huido la gente, explica nuestro compañero Agy, supervisor de logística en Cabo Delgado.

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Agy Agy, de 28 años, es nuestro supervisor ​​de logística en Cabo Delgado. Aquí explica cómo se preparan y llevan a cabo las distribuciones de kits de ayuda humanitaria en un contexto volátil, donde la violencia y los rumores de ataques han desplazado a más de 80.000 personas desde principios de junio, la mayor ola de desplazamiento en lo que va del año en esta provincia del norte de Mozambique afectada por un conflicto desde 2017.

“Estoy a cargo de hacer distribuciones de ayuda humanitaria en varias áreas de Cabo Delgado. Empecé a trabajar para MSF en mi ciudad natal, Mocímboa da Praia, pero me vi obligado a huir al sur de la provincia cuando la ciudad fue atacada, por segunda vez, en 2020.

Me gusta mucho mi trabajo. Siento satisfacción por ayudar a los demás y cada vez que estamos trabajando tengo esta sensación.

Hemos estado distribuyendo kits de emergencia a muchas personas que huyen de sus casas por miedo. Para poder responder rápidamente y asegurarnos de que la distribución se haga bien, debemos estar siempre en alerta. Cuando nos enteramos de un nuevo ataque, inmediatamente pensamos: ‘¿Conocemos gente en esa zona?’. Por lo general, llamamos a los líderes comunitarios de las aldeas cercanas y nos cuentan adónde ha huido la gente. También dedicamos tiempo para explicar qué es MSF y cuáles son nuestros principios. Eso no suele ser un problema porque la aceptación de MSF suele ser muy buena aquí. Llevamos ya un tiempo trabajando en Cabo Delgado y la gente conoce y confía en nuestro trabajo.

Una vez comprendemos la magnitud de la situación, nos comunicamos con el gobierno local para obtener una lista oficial de las personas que han sido desplazadas y que deben recibir los kits. A partir de ahí, el equipo de suministros prepara los kits y los carga en los camiones. En uno de nuestros almacenes, por ejemplo, siempre tenemos 2.000 kits listos en caso de emergencia.

 

Nuestros logistas y equipos de aprovisionamiento trabajan contra reloj para coordinarse con diversos actores, organizar los kits y ofrecer una respuesta completa y a tiempo.

Una vez llegamos al lugar donde está la gente, repartimos papeletas a las personas recién desplazadas para que puedan recoger los kits durante la distribución al día siguiente. Esto se hace en base a una lista oficial y es crucial para que todo funcione sin problemas. Diseñamos un circuito con un punto de entrada, un lugar donde entregamos los materiales y un punto de salida. Parte de mi papel el día de la distribución también es pasearme por lugar, hablar con la gente y asegurarme de que no hay problemas. En realidad, es un poco como hacer mediación de conflictos. A veces, las familias recién llegadas se asientan en zonas donde ya vivían comunidades locales y esto puede generar tensiones.


Nuestro supervisor logístico, Agy Agy, entrega las papeletas para recibir los kits de artículos de primera necesidad a las familias recién desplazadas.

La gente siempre llega en mal estado. Muchos llegan sin nada, no tienen siquiera un techo bajo el que dormir. Distribuimos bienes básicos como, por ejemplo, lonas de plástico, mantas, ollas, sartenes y cepillos de dientes. Son cosas que pueden resultar muy útiles. Para mí es muy conmovedor, porque yo mismo he pasado por la misma situación.

 

En Mumane, una comunidad cercana a la ciudad de Montepuez, más de 500 familias recién desplazadas han recibido kits de artículos de primera necesidad.

Después del primer ataque a Mocímboa da Praia en 2017, mi familia decidió quedarse porque pensábamos que la situación no era tan alarmante. La noche del segundo ataque, en junio de 2020, estaba durmiendo, solo en casa, y de repente escuché muchos disparos y gritos de hombres. Ese día pasé 24 horas escondido y solo pude beber agua. Pronto logré contactar con unos amigos y huimos atravesando el bosque. Caminé 43 kilómetros hasta el pueblo de Awasse y luego me llevaron a Mueda, donde me quedé un tiempo.

Con el paso del tiempo, las cosas se calmaron y logré comunicarme con mi familia. Hoy todos estamos bien, pero sé lo que es pasar por esto. Entonces, al ayudar a otras personas desplazadas, me siento muy feliz”.