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16.03.2007

MSF constata el creciente problema de acceso a poblaciones en conflicto

MSF constata la falta de respuestas internacionales al creciente problema de acceso a poblaciones en conflicto, en su Memoria Internacional de actividades 2006

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Las organizaciones de ayuda humanitaria están viendo cada vez más limitada su capacidad de intervenir de forma independiente y segura para prestar su asistencia a las poblaciones atrapadas en conflicto, una peligrosa tendencia a la que no se está dando una respuesta adecuada desde las instancias internacionales y gobiernos con responsabilidad o poder de influencia, según denuncia Médicos Sin Fronteras en su Memoria Internacional 2006.

El informe de actividades, presentado el viernes 16 de marzo en Madrid, apunta que el respeto por las intervenciones humanitarias se ha reducido y que cada vez resulta más difícil negociar la presencia de los equipos y preservar la seguridad de los proyectos en entornos volátiles. Resulta preocupante el que MSF se viera obligada a denunciar reiteradamente la falta de acceso a las poblaciones necesitadas debido la obstaculización, cuando no acoso, ejercidos por actores armados en crisis como las de Darfur, Sri Lanka o Líbano. En todos los casos, la primera víctima de estas estrategias es la población, que queda desatendida y sin acceso a la atención básica.

La desconfianza y hostilidad han ido en aumento, en primer lugar porque los trabajadores humanitarios son testigos incómodos de los abusos y la falta de asistencia. También resultan peligrosas las estrategias guiadas por intereses políticos y mediáticos para disfrazar las intervenciones militares como ayuda humanitaria y, en la misma línea, perjudica el comportamiento de organizaciones que, pervirtiendo la naturaleza de una ayuda que debe ser neutral e independiente, aceptan trabajar como “brazo humanitario” de Ejércitos y Gobiernos.

El desprecio por el espacio humanitario, que ya en 2004 forzó a MSF a salir de Irak y Afganistán (en este caso tras el asesinato de cinco de sus trabajadores), ha alcanzado cotas intolerables en países como Sudán, donde el acoso a las organizaciones de ayuda es sistemático. En Sri Lanka, estas estrategias culminaron con la masacre de 17 trabajadores de Acción contra el Hambre en agosto de 2006; a lo largo de estos meses de tensiones, el regreso de MSF se vio obstaculizado por numerosas trabas burocráticas y por una ola de falsas acusaciones en la prensa, a pesar de contar con casi veinte años de experiencia previa en el país asiático.

En las crisis de Líbano y Haití, MSF también se vio obligada a recordar a las partes en conflicto su responsabilidad de permitir el acceso a las víctimas de la violencia. En Birmania, en marzo de 2006, la imposibilidad de trabajar de forma independiente y sin llegar a acuerdos inaceptables con las autoridades forzó el cierre de proyectos en los Estados Karen y Mon. En los territorios palestinos, se produjo otra grave distorsión del espacio humanitario cuando la Unión Europea intentó utilizar a las ONG para paliar su bloqueo financiero.

Darfur es el caso paradigmático. MSF, que trabaja en esta región sudanesa desde 2004, se ha visto obligada a lo largo de 2006 a evacuar sus proyectos de forma intermitente y a reducir la asistencia al mínimo debido a continuos incidentes de seguridad derivados no tanto del clima generalizado de violencia como de una dinámica de acoso selectivo dirigido a las organizaciones humanitarias. Desde julio de 2006, doce trabajadores humanitarios han sido asesinados y cinco más permanecen desaparecidos, y en apenas seis meses han sido atacadas una treintena de instalaciones de las organizaciones de ayuda. En estas circunstancias, llegar a las poblaciones necesitadas de ayuda de emergencia es, en muchos casos, imposible.

“Garantizar el acceso a las poblaciones atrapadas en conflictos debería ser prioritario y sin embargo no vemos que exista firmeza política en este ámbito”, afirma Aitor Zabalgogeazkoa, Director General de MSF España. “Y la responsabilidad no es sólo de los actores directamente implicados en las crisis, sino también de los gobiernos y organizaciones internacionales con capacidad de influencia que no ejercen la presión suficiente sobre aquellos que violan sus responsabilidades para con la población civil”.

Repaso de actividades

La Memoria Internacional 2005/06, que recoge las actividades realizadas desde mediados de 2005 hasta mediados de 2006 en más de 65 países, precisa que en este periodo MSF proporcionó asistencia a 10 millones de personas, incluyendo el terremoto de Pakistán, la epidemia de cólera en Angola, la crisis nutricional en Níger, la emergencia crónica en República Democrática del Congo y la que siguió siendo su mayor intervención, Sudán.

Casi la mitad de los proyectos se desarrollaron en contextos inestables, de conflicto o postconflicto; los equipos de MSF realizaron en este periodo 75.000 intervenciones quirúrgicas, de las cuales 8.000 de cirugía de guerra. También se reforzó el trabajo en malaria (2,2 millones de personas tratadas), tuberculosis (22.000 admisiones para tratamiento), salud mental (150.000 participantes en sesiones individuales o en grupo) y violencia sexual (12.000 casos). En cuanto al VIH/Sida, MSF cuenta a fecha actual con 80.000 personas en tratamiento.

Por otra parte, en el ámbito médico, la Memoria expone nuevos desafíos en relación con enfermedades emergentes y desnutrición. En el primer caso, el reciente aumento de enfermedades hemorrágicas virales como el Ébola o el Marburg ha requerido respuestas muy especializadas y adaptadas a los contextos, en los que la comunicación con la comunidad y la eventual modificación de protocolos de trabajo, han resultado esenciales. En materia de desnutrición, las lecciones aprendidas han ido en la línea de utilización de nuevos productos terapéuticos (“alimentos terapéuticos listos para tomar”, RUTF) y estrategias de tratamiento ambulatorio que han permito aumentar y agilizar la cifra de niños con desnutrición aguda tratados, hasta 130.000 en 2005.

La Memoria recoge también el balance financiero internacional de 2005, en el que la organización ingresó casi 650 millones de euros (un 42% más que en 2004, siendo privados un 86% de los fondos) y gastó 510 millones (un 21% más); de nuevo, los dos proyectos más costosos fueron Sudán y República Democrática del Congo, seguidos de Níger y Angola. Actualmente, MSF cuenta con más de 3,4 millones de socios y colaboradores en todo el mundo, de los cuales 350.000 en España.

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