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27.02.2008

MSF denuncia el dramático sufrimiento de las víctimas de los conflictos enquistados

Con motivo de la presentación de su Memoria Internacional 2007, MSF expresa su preocupación ante las deliberadas estrategias de acoso y bloqueo contra las organizaciones humanitarias

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Las crisis enquistadas siguen perpetuando todos los años el sufrimiento de millones de personas, conflictos complejos en los que la comunidad internacional no parece saber muy bien cómo intervenir, o que directamente se dan por perdidos, y en los que la seguridad de las organizaciones humanitarias está cada vez más amenazada, según afirmó hoy la organización médico-humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) en la presentación de su Memoria Internacional 2007.

Varias décadas de conflicto en Colombia, los Territorios Palestinos y Sri Lanka, dos décadas en Somalia, 15 años de guerra o inestabilidad volátil en Chechenia, otros 10 en República Democrática del Congo (RDC), cinco años en Darfur... En 2007, estos tristes aniversarios arrojaron un dramático balance de violencia contra la población civil, heridos de guerra, desplazamientos masivos, destrucción de los mecanismos de subsistencia, falta de atención médica, desnutrición, brotes epidémicos y precariedad extrema.

Somalia, paradigma de la crisis enquistada que se da por irresoluble, arrastrada de nuevo al escenario mucho más amplio de la guerra contra el terrorismo, ha vivido en los dos últimos años un recrudecimiento de la violencia devastador para la población, en especial en Mogadiscio, de la que huyeron cientos de miles de personas en apenas diez meses, en el que ha supuesto el peor pico en más de quince años de conflicto. Las hambrunas, sequías e inundaciones volvieron a repetirse también en 2006 y 2007, en un país que está virtualmente en ruinas.

En Sri Lanka, la reanudación de los combates a finales de 2005 no ha hecho sino agravar las consecuencias de casi tres décadas de guerra, con cerca de 300.000 nuevos desplazados, grandes bolsas de población a las que no hay acceso y un sistema sanitario tocado por la falta de personal y de suministros. Colombia, uno de los conflictos más antiguos, presenta similar impacto en la población, en especial la de zonas rurales, sometida a un clima de miedo, intimidación y aislamiento: el desplazamiento masivo de civiles sigue siendo la principal consecuencia.

Chechenia y RDC, por su parte, presentan una falsa imagen de estabilidad y recuperación que impide que las poblaciones reciban una ayuda a la altura de sus necesidades. En el país africano, el espejismo se rompió en 2007 con la nueva ola de enfrentamientos en Kivu Norte, mientras que en Ituri la elevada cifra de desplazados desmiente la normalización; la violencia sexual y los periódicos brotes de cólera son sintomáticos del abandono de la región. Igualmente, en Chechenia, el clima de inseguridad no ha remitido y la población –en especial los retornados, que viven en condiciones misérrimas– sigue sufriendo las consecuencias de un sistema de salud deficiente.

Asimismo, en los Territorios Palestinos, en 2006 y 2007 el conflicto volvió a cebarse en los más vulnerables. Cuando se cumplen dos años del embargo de los donantes internacionales, la vida en los territorios sigue marcada por la violencia, la restricción de movimientos y el debilitamiento del sector sanitario; de hecho, en este periodo, MSF tuvo que lanzar varias intervenciones de emergencia para paliar la escasez de medicamentos y material médico y para reforzar sus programas con atención postoperatoria.

A su vez, Darfur cumple cinco años de conflicto, un contexto cada vez más complejo en el que la creciente atención internacional no ha mejorado la situación de una población que está a merced de los grupos armados y que vive en el filo de la navaja: casi totalmente dependiente de la ayuda internacional en los campos de desplazados o aislada en las zonas a las que las organizaciones humanitarias no tienen acceso.

Acoso a la ayuda humanitaria
En palabras de Aitor Zabalgogeazkoa, director general de MSF España, “las consecuencias humanitarias de un conflicto simplemente se ignoran, y mientras los responsables directos de estas guerras afianzan sus posiciones mediante la violencia directa o indirecta, la comunidad internacional sigue sin dar una respuesta eficaz a estos desastres, bien por falta de voluntad política, por intereses contrapuestos o por escasez de fondos”.

Estos contextos presentan otro lamentable denominador común: la creciente inseguridad a la que se enfrentan las organizaciones humanitarias, habiéndose alcanzado en 2007 intolerables cotas de violencia expresamente dirigida contra sus trabajadores. “Asumimos en nuestro quehacer diario los riesgos derivados de la propia naturaleza de estos contextos violentos, pero lo que no aceptamos es ser el blanco de estrategias deliberadas de acoso o ataque, ni que estas queden impunes”, apunta Zabalgogeazkoa.

En diciembre de 2007 y enero de 2008, sólo en Somalia, MSF sufrió el asesinato de tres de sus trabajadores en Kismayo (sur) y el secuestro de otras dos en Bossaso (norte), rompiéndose así un pacto no escrito que había permitido el trabajo en un contexto de gran inseguridad. En República Centroafricana, en junio de 2007 fue asesinada una cuarta trabajadora, mientras que en Darfur y Sur Sudán se han producido varios ataques, incluyendo asaltos contra recintos de MSF (en uno de ellos, en Bor, sur de Sudán, fueron asesinados cuatro pacientes). Trabajadores de otras organizaciones también han resultado muertos o heridos en numerosos ataques como estos.

Otros conflictos de largo recorrido, como Irak o Afganistán, siguen inaccesibles. En el primer caso, MSF se ha visto obligada a actuar desde la vecina Jordania o accediendo desde el Kurdistán, creando una red de facultativos iraquíes que, en su propio país, deben trabajar desde el anonimato. En otras ocasiones, MSF se ha visto obligada a denunciar las trabas burocráticas o el bloqueo administrativo que han impedido su acceso a zonas como Ogadén (Etiopía), Jaffna (Sri Lanka) o las regiones de etnia karen y mon en Myanmar.

Actividades en 2006/2007
Según precisa la Memoria Internacional, entre mediados de 2006 y mediados de 2007, MSF prestó asistencia a 9,6 millones de personas en 60 países, con medio millón de pacientes hospitalizados, 190.000 niños en programas de nutrición, 64.400 intervenciones quirúrgicas, 100.000 consultas individuales o sesiones en grupo de salud mental, 11.000 víctimas de violencia sexual atendidas y 89.000 enfermos de cólera tratados. La Memoria recoge también los progresos conseguidos y los desafíos pendientes en ámbitos como salud materno-infantil, nutrición terapéutica, cirugía y lucha contra la malaria y la tuberculosis.

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