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11.08.2006

MSF en la XVI Conferencia Internacional de SIDA

Del 13 al 18 de agosto, MSF presenta en Toronto (Canadá) sus experiencias y retos de futuro, tras seis años tratando a pacientes de SIDA en todo el mundo

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Hace seis años, Médicos Sin Fronteras (MSF) no trataba a nadie con antirretrovirales (ARV). Unos pocos programas ofrecían tratamiento para infecciones asociadas al SIDA, como la tuberculosis (TB) o la meningitis, pero no podíamos ofrecer nada para prevenir la destrucción progresiva del sistema inmunológico que el virus provocaba en los pacientes. Los medicamentos ARV, que entonces costaban alrededor de 15.000 dólares americanos por paciente al año, eran considerados demasiado caros y complicados para los pacientes y los gobiernos del mundo en desarrollo. Nuestros equipos en el terreno se sentían frustrados. Los médicos y diplomados en enfermería que trabajaban para MSF dejaban sus clínicas en países ricos, acostumbrados a poder gestionar el SIDA como cualquier otra enfermedad crónica, y llegaban a lugares como Suráfrica, Mozambique y Malaui, donde las salas de espera estaban repletas pero las farmacias vacías. Como organización médica con un mandato para responder ante la muerte y el sufrimiento innecesarios, esto era totalmente inaceptable.

Mediante acciones de presión a las compañías farmacéuticas y los gobiernos, ayudamos a que se redujesen los precios del tratamiento a menos de 300 dólares americanos por paciente al año. Y hoy, la combinación de fármacos más barata puede conseguirse por poco más de 130 dólares. Demostramos que era posible tratar el VIH/SIDA en algunos de los contextos más precarios: zonas de guerra donde los equipos eran constantemente evacuados, clínicas rurales con pocos enfermeros y ningún médico, y barrios urbanos marginales cada vez más extensos donde el agua corriente es un lujo. Nuestros programas empezaron tratando a docenas de pacientes para pasar a cientos y luego a miles.

Es importante subrayar estos logros porque, en realidad, muy pocos miembros de MSF se sienten satisfechos. Nadie se sienta a admirar lo lejos que hemos llegado porque no hay ni una sola clínica que no continúe estando saturada. Hay casos complicados para los que todavía no tenemos nada que ofrecer, los niños tienen que ingerir grandes cantidades de jarabes de un sabor muy desagradable y muchas personas no pueden tolerar los dolorosos efectos secundarios del tratamiento, no quedándoles otra opción porque han dejado de responder a los medicamentos más antiguos y no pueden costearse los más nuevos.

Durante las tres últimas décadas, el personal de MSF ha estado trabajando en hambrunas, guerras y catástrofes naturales. Sabemos que no podemos tener la respuesta a todos los problemas de salud del mundo en desarrollo, pero eso no significa que no nos incomoden nuestras limitaciones. Hoy estamos tratando a casi 60.000 personas con medicamentos ARV en más de 30 países. Aunque esto constituye un logro impresionante, representa menos del 1% de las personas que lo necesitan y, como organización, ya estamos llegando al límite de nuestras capacidades.

Como sucede con la guerra o el hambre, los médicos no pueden parar una catástrofe humana cuya solución está en manos de los políticos. De ahí el lema de la XVI Conferencia Internacional de SIDA que se celebra en Toronto: Tiempo de Actuar.

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