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10.07.2008

MSF refuerza la innovación médica en enfermedades olvidadas

Con motivo de la publicación de la Memoria Nacional 2007, la organización propone nuevos enfoques médicos en kala azar, Chagas, malaria y sida pediátrico

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Médicos Sin Fronteras (MSF) está reforzando la innovación médica en sus proyectos de lucha contra las enfermedades olvidadas, adoptando y proponiendo nuevos enfoques en el tratamiento del kala azar, la enfermedad de Chagas y la malaria, con el fin de mejorar la calidad de la atención a sus pacientes y ampliar su alcance, según informa la Memoria Nacional 2007 que la organización médico-humanitaria acaba de publicar para rendir cuentas sobre su actividad a lo largo del año pasado. En total, MSF España trabajó en 62 proyectos y emergencias en 26 países, y superó la cifra de 400.000 socios y colaboradores.

El trabajo de MSF en India es un buen ejemplo de las soluciones novedosas adoptadas en la lucha contra enfermedades olvidadas para que los pacientes tengan acceso a tratamientos más eficaces y menos tóxicos, lo que se traduce en una mejor adherencia a los mismos. El proyecto de kala azar (leishmaniasis visceral) inició sus actividades en julio de 2007 en el Estado de Bihar (norte), donde se dan cada año cerca de 200.000 casos, más del 70% de los afectados por esta enfermedad mortal en todo el mundo.

El tratamiento ofrecido gratuitamente por el sistema sanitario indio, el estibogluconato de sodio (SSG), genera muchas resistencias, así como numerosos efectos secundarios, y presenta un curso de tratamiento de 30-40 días. MSF ha optado por un fármaco un poco más caro pero mucho más efectivo: la anfotericina B liposomal (de nombre comercial AmBisome®, producido por Gilead), que además reduce el tiempo de tratamiento a 10 días, por tanto abaratándolo, y con tasas de curación del 99%. Hasta ahora, el AmBisome® sólo se utilizaba como tratamiento de segunda línea en algunos casos. Pero actualmente MSF proporciona desde el primer momento a sus pacientes el mejor tratamiento disponible.

Hasta la fecha, MSF ha tratado gratuitamente con éxito a 1.600 pacientes de kala azar en Bihar, en su mayoría pertenecientes a las castas más bajas, frente a los 250 pacientes que recibieron tratamiento en 2006 en el sistema sanitario. Al utilizarlo como alternativa novedosa de primera línea y al investigar su dosificación, MSF quiere contribuir a reducir el coste de este fármaco, así como animar la investigación y desarrollo de tratamientos más seguros y eficaces, y conseguir cambios en el protocolo nacional indio de tratamiento para que estos fármacos se dispensen gratuitamente en la sanidad pública.

En Bolivia, el proyecto de Cochabamba, lanzado a finales de 2007, parte de un enfoque sin precedentes en el tratamiento del Chagas en los proyectos de MSF: por primera vez se ofrece a cualquier persona independientemente de su edad, cuando hasta ahora sólo se proporcionaba a menores de 15 años. Desde 1999, MSF había tratado a un total de 1.400 niños en Bolivia y los proyectos ya traspasados a las autoridades de salud en Guatemala, Nicaragua y Honduras, pero no incluía a los adultos debido a la menor eficacia de los fármacos y el agravamiento de los efectos secundarios conforme aumenta la edad del paciente.

Sin embargo, tras los buenos resultados obtenidos en Sucre (Bolivia) con pacientes de hasta 18 años, MSF decidió ampliar aún más el espectro de edad para incluir a los adultos en el nuevo proyecto de Cochabamba. Hasta finales de mayo, habían iniciado el tratamiento 200 personas (un 70% de ellas mayores de 15 años), de las cuales 31 ya lo han terminado con éxito. Con este nuevo enfoque, MSF quiere conseguir que el Chagas sea considerado en las estructuras de salud como cualquier otra enfermedad: generalizando el tratamiento a todos los enfermos independientemente de su edad, mediante el desarrollo de protocolos nacionales que incluyan a los adultos.

El factor edad también distingue a los proyectos de VIH/Sida en Zimbabue, donde MSF se ocupa del sida pediátrico en unos volúmenes y un modo nunca hechos hasta ahora, abogando por su integración total en las estructuras locales de salud. A finales de 2007, 1.600 menores de 18 años recibían tratamiento con antirretrovirales en el proyecto de Bulawayo, con tasas de seguimiento y mortalidad comparables a las de los adultos. Este programa, que incorpora soporte nutricional y otras actividades como el respaldo a víctimas de la violencia sexual, se plantea retos como la descentralización a zona rural, y demuestra que, el tratamiento del sida pediátrico, aunque difícil debido a la falta de pruebas de diagnóstico y fármacos adaptados a los niños más pequeños, es posible si existe voluntad.

La lucha contra la malaria también ha experimentado mejoras en la adaptación de los tratamientos a las necesidades de terreno, gracias a la aparición de las terapias combinadas con artemisinina (TCA), que MSF España ha proporcionado al 96% de sus pacientes en 2007. Frente a los viejos tratamientos con cloroquina o sulfadoxina-pirimetamina, que generan cada vez más resistencias, las TCA son los fármacos antipalúdicos más eficaces y permiten una rapidísima recuperación del paciente.

De hecho, MSF utiliza ya en terreno el nuevo antipalúdico ASAQ (artesunato-amodiaquina), una dosis fija combinada más barata, fácil de administrar y libre de patente, desarrollada por la Iniciativa de Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDi, de la que la propia MSF es socia) en colaboración con Sanofi-Aventis. El desarrollo de ASAQ y su implantación en terreno pretenden impulsar y servir de ejemplo a un nuevo sistema de I+D farmacéutica que se base en las necesidades de los pacientes en países sin recursos.

“Estos nuevos enfoques mejoran los resultados de nuestra acción en terreno -explica la presidenta de MSF España, Paula Farias-, apostamos por la innovación y la reclamamos, porque permite hacer visibles a quienes no lo son, como los enfermos de kala azar o de Chagas; fomentar la I+D de medicamentos esenciales, como en el caso de la malaria; o demostrar que es posible hacer más y mejor, como con el sida pediátrico”. “En definitiva, responder con hechos al derrotismo tras el que se esconde con demasiada frecuencia la falta de voluntad política”, afirmó.

62 PROYECTOS Y EMERGENCIAS

La Memoria Nacional 2007 repasa además las principales actividades desarrolladas por MSF España a lo largo del año pasado en los 62 proyectos o emergencias desarrollados en 26 países de todo el mundo, en los que se prestó asistencia a víctimas de conflictos armados y desplazamiento (Somalia, Darfur, Chad, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Uganda, Yemen, Colombia...), enfermedades endémicas o epidémicas (VIH/Sida, tuberculosis, malaria, enfermedad del sueño, kala azar o Chagas, en países como Etiopía, Kenia, Malaui, Sudán, Ecuador o Guatemala), crisis nutricionales (Níger, Etiopía, entre otros); exclusión o falta de acceso a la asistencia sanitaria (Marruecos, Liberia) o desastres naturales como el terremoto de Perú, las inundaciones de India y Kenia, o la erupción del Huila en Colombia.

En estos contextos, MSF España realizó más de 720.000 consultas externas y 23.000 hospitalizaciones, atendiéndose casi 10.000 partos y 2.100 casos de violencia sexual; cerca de 17.600 personas recibieron atención o apoyo psicológico y se realizaron 18.000 intervenciones quirúrgicas. Los programas de nutrición infantil atendieron a 45.500 pacientes y, en materia de vacunaciones, se administraron 24.000 contra el sarampión y 57.000 contra la meningitis. Asimismo, se proporcionó tratamiento a 100.000 enfermos de malaria, 7.000 de cólera, casi 3.000 de tuberculosis (un 30% más que en 2006) y 15.000 de sida. Además, un total de 685 personas iniciaron tratamiento contra el Chagas y otras 330 contra la enfermedad del sueño.

En cuanto al balance financiero (controlado por siete auditorías externas y 18 internas en otras tantas misiones en terreno), la sección española se situó en el 92,3% de fondos privados, gracias a la colaboración de sus 408.200 donantes de cuota fija y colaboradores puntuales (9,4% más que en 2006). Los gastos de la organización alcanzaron los 62,6 millones de euros (22% más), frente a unos ingresos de 59,1 millones de euros (21,1% más), con unas reservas equivalentes a 4,4 meses de actividad. En cuanto al reparto del gasto, un 83,67% se destinó a la misión social (79,6% a la asistencia médico-humanitaria y 3,51% a las actividades de testimonio), un 10,38% a captación de fondos, y un 5,96% a administración.

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