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23.05.2007

"Nadie ha perdido la esperanza de volver a su hogar"

Entrevista con Óscar Sánchez-Rey, enfermero e MSF, que ha trabajado durantes seis meses en la región sudanesa de Darfur.

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Aunque la falta de seguridad aún imponga trabas al trabajo de las organizaciones humanitarias en Darfur, los equipos de MSF siguen buscando nuevas vías para acceder a las poblaciones y garantizar, al menos, la asistencia sanitaria directa. Gracias a la presencia de 130 trabajadores nacionales, desde El Fashir y desde el hospital de Shangil Tobaya, parte de las actividades médicas se realizan a control remoto, mientras que otras han tenido que limitarse a las tareas de fomento de la salud y recogida de información para prevenir posibles emergencias, tal y como explica Óscar Sánchez-Rey, enfermero recién regresado de la región sudanesa.

Has permanecido seis meses en Darfur. ¿Cómo han evolucionado los movimientos de la población en este periodo?
Durante este tiempo no hemos visto masivos movimientos de población, pero no es menos cierto que los movimientos nunca han parado. Lo normal era la llegada a Shangil Tobaya de una o dos familias por semana, con un pico más fuerte de unas 350 familias (unas 1.500-2.000 personas) entre finales de febrero y principios de marzo. Son gentes que simplemente se cansan de aguantar o que sufren nuevos ataques. Apenas les da tiempo a coger sus más mínimas pertenencias y no son pocos los que huyen de sus casas con lo puesto. Cuando llegan al campo de desplazados no están necesariamente en mal estado de salud, pero entran en una situación muy frágil y vulnerable, y especialmente en lo referente al estado nutricional. Abandonar su hogar significa abandonar su principal fuente de alimentación, las cosechas.

¿Cuál es la situación en los principales campos de desplazados? ¿Las necesidades de la población quedan cubiertas?
El campo de Shangil Tobaya empezó a crearse hace unos tres años. Desde entonces nunca ha dejado de crecer, aunque ahora no es el momento de grandes prisas. Después de ese tiempo la comunidad se ha organizado de manera similar a como lo hacía en sus lugares de origen. La fisonomía del campo empieza a parecerse a una aldea, se pueden ver calles, colegios, mezquitas, pozos de agua y alguna pequeña tienda como floreciente negocio local. Los desplazados no pasan el día lamentando su situación personal, algo que sin duda les bloquearía y no les permitiría seguir adelante. Es fascinante la voluntad de la gente y el hecho de que nadie haya perdido la esperanza de volver a sus aldeas. Cuando hablas con ellos acerca del día que partieron de casa, da la sensación de que fue ayer, y de que va a ser mañana el día de la vuelta. Algunos llevan tres años en esta situación y no hay señales claras de que el retorno vaya a ser inminente. Afortunadamente siempre hay historias alegres de aquellos que han encontrado una nueva vida en su lugar de refugio.

¿Cómo es el día a día en el hospital de Shangil Tobaya?

Habitualmente tenemos entre 100 y 150 consultas en el hospital, con picos de hasta 180 a veces, y unas 25 personas ingresadas. Las consultas son de todo tipo, pero las más frecuentes son por enfermedades respiratorias, muchas conjuntivitis sobre todo en niños, casos de desnutrición (no muy graves por suerte), infecciones intestinales, diarreas, embarazos y partos, y problemas menores como jaquecas, dolores musculares, etc. Centramos nuestros esfuerzos en la atención sanitaria directa, la dirigida contra las amenazas directas para la vida, la atención médica, hospitalaria, nutricional, la vacunación, etc, a costa de suspender actividades comunitarias de educación o asesoramiento. Entre otras medidas, pusimos en el hospital una radio de largo alcance, lo que de paso nos permitió establecer un sistema de consulta “a distancia” para los casos más complejos durante el periodo de evacuación del personal expatriado.

¿Cómo funciona el mecanismo del “control remoto”?
El control remoto no es sino una forma más de atención en aquellas zonas a las que no podemos acceder y sin embargo consideramos que nuestra presencia es necesaria. Dos de los pilares básicos son la formación del personal nacional que permanece en las actividades, y las garantías de suministro de material y medicamentos. En el caso de la formación, se imparten cursos y, si se detecta algún problema, en los desplazamientos al proyecto, que son de una jornada, se aprovecha para reforzar los puntos más débiles. En cuanto al abastecimiento, buscamos reducir a lo esencial. En MSF trabajamos con una gama de fármacos bastante amplia y adecuada pero en esos casos, tenemos que ir a lo más esencial y llevar los fármacos y material que sean más imprescindibles, de forma que la carga sea más pequeña y la puedas transportar en helicóptero, o llevarlo en trasporte local, que puede moverse con más facilidad.

¿Cómo se atienden las necesidades de la población en los alrededores de Shangil?
Los movimientos están limitados, por lo que fuera del campo contamos con un grupo de trabajadores comunitarios sudaneses que trabajan como educadores. Hacen labores de fomento de la salud, como fomentar que la gente vaya al centro de salud, hablar con las madres para que vayan allí a dar a luz o a vacunar a los niños, y también informarnos a nosotros de qué puede pasar, de algún posible brote epidémico o amenaza de emergencia.

En estas condiciones, ¿cómo realiza MSF el seguimiento de las emergencias, sabiendo por ejemplo que se dan casos de cólera y de meningitis?

Recibimos mucha información de los trabajadores comunitarios y de la propia comunidad y hasta ahora, afortunadamente, no hemos recibido ninguna información que valoráramos que necesitara de una intervención urgente. Pero si ocurre, una posibilidad es hacer desplazamientos diurnos con coche, valorando la posibilidad incluso de un helicóptero en caso necesario, con desplazamientos rápidos y actuaciones concretas, y siempre a la luz del día. En el caso del cólera o la meningitis, la ventaja es que se hace frente a una situación muy concreta, así que en estos desplazamientos diurnos centras toda tu atención en entrenar al personal local en una sola enfermedad. En cuanto al material, usamos los paquetes estandarizados de respuesta a emergencia. Son equipos de medicinas y material diseñados para dar una respuesta rápida a situaciones concretas. Están almacenados en el propio terreno y han sido elaborados a partir de la experiencia que se tiene en este tipo de intervenciones.

¿Cómo se desarrolla una de estas salidas de un día?
En una ocasión nos trasladamos a Bar um Durmah, una localidad cercana a Dar es Salam, que había estado “bajo fuego” por combates; nos habían dicho que había mucha gente sin casa y que el único puesto de salud había sido saqueado. Se preparó la intervención hablando con líderes locales, fuerzas militares, los principales actores humanitarios, otras ONG, y cuando tuvimos claro que podíamos ir, preparamos todo el material y salimos por la mañana desde El Fashir. En aquella ocasión realizamos una pequeña intervención de alivio, por supuesto no pudimos cubrir toda la situación pero al menos distribuimos material de refugio y medicamentos y recabamos información.

¿Qué medidas se han adoptado para mantener los desplazamientos de trabajadores y el transporte de material, minimizando los riesgos para los equipos?
Partimos de la base de que el coche es una herramienta de acceso. Por eso, los desplazamientos desde Shangil Tobaya a El Fashir y a Jartum son en helicóptero o en avión, y en Shangil Tobaya concretamente sólo pueden aterrizar los helicópteros. Otra solución que adoptamos para cubrir los tres kilómetros que separan la casa del personal y el hospital de Shangil Tobaya (a razón de un mínimo de dos desplazamientos por día) fue sustituir los todoterrenos por coches locales. Son pequeñas furgonetas de 14 plazas que son menos “atractivas” de robar, son menos útiles desde el punto de vista de un grupo armado porque no se puede poner una metralleta encima y no se puede llevar a cabo un ataque con ellos. Pero llegamos a barajar todo tipo de posibilidades, incluso hasta el punto de pensar en trasladarnos en burro al hospital.

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