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12.03.2020

“El conflicto en el noreste de Nigeria se está intensificando y las necesidades son masivas”

Luis Eguiluz, nuestro coordinador general en Nigeria durante los últimos dos años y medio, explica nuestro papel en la crisis humanitaria en curso en el noreste del país.

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Llegaste a Nigeria en septiembre de 2017, ¿crees que la situación para la población en Borno ha mejorado en este tiempo?

Tras más de 10 años de conflicto entre grupos armados no estatales y el ejército de Nigeria, la situación solo está empeorando. El conflicto se está intensificando y las necesidades son masivas. La Organización de las Naciones Unidas estima que hay más de dos millones de personas desplazados de sus hogares por culpa de la violencia, y más de siete millones que dependen totalmente de la ayuda humanitaria para sobrevivir. Y el problema más grave es que hay más de un millón de personas que viven en las zonas controladas por los grupos armados no estatales, donde las organizaciones humanitarias no tenemos acceso, y que no reciben ningún tipo de atención. El conflicto puede no ser nuevo, pero esta crisis es extrema y está pasando ahora mismo. En nuestros proyectos, somos testigos del impacto que tiene en la población.

¿Cuál son los principales problemas a la hora de proporcionar asistencia humanitaria en Nigeria?

La situación de seguridad se ha deteriorado claramente en los últimos meses y es un desafío para las organizaciones humanitarias proporcionar la asistencia adecuada a la población. Por un lado, las organizaciones están expuestas a la violencia –lamentablemente, los asesinatos y secuestros de trabajadores humanitarios han aumentado en los últimos meses– y por esta razón, hay menos presencia de actores de ayuda fuera de la capital Maiduguri. Y por otro lado, las leyes de contraterrorismo en Nigeria imponen limitaciones reales a la acción humanitaria y sus principios.

¿Cuáles son las principales necesidades de la población?

En las ciudades de ‘guarnición’ –localidades controladas por el ejército de Nigeria– sigue habiendo necesidades críticas que no están cubiertas, sobre todo en temas de salud, agua, abrigo y protección. En muchos casos, la población depende totalmente de la ayuda humanitaria para sobrevivir. En el caso de Pulka, la población se ha triplicado desde que empezó el conflicto y no hay suficientes campos de cultivo. Además, la población no puede salir fuera del perímetro militar de la ciudad. Si lo hacen, corren el riesgo de ser atacados por grupos armados no estatales o ser considerados parte de estos grupos armados por el ejército nigeriano. Y fuera de las ciudades de ‘guarnición’, creemos que las necesidades serán aún mayores, ya que hay más de un millón de personas que no han recibido asistencia humanitaria desde el comienzo del conflicto.

En localidades como Pulka o Gwoza, los proyectos de MSF tiene un componente de protección, ¿en qué consiste exactamente?

En nuestros proyectos, tenemos equipos que identifican a las personas que son más vulnerables y corren mayor riesgo de sufrir violencia, explotación o la pérdida de derechos o servicios básicos. Nuestra prioridad es garantizar la atención médica. Luego, en función de sus necesidades, identificamos organizaciones que garantizan el acceso a la asistencia y los servicios adecuados, como la protección infantil. Esto es importante sobre todo en el caso de menores no acompañados que llegan a estas ciudades. A menudo, estos niños han experimentado varios episodios de violencia y pueden convertirse fácilmente de nuevo en víctimas de abusos.

¿Habéis visto un aumento en los casos de violencia sexual?

Vemos más casos porque finalmente hemos podido llegar a estas personas –que muchas veces no buscan atención debido al estigma y al miedo– a través del programa de protección y estableciendo una relación de confianza con la comunidad. Sabemos que en situaciones de conflicto, las mujeres y los niños son la población más expuesta a la violencia. Cada vez vemos más casos de víctimas de violencia sexual perpetrados por todas las partes del conflicto. Además, no existen mecanismos de protección que en situaciones normales servirían para prevenir estos abusos o al menos mitigar sus consecuencias.

¿La falta de recursos económicos aumenta la vulnerabilidad de estas personas?

Por supuesto. Las personas desplazadas que no tienen suficiente comida o agua son mucho más vulnerables a la explotación o al abuso. Como dije antes, salir del perímetro de seguridad para conseguir comida o artículos esenciales como leña conlleva riesgos significativos: quienes van más allá del perímetro a menudo son atacados por grupos armados.

A pesar de estos riesgos, y el hecho de que esta situación sigue siendo una emergencia, algunos actores han comenzado a implementar programas de desarrollo en lugar de proporcionar ayuda humanitaria. Esto empuja a las personas a exponerse a riesgos adicionales en un contexto donde la seguridad no está garantizada. Por ejemplo, algunas distribuciones de alimentos se han reducido debido a un cambio en los parámetros que ahora se ajustan más a unas necesidades de desarrollo. Esto obliga a las personas a intentar obtener su propia comida, a menudo más allá del perímetro de seguridad.

 ¿Siguen llegando personas desplazadas hasta las ciudades de ‘guarnición’?

Aunque siguen llegando a localidades como Pulka y Gwoza, ahora mismo llegan menos desplazados desde las zonas controladas por los grupos armados no estatales. Lo que vemos ahora más son personas que se desplazan por segunda o tercera vez desde otra zona controlado por el gobierno hasta esta localidades. Y nos preocupa que se esté fomentando esta política de retorno porque muchas veces la población se mueve a zonas donde no hay servicios básicos suficientes y donde la inseguridad es creciente.

Después de dos años y medios como coordinador general en Nigeria, ¿cuál es tu impresión sobre la crisis humanitaria en Borno?

No hay señales de que la situación vaya a mejorar. Las necesidades más acuciantes no se están cubriendo. Sabemos que el conflicto solo se está intensificando y que nuestro trabajo, proporcionar asistencia médica humanitaria de emergencia, debe continuar. El Gobierno de Nigeria y los actores internacionales no están abordando adecuadamente la gravedad de la crisis. Debemos seguir trabajando y presionando para que la acción humanitaria sea aún una prioridad en esta etapa, cubrir las necesidades más básicas y salvar vidas debe ser la prioridad, y no debemos subestimar la urgencia de esta crisis que sigue siendo una de las más graves de los últimos años.