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01.07.2022

Reclamamos una respuesta urgente para evitar muertes por desnutrición en Borno, Nigeria

La afluencia sin precedentes de niños con desnutrición a nuestro centro de alimentación terapéutica apunta a una crisis nutricional alarmante.

Vista de la unidad de cuidados intensivos (UCI) de niños desnutridos en estado crítico en el hospital de nutrición Nilefa Kiji, gestionado por MSF en Maiduguri, estado de Borno (Nigeria).
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Desde mayo, hemos sido testigo una afluencia sin precedentes de niños y niñas con desnutrición a nuestro centro nutricional en Maiduguri, Nigeria, lo que sugiere la existencia de una crisis nutricional alarmante en el estado de Borno. Pedimos que se escale urgentemente la respuesta humanitaria en Borno antes de la llegada del pico del periodo de escasez de alimentos, que podría ser mucho más grave que en años anteriores si continúan las tendencias actuales.

“Es fundamental que se tomen medidas ahora, antes del pico de desnutrición estacional, para evitar una situación aún peor”, dice Shaukat Muttaqi, nuestro responsable de Operaciones en Nigeria.

“Estamos al comienzo del periodo de escasez de alimentos y nuestros centros ya están sobrecargados con más pacientes de los que hemos visto mensualmente desde que se inauguró el proyecto en 2017. Las tendencias anteriores nos dicen que lo peor está por venir. Es una gran señal de advertencia. A menos que se tomen medidas urgentes de preparación para el pico que se avecina, las personas en Maiduguri sufrirán consecuencias mortales”, afirma Muttaqi.

En lo que va del año, hemos admitido a 2.140 niños y niñas con desnutrición para que reciban atención hospitalaria en el centro de alimentación terapéutica intensiva (ITFC, por sus siglas en inglés), aproximadamente un 50% más que en el mismo periodo del año pasado.

 

Aisha es sostenida por su madre Fanni Ali. Aisha está ingresada en nuestro centro de alimentación terapéutica para pacientes internos del hospital de nutrición Nilefa Kiji, en Maiduguri (estado de Borno, Nigeria).

 

Durante seis semanas en mayo y junio, a pesar de que el pico del periodo de escasez de alimentos apenas había comenzado, llegaron más pacientes con desnutrición que en cualquier otro momento desde que se inauguró el proyecto en 2017, incluso en el pico de años anteriores. Hasta mayo, el programa de alimentación terapéutica ambulatorio experimentó un aumento del 25% en las admisiones en comparación con el año pasado.

En respuesta, hemos ampliado la capacidad existente del ITFC de 120 camas a 200 camas. Aún con esa medida de emergencia, durante algunos días de junio no hubo suficientes camas para todos los niños y niñas con desnutrición que ingresaban a el centro.

Otras organizaciones humanitarias también han estado operando al máximo o más allá de sus capacidades. En algunos casos, las organizaciones han tenido que reducir los servicios debido a la falta de financiación; incluido el cierre de 16 centros de alimentación ambulatorios muy necesarios. Como resultado, y si las tendencias actuales continúan, los servicios se verán desbordados y muchos más niños y niñas con desnutrición correrán el riesgo de morir.

“Necesitamos ver un aumento urgente en la capacidad hospitalaria para el tratamiento de niños y niñas con desnutrición severa, pero debe realizarse de forma paralela a una gran ampliación de las intervenciones a nivel comunitario para adelantarnos al peor de los casos,” explica Muttaqi. “Eso significa expandir los programas de alimentación ambulatorios, la seguridad alimentaria, la inmunización y el acceso al agua y servicios de higiene”.

En el estado de Borno, la desnutrición es una preocupación crónica que abarca muchos aspectos, y ha sido impulsada por el impacto acumulativo del desplazamiento, la inseguridad, la pobreza, la falta de acceso a la atención médica y otros factores. Históricamente, es más aguda entre finales de junio y principios de septiembre durante la temporada de escasez de alimentos, el periodo entre la siembra de cultivos y la cosecha. Los factores adicionales que agregan más presión –como la baja cobertura de inmunización o la falta de acceso a agua potable, higiene y atención médica–, se combinan muy frecuentemente con la inseguridad alimentaria crónica y producen efectos devastadores entre los más pequeños.

Los brotes periódicos de enfermedades, en particular el sarampión y el cólera, así como los picos estacionales de malaria, pueden agravar aún más la situación. El año pasado Nigeria experimentó un brote de cólera excepcionalmente grande, y las tasas de inmunización entre los niños y niñas del estado de Borno son alarmantemente bajas. El acceso a la atención médica también es un desafío diario para la población, en particular para aquellas que se encuentran desplazadas.

 

El Dr. Bukar M. Galtimar examinando a un niño gravemente desnutrido ingresado en nuestro centro de alimentación terapéutica (ITFC) del hospital de nutrición Nilefa Kiji, en Maiduguri, estado de Borno (Nigeria).

 

“Mis hijos nunca recibieron vacunas, salvo sus inmunizaciones al nacer. Mi hijo de cuatro años se enferma todos los años durante la temporada de lluvias. No hay un centro médico gratuito en nuestra área, así que lo llevo a la farmacia y compro medicamentos allí”, dice Hussaina Ali, cuyo hijo menor tiene desnutrición y está recibiendo tratamiento en el ITFC.

El impacto acumulativo de años de conflicto e inseguridad continúa provocando desplazamientos, lo que socava la capacidad de las personas para cultivar alimentos y acceder a la atención médica. Como resultado, el aumento de los precios de los alimentos está afectando especialmente a las personas desplazadas. En nuestro ITFC, el 32% de los niños y niñas admitidas con desnutrición pertenecen a familias de personas desplazadas internamente, que dependen de la asistencia humanitaria.

“A medida que se acerca el pico tradicional de escasez de alimentos, Borno se encuentra al borde de una crisis que podría poner en peligro la vida de miles de niños y niñas”, dice el Dr. Htet Aung Kyi, nuestro coordinador médico en Nigeria.

No hay tiempo que perder. Ahora se necesita una escalada urgente de la respuesta nutricional, y las organizaciones humanitarias deben estar mucho mejor preparadas para el pico”, dice Kyi. “Esto implica abordar la desnutrición aumentando la respuesta médica, pero también evitando amenazas para la salud como el sarampión, el cólera y otros brotes de enfermedades infecciosas”.