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23.06.2010

No podemos rendirnos

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No hace ni quince años, existía la idea (conveniente para muchos) de que el sida no podía tratarse en los países pobres. O lo que es lo mismo, que había que dejar a su suerte a los millones de víctimas de la pandemia sin ni siquiera intentarlo. Afortunadamente algunos se arremangaron, y sistemas de salud de países afectados, agencias internacionales y organizaciones no gubernamentales lanzaron ambiciosos programas de tratamiento gracias al compromiso sostenido de los donantes de fondos.

Pero hoy en día ese compromiso empieza a tambalearse... ¡precisamente ahora que tanto se había avanzado, y que tanto (o más) queda por hacer!

 

En el último año y medio, las principales instituciones financiadoras de la lucha contra el sida, como el Plan Presidencial de Emergencia de Respuesta al Sida de Estados Unidos (PEPFAR), el Banco Mundial, el Fondo Internacional para la Compra de Medicamentos de Naciones Unidas (UNITAID) y los países donantes del Fondo Mundial para la Lucha contra el Sida (ONU) han decidido limitar, reducir o retirar sus aportaciones a los programas de tratamiento con antirretrovirales (ARV).

Por ejemplo, en 2009, PEPFAR redujo por primera vez su presupuesto para tratamiento, pasando de 1.560 millones de dólares el año anterior a 1.380 millones de dólares; y dentro de esta reducción, la asignación para medicamentos ARV se redujo un 17% (de 477 a 394 millones). Los efectos de reducir o congelar la financiación del tratamiento para el VIH/sida se traducen en una clara disminución del número de personas que reciben tratamiento.

Sudáfrica, es uno de los países en los que ya se han dejado sentir las consecuencias: de ahora en adelante, tanto los antirretrovirales como los fármacos para infecciones oportunistas y los suministros de laboratorio que anteriormente proporcionaba PEPFAR a centros médicos privados tendrán que ser asumidos por el Gobierno sudafricano.

 

Varios centros sudafricanos financiados por PEPFAR ya han empezando a limitar o incluso detener la iniciación de terapia antirretroviral para nuevos pacientes, tras recibir la orden de recortar gastos. En la provincia de Mpumalanga, entre noviembre de 2009 y febrero de 2010, se denegó la iniciación de terapia a unas 240 personas. En la provincia de Free State, en estos momentos la continuidad del tratamiento de 2.500 pacientes en centros privados y en consultas generales está en el aire.

Y lo que está ocurriendo en Sudáfrica se está dando también en Lesotho, Zimbabue, Mozambique, Malaui, Kenia, República Democrática del Congo y Uganda, según el estudio “No es momento de rendirse: la brecha del tratamiento del sida en África se ensancha”, que ha llevado a cabo nuestra organización. La crisis podría agravarse si se confirman anuncios como los realizados por los Gobiernos de Estados Unidos, Países Bajos o Irlanda, que pretenden reducir sus aportaciones al Fondo Mundial, la institución financiadora más importante en la lucha contra el VIH/sida.

 

Esta retirada de los donantes, este incumplimiento de compromisos, impedirá que más personas con VIH accedan a tratamiento, y amenazará con socavar todos los avances logrados desde que se introdujo la terapia antirretroviral. Las rupturas de stock de medicamentos ya son una realidad, y serán cada vez más frecuentes si los fondos escasean. La terapia antirretroviral es, además, un tratamiento de por vida, lo que significa que el número de pacientes en tratamiento aumenta de forma acumulativa cada año, y ello a su vez requiere cada vez más fondos sostenibles.

El sida sigue siendo una emergencia global. Negar esta evidencia y reducir los fondos destinados al tratamiento de pacientes nos retrotrae a los tiempos en los que se decía que el sida no podía tratarse en África. Ahora que tantos han salvado la vida, existe un riesgo real de que muchos mueran en los próximos años si no se dan los pasos necesarios ahora para mantener y ampliar los actuales programas de tratamiento.

“La disponibilidad de antirretrovirales no sólo me ha alargado la vida a mí, sino que también ha ayudado muchísimo al bienestar social y económico de nuestro pueblo. Si hoy dijeras que vas a dejar de darnos tratamiento, el efecto sería devastador. Volveríamos a la época en la que cada día oficiábamos funerales y en la que los hospitales estaban llenos de pacientes en cuidados paliativos”, Jefe Nthyolola, paciente seropositivo, Malaui.

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