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21.11.2005

Pakistán: "Existe un riesgo real de una segunda ola de mortalidad"

La doctora Mercedes Tatay, responsable de programas de emergencia de Médicos Sin Fronteras (MSF) en París, nos habla de la magnitud de la devastación causada por el terremoto del 8 de octubre.

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Mercedes Tatay describe la vulnerabilidad extrema de la población afectada por el seísmo y comparte su preocupación acerca de una segunda ola de mortalidad. Actualmente, se encuentra en Mansehra, Pakistán, supervisando las operaciones de ayuda de MSF.

¿Cómo describirías esta catástrofe en relación con las muchas otras a las que ha respondido MSF en el pasado? ¿Qué tiene de especial?

La característica más impresionante de esta catástrofe es su propia magnitud: el número de personas que necesitan asistencia médica es extremadamente alto. Estamos hablando de unos tres millones de damnificados directa o indirectamente privados de abrigo.
El volumen de heridos es inusualmente grande y el acceso a ellos muy difícil. Se estima que el tsunami que se produjo el año pasado en el sudeste asiático se cobró 200.000 vidas y provocó 20.000 heridos, una proporción de 10 heridos por cada 100 muertos. En el terremoto del 8 de octubre, el número de heridos es proporcionalmente mucho más elevado, con 60.000 muertos y cerca de 80.000 heridos, una proporción de 130 heridos por cada 100 muertos. Asimismo, llegar a los supervivientes del tsunami fue relativamente fácil dado que se trataba de un terreno plano y próximo a la costa. En las zonas afectadas por el seísmo, muchas personas están tan aisladas en zonas montañosas que sólo podemos llegar a ellas en helicóptero. Esto, junto con las condiciones de vida extremadamente duras, hace que el número de personas que necesitan ayuda sea muy elevado. Hay un riesgo real de una segunda ola de mortalidad: si no conseguimos ayudarles, estas personas morirán. Se trata de una carrera por la supervivencia.

¿Cuáles serían las causas de mortalidad en esta segunda ola?

Ahora las principales causas de mortalidad están relacionadas con la extrema vulnerabilidad de la población. Además de traumatismos, nuestros equipos médicos ya han podido observar un incremento de afecciones relacionadas con condiciones de vida absolutamente precarias: infecciones respiratorias, hipotermia, infecciones de la piel y enfermedades diarreicas. Una parte clave de nuestra operación se ha centrado en mejorar las condiciones de vida, proporcionando abrigo adecuado con calefacción, agua potable y unas condiciones de saneamiento apropiadas. Uno de los grandes interrogantes en los próximos días será el alcance del movimiento de población. Si ello acarrea hacinamiento y una higiene deficiente, el riesgo de brotes epidémicos como la fiebre tifoidea o el cólera aumentará. De momento, nuestros equipos no han observado elevadas concentraciones de personas desplazadas, pero estamos siguiendo la situación muy de cerca.


¿Por qué el número de heridos ha sido tan elevado y cómo influye esto en la asistencia médica?

En parte está relacionado con el tipo de construcciones y con la hora en la que ocurrió el desastre. En esta zona, la mayoría de casas están hechas de cemento y quedaron destruidas durante el seísmo, causando fracturas y heridas de gravedad. Además, muchas personas se encontraban todavía en casa cuando se produjo la primera sacudida. En lo que respecta a la asistencia médica, nuestros equipos están tratando muchos traumatismos. Para responder a esto, hemos instalado una tienda destinada a casos quirúrgicos en Bagh y Manshera. Además, nuestros cirujanos trabajan en algunos hospitales pakistaníes a fin de mejorar la calidad de la atención médica y hacer el seguimiento de los heridos graves.


¿Cuáles son los principales retos a los que os enfrentáis? ¿Cuánto tiempo piensa quedarse MSF en la zona?

La combinación de importantes necesidades médicas, un sistema de salud destruido y grandes problemas logísticos –tanto en materia de acceso como de condiciones climáticas– conlleva desalentadores desafíos. El terremoto hizo estragos en muchos hospitales y las réplicas en los días que siguieron acabaron por derrumbar lo que aún se mantenía en pie, obligando a pacientes y personal sanitario a instalarse en estructuras temporales y extremadamente precarias. Esto para las personas que consiguieron llegar a los hospitales. También tenemos que encontrar formas de llegar a una gran parte de la población que se encuentra dispersa en esta región montañosa. A veces, resulta simplemente imposible llegar a ellas, ni siquiera en helicóptero. El invierno ya está aquí y a medida que avance, las carreteras se harán más y más impracticables. Por decirlo de alguna forma, nos encontramos ante un entorno hostil para el despliegue de una intervención de emergencia. De acuerdo con la información de la que disponemos, MSF pretende quedarse por lo menos durante el invierno y probablemente incluso más.

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