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03.04.2013

Palestina: la lucha contra la desesperanza

Los retos del apoyo psicosocial a menores en conflictos de larga duración.

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Desde su ocupación, en Cisjordania existe un despliegue masivo del ejército Israelí. Es un complejo sistema para mantener el control sobre la población que va mucho más allá del muro de separación. La población palestina está sometida a diario a controles fijos y móviles, torres de vigilancia, registros y bloqueo de carreteras. A esto se suma la expansión de los asentamientos en la zona, considerados ilegales según el Derecho Internacional Humanitario (DIH), pero que están bajo la seguridad del ejército Israelí.

En Hebrón, que es el municipio más poblado de Cisjordania, existen varios asentamientos israelíes. Uno de ellos está en el centro histórico y la seguridad de sus 800 colonos está a cargo de alrededor de un millar de soldados Israelíes.

El acoso constante de los colonos y ejército israelí, las restricciones de movimiento y  la violencia entre facciones palestinas son parte del día a día de la población civil. Esta situación lógicamente genera miedo, desesperanza y frustración sostenida, lo que termina teniendo un impacto muy negativo en la salud mental de la población, con consecuencias especialmente graves en los niños.

Los niños, además de ser testigos de estas situaciones a diario, son también a veces objeto directo de abusos. Según el derecho militar que Israel ha impuesto en los Territorios ocupados los niños a partir de los 12 años pueden ser encarcelados. De 16 en adelante reciben el mismo trato que un adulto. Numerosos informes publicados por organizaciones como UNICEF desvelan graves abusos cometidos durante las detenciones, interrogatorios o encarcelamientos de menores por parte de las fuerzas armadas Israelíes.

Más de la mitad de las personas atendidas en el programa en el último año son menores que han pasado por situaciones muy violentas relacionadas con el conflicto. Una de las más frecuentes son las incursiones del ejército israelí en las casas palestinas. Según informes de Naciones Unidas, en Cisjordania se dan más de 60 a la semana.  Son operaciones de acordonamiento y búsqueda de presuntos activistas en las que el ejército irrumpe en plena noche en las casas. Suelen ser situaciones muy violentas, que implican gran número de soldados armados, gases lacrimógenos, perros, agresiones y destrucción de muebles. A menudo terminan con la detención de uno o varios miembros de la familia. La sensación de humillación y desamparo de las familias ante estas situaciones es tremenda.

En el programa trabajamos con muchos niños que han sufrido estas incursiones y presentan graves consecuencias psicológicas: aislamiento, alerta constante, terrores nocturnos,  agresividad…también son frecuentes los síntomas de regresión en el desarrollo: problemas para controlar la orina, y alteraciones del lenguaje y el comportamiento. La constante tensión suele dar lugar también problemas físicos como fatiga, dolores corporales, alteraciones del sueño y el apetito… Estas reacciones, que son lógicas, resultan muy desbordantes para los niños y sus familias, y pueden llegar a tener un impacto irreversible en el desarrollo si no se manejan a tiempo.

Un equipo multidisciplinar compuesto por varios psicólogos (tanto palestinos como internacionales), trabajadores sociales y una médica de familia es el que se encarga de prestar atención a esta población.

El apoyo psicosocial especializado tiene como objetivo aliviar el sufrimiento de estos niños y sus familias y ayudarles a superar las consecuencias de la violencia. También tratamos de fortalecer su capacidad para afrontar nuevas dificultades, ya que el entorno es y seguirá siendo violento y amenazante. El apoyo se realiza de forma individual, familiar o grupal. La identificación de las propias fortalezas y el  trabajo con redes de apoyo comunitarias es clave para lograr éstos objetivos.

Recientemente hemos iniciado un programa similar en la parte oriental de Jerusalén, que desde los ochenta por decisión unilateral Israelí se encuentra en su lado del muro de separación. Es un complejo contexto urbano donde se desarrolla una verdadera batalla geopolítica. Los menores, atrapados en medio del tira y afloja de intereses y presiones, son de nuevo los más vulnerables. Aquí, el posicionamiento activo de niños y jóvenes es fomentado y castigado de forma igualmente implacable por ambos bandos. Trastornos de ansiedad y del estado de ánimo o trastornos adaptativos son cuadros frecuentemente observados entre los menores que acuden al programa en busca de apoyo.

Lo más perturbador de los conflictos armados es la pérdida de las referencias básicas para mantener la identidad del individuo (territorio, familia, pertenencias, estatus, dignidad,...), y dan paso al desamparo y el temor, la incertidumbre absoluta sobre el futuro. La vida cotidiana pierde bruscamente su estructura. Adaptarse  a todos estos cambios exige un tremendo esfuerzo personal, familiar y comunitario y a menudo mucho sufrimiento. Ansiedad, tristeza, culpa o frustración son emociones permanentemente expresadas por las personas con las que trabajamos. Nosotros tratamos de acompañar a las víctimas en estos procesos de afrontamiento de lo sucedido y adaptación a sus consecuencias.

El manejo empieza por legitimar esas reacciones, y facilitar que quien las sufre las comprenda y las integre como respuestas lógicas ante la situación vivida. Esto ayuda a contenerlas y evitar que se desborden.   Tratamos de generar espacios privados y seguros para compartir la vivencia y reflexionar sobre sus consecuencias, tomar decisiones y acciones que ayuden a aliviar el dolor, desde los propios recursos de la persona y la comunidad.

La intervención de MSF en los Territorios palestinos ocupados supone un reto importante debido sobre todo a la complejidad del contexto. Y no se trata solo del conflicto Israel-Palestino sino también de la violencia interna entre facciones Palestinas y de todas las consecuencias crónicas de la larga duración de la ocupación: problemas de acceso a la salud y el empleo, violencia social y doméstica.  El personal de MSF lucha por atender a las victimas sin perder una postura de neutralidad con respecto a las partes en conflicto. Pero el desgaste de los mecanismos de afrontamiento de la población y las condiciones de exclusión crónica que la violencia y la impunidad han generado, dan lugar a una desesperanza que pone a prueba a diario la capacidad de equipos y beneficiarios para sobreponerse y soñar otro futuro.  

María Cristóbal, coordinadora de salud mental de MSF-OCBA en los Territorios Palestinos Ocupados

MSF trabaja en los Territorios palestinos ocupados de Cisjordania desde la primera Intifada. Más adelante, en el año 2000, se detecta la necesidad de complementar las actividades médicas con un programa de atención psicosocial que lleva en marcha ya más de 10 años. En 2012 se han realizado cerca de cuatro mil consultas.

 

 

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