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22.03.2006

Perú: la lucha contra el VIH/SIDA en una prisión superpoblada

Después de cinco años trabajando en la cárcel de Lurigancho, donde el riesgo de contraer el VIH es de cinco a siete veces mayor que en las calles de Lima, MSF publica un libro sobre las lecciones aprendidas.

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Tras cinco años de trabajo en la prisión de Lurigancho, en Lima, Médicos Sin Fronteras publica un libro, titulado Lecciones Aprendidas: una experiencia de trabajo multidisciplinar con ITS y el VIH/SIDA en la cárcel de Lurigancho en Lima, Perú, y empieza a traspasar a las autoridades este proyecto situado en el corazón de una de las cárceles más pobladas de América Latina. La autoridad nacional penitenciaria tiene ahora los medios y la capacidad de continuar el trabajo. MSF continuará apoyando a los trabajadores de salud en el interior de Lurigancho hasta finales de 2006.

Hoy, Lurigancho cuenta con más de 8.500 reclusos cuando en realidad fue concebida para albergar a 1.500. A finales de los años 90, MSF recibió la autorización para visitar la cárcel y realizar un estudio de incidencia de la tuberculosis (TB) y las infecciones de transmisión sexual (ITS), principalmente el VIH/SIDA. Los resultados de este estudio llevaron a MSF a poner en marcha un programa de control de las ITS y del VIH en Lurigancho.

En el interior de la prisión, el riesgo de contraer el VIH es de cinco a siete veces mayor que en las calles de Lima. Durante los días de visita, una media de 4.000 personas entran en el establecimiento penitenciario. Se trata de familiares, amigos, comerciantes, que con su contacto con los internos contribuyen a propagar las enfermedades infecciosas a los reclusos.

En el año 2000, MSF puso en marcha un proyecto en la cárcel, en colaboración con la autoridad nacional penitenciaria. El enfoque multidisciplinar del programa de control de las ITS y del VIH/SIDA ha permitido al equipo mejorar la calidad de la atención médica y el tratamiento dispensado a las personas afectadas por el VIH/SIDA así como también formar a profesionales de otras disciplinas (como psicólogos, trabajadores sociales y educadores). Este enfoque también ha permitido apoyar a los grupos más vulnerables y, de forma general, mostrar que es posible ofrecer tratamiento adecuado a las personas con ITS y prestar asistencia médica integral a personas afectadas con el VIH/SIDA en contextos tan complejos como las cárceles.

“Trabajar en una prisión ha sido una experiencia única y un nuevo reto en la prevención del VIH/SIDA”, explica Piero Gandini, jefe de misión de MSF en Perú. “A lo largo de estos cinco años, las actividades han sido diversas, con un importante número de discusiones, de logros y también de fracasos. En el libro Lecciones Aprendidas, hemos intentado resumir las informaciones y las anécdotas más relevantes, el corazón de la historia del proyecto”.

Lurigancho dispone de una organización interna típica: la cárcel está destinada a hombres encarcelados por crímenes de derecho común, como robos con agravante, asesinato, posesión ilegal de armas de fuego, crímenes sexuales o tráfico de drogas . Nuevos reclusos que jamás antes habían estado encarcelados se ven encerrados junto a reincidentes. La cárcel se convierte es una gran comunidad con su propia organización que funciona como una pequeña ciudad, con sus barrios, su propia cultura, sus servicios y su economía. La población reclusa dispone de sus propios representantes, que nombra a sus "delegados".

La situación sanitaria es crítica. Los comportamientos de riesgo son muy frecuentes y van desde relaciones sexuales no protegidas a tatuajes poco seguros, abuso de estupefacientes y violencia sexual. Asimismo, la discriminación y el estigma convierten la vida de las personas afectadas por el VIH/SIDA en un infierno.

“En el bloque de las celdas, te discriminan con sus miradas, te miran como si estuvieses muerto, como si les hubieses insultado”, explica un recluso seropositivo. “Esto te desanima. Te gritan delante de todo el mundo: ‘¡Eh, Señor SIDA, haz cola si quieres comer!’ Te humillan y esto te violenta. Entonces, los que tienen VIH no salen de su celda o no van a buscar la comida porque tiene miedo. A veces, dejan el bloque de las celdas para irse a vivir fuera, en los pasillos o en alguna otra parte. Es duro pero piensan que es mejor así pues de esta forma nadie les recuerda constantemente que están enfermos...”

Hoy, el nivel de atención sanitaria y de seguimiento para las personas con VIH/SIDA es todavía insuficiente. En octubre de 2005, MSF trataba a 97 personas seropositivas en la cárcel Lurigancho. Sin embargo, se trata de una población fluctuante debido al gran volumen de admisiones y salidas del programa. A día de hoy, 17 residentes han empezado el tratamiento antirretroviral. Es necesario incrementar el número de pacientes y mejorar la calidad de la atención al VIH/SIDA que dispensa el centro de salud de la cárcel.

“Presentamos nuestras Lecciones Aprendidas con nuestros errores y logros, esperando que sean de utilidad para todos los profesionales de la salud que trabajan en las cárceles”, concluye Piero Gandini. “Hoy, cuando un periodo del proyecto llega a su fin, deseamos compartir nuestra experiencia y aportarla al debate sobre las formas de combatir el VIH/SIDA y las ITS en situaciones complejas”.

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