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28.10.2014

"A pesar de su alta mortalidad, el Ébola mata a menos gente que el sarampión, la desnutrición o la malaria"

Entrevista a la doctora Orsola Sironi, coordinadora médica de Centro de Tratamiento de Ébola en Lokolia, República Democrática del Congo.

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  • "El Ébola mata a menos gente que el sarampión, la desnutrición o la malaria. Tenemos que ser capaces de tratar también estas otras enfermedades"
  • "El ingreso y tratamiento de casos es sólo una parte de una respuesta más amplia. La vigilancia y la sensibilización son también fundamentales para contener el brote" 
  • “La mayoría de las personas curadas expresan su gratitud sensibilizando a sus comunidades y trabajando como cuidadores de pacientes en el centro de tratamiento”

Orsola Sironi nunca pensó en formar parte de un equipo de tratamiento de Ébola. "Yo les decía a mis amigos que nunca aceptaría un puesto en el Ébola", admite. A pesar de sus dudas iniciales, es integrante de los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) que luchan con el brote del temido virus en la provincia de Equateur, en el norte de la República Democrática del Congo (RDC).

Sironi participó en la exploración inicial en esa remota área del país africano hace unos tres meses, y hasta hace poco era coordinadora médica del centro de tratamiento de Ébola en Lokolia, una de las dos localidades de la zona en las que MSF ha levantado centros para pacientes de esta enfermedad.

Sin relación con el que arrasa África occidental, el brote de la RDC comenzó en agosto pasado y, desde entonces, MSF ha desplegado cerca de 70 miembros de su equipo para dar apoyo a las autoridades locales en su lucha contra la epidemia. A 19 de octubre, 62 personas habían sido ingresadas en los centros establecidos en Lokolia y Boende, y la infección se había confirmado en 25 personas, de las que 13 han recuperado, mientras que 12 han muerto.

¿Cómo comenzó esta intervención?

Empecé a trabajar en esta intervención de Ébola cuando todavía era considerada como consecuencia de una fiebre de naturaleza indeterminada. Yo era parte del equipo que intentaba determinar qué tipo de enfermedad era. Resultó ser Ébola. Lo curioso es que antes de esa misión exploratoria, viendo lo que pasa en África occidental, les decía a mis amigos que nunca iba a aceptar un puesto en el Ébola.

Mi primer temor era, sobre todo, por la información de los medios de comunicación sobre el poco nivel de aceptación por parte de la población y por la deshumanización de un personal que tiene que trabajar vestido como astronautas.


¿Cuáles son los principales retos de este brote?

Para mí uno de los aspectos más difíciles de esta intervención es que por cada paciente que ingresamos en el centro de tratamiento hay muchos contactos dentro de la comunidad. El ingreso y tratamiento de casos es sólo una parte de una respuesta más amplia. La vigilancia y la sensibilización son también fundamentales para contener el brote.

La logística de esta intervención también representa un desafío. Estamos trabajando en una zona muy aislada y estoy realmente impresionada por el trabajo de nuestros equipos logísticos: hemos sido capaces de crear un centro de tratamiento completo en medio de un bosque ecuatorial y en muy poco tiempo. A veces nos olvidamos de que el entorno aquí significa falta de carreteras, de vías de comunicación y la consiguiente dificultad para transportar materiales y acceder a la población.

A pesar de todo, hay que tener muy en cuenta las otras enfermedades y las crisis que afectan a este enorme país. Tenemos que mantener nuestra capacidad de reacción ante otras necesidades urgentes de la población. A pesar de su alta mortalidad y de su elevado grado de transmisibilidad, el Ébola mata a menos gente que el sarampión, la desnutrición o la malaria. Tenemos que ser capaces de tratar también estas otras enfermedades.

¿Cómo se enfrenta a este escenario en un nivel personal?

El Ébola puede ser un contexto con mucho contenido emocional. Una entra en contacto con pacientes que han perdido a toda su familia. Sucede el ver a una madre que muere y cuyo bebé fallece al cabo de unos días. Pero al mismo tiempo es realmente gratificante ver a pacientes derrotar el virus y recuperarse. La mayoría de ellos expresan su gratitud sensibilizando a sus comunidades y trabajando como cuidadores de pacientes en el centro de tratamiento. Por ejemplo, el primero de nuestros pacientes recuperados cuida de los bebés de un paciente recientemente ingresado. Casos como éste nos ayudan a mantener la esperanza y el ánimo frente a las dificultades del día a día de nuestro trabajo.

 

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