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12.03.2007

“Pocas organizaciones tienen el valor y la oportunidad de entrar en contextos como éstos”

Entrevista con Loris De Filippi, ex-coordinador general de MSF en Haití

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Acabas de regresar de Puerto Príncipe (Haití) donde has abierto dos proyectos en un contexto de violencia urbana, en Cité Soleil y Martissant. ¿Cómo definirías este marco de violencia urbana?
En muchos barrios de chabolas en el mundo se vive una situación de guerra no declarada; con un número de heridos por arma de fuego extremadamente alto; muchos asesinatos; la población no sale de sus casas por miedo y cuando se ve forzada a hacerlo, muchas veces es víctima del fuego cruzado. Muchas veces, este tipo de contexto es considerado como un conflicto de segunda clase y ni siquiera los periódicos locales llevan la triste cuenta del número de víctimas. Pocas organizaciones tienen el valor y la oportunidad de entrar en contextos como éstos. A veces, la policía y las fuerzas internacionales de paz responden de forma exagerada a los ataques de los grupos armados, pero no hay nadie allí que pueda dar un testimonio fiable de la situación.

¿Qué significa para una organización humanitaria como MSF trabajar en un contexto de violencia urbana y cuáles son sus particularidades?

Primero de todo, significa responder al mandato y los principios de la organización, poniéndonos al servicio de las personas que son víctimas de violencia y no tienen acceso a la asistencia médica, sobre todo en contextos tan inestables. Implica tener que tratar con las autoridades locales y con los líderes de los grupos armados, sin que te chantajeen, extorsionen u otro tipo de presiones. Esto significa conocer muy bien la evaluación del contexto que experimenta cambios constantes, de hora en hora. Además, nos obliga a poner la seguridad de nuestros trabajadores y pacientes en el centro de nuestras actividades y a tener en cuenta el estrés al que están sometidos constantemente.

¿Cómo se pueden aplicar los principios de imparcialidad, independencia y neutralidad en Cité Soleil o en Martissant, donde diferentes grupos armados luchan entre ellos y contra las fuerzas de paz de las Naciones Unidas?
En los dos casos es muy difícil, aunque los dos contextos son completamente diferentes. Los principios de las actividades de MSF deben repetirse con frecuencia, en reuniones con los líderes de los grupos armados y negociando personalmente los métodos .
Indiscutiblemente, es menos complicado gestionar proyectos en una zona de conflicto urbano como Cité Soleil, donde las fuerzas internacionales para el reestablecimiento de la paz y los grupos armados organizados se enfrentan por el territorio. Los actores pueden ser más fácilmente identificables y la dinámica de los enfrentamientos es más previsible. Regularmente nos reuninos con soldados de las Naciones Unidas y líderes de los grupos armados para enseñar nuestros proyectos y la manera en la que trabajamos; no dejamos nada al azar. Las dos partes beligerantes saben cada día la ruta que van a hacer nuestros convoys para llegar a las clínicas donde trabajamos. También estamos en contacto constante con los beligerantes durante los enfrentamientos para entender las dinámicas y decidir nuestros movimientos.

La situación en Martissant, otro barrio de chabolas con una población aproximada de 300.000 personas, es muy diferente y más complicada. No nos enfrentamos a un conflicto declarado entre dos bandos en guerra, las Convenciones de Ginebra no son totalmente aplicables y esto hace extremadamente difícil convencer a los grupos armados de la importancia de respetar a los heridos enemigos. Como mínimo seis grupos armados están enfrentados entre ellos. La violencia y la intensidad de los enfrentamientos ha aumentado exponencialmente desde el pasado julio. El antagonismo entre los grupos nos obliga a multiplicar nuestros esfuerzos para negociar y pedir que se respete nuestro espacio de acción. Es crucial comprender la dinámica de los enfrentamientos y si es posible anticiparse a las venganzas y represalias transversales. Estamos en contacto constante con los diferentes líderes y la principal petición que hacemos, que respeten la clínica donde trabajamos como zona neutral, nos ha dado excelentes resultados hasta ahora.

¿Por qué decidiste abrir estos dos proyectos en estos dos suburbios?

Normalmente, MSF abre un proyecto cuando identifica a una población que vive en situación precaria y sin acceso a la atención sanitaria. Decidimos intervenir en los suburbios de Haití a consecuencia de la crisis política que causó la revolución de 2004 y la huída del expresidente Jean Bertrand Aristide. Las tasas de mortalidad y morbilidad, así como la falta de cualquier tipo de asistencia de salud, había empeorado y sentimos que nuestra intervención debía ser en un barrio de chabolas donde vivían más de 250.000 personas y no había ninguna estructura de salud. Martissant es el epicentro de un conflicto criminal-político entres grupos armados rivales; la presencia de fuerzas internacionales de paz es poco más que simbólica; ninguna organización no gubernamental ha intentado romper el aislamiento de al menos 300.000 personas que viven sin una solo farmacia ni centro de salud ni hospital. Cité Soleil y Martissant son consideradas zonas “rojas”, áreas peligrosas para las Naciones Unidas. Está absolutamente prohibido par el personal civil de las agencias de NNUU entrar en estas áreas. Este veto se traduce en una fuerte recomendación a otras organizaciones internacionales para que no intervengan. Creo que se deben hacer todo lo posible, con los medios disponibles, para entrar en estas zonas “rojas” y trabajar, naturalmente reduciendo los riesgo de los trabajadores al mínimo. En el hospital de Cité Soleil, cada mes nacen 300 niños y se llevan a cabo 160 operaciones.

Trabajar en contextos de violencia urbana es extremadamente peligroso. El año pasado el hospital de Cité Soleil fue golpeado en varias ocasiones. ¿Cómo se calculan y se gestionan los riesgos de los trabajadores y los beneficiarios?
En Cité Soleil, los enfrentamientos con armas de fuego son diarios; la gestión de la seguridad es una prioridad para el jefe de la misión y para el coordinador local de las actividades. Los contactos con las fuerzas beligerantes son extremadamente frecuentes y se hacen rápidas investigaciones para determinar las razones que hay detrás de los disparos o las dinámicas de las escaramuzas.
No se hacen movimientos cuando hay conflicto abierto. Normalmente, confirmanos los altos al fuego temporales con las dos partes para poder pasar con nuestros coches, durante más de un año y medio, entrando y saliendo en convoy. Dentro y fuera de nuestros centros hemos construido protecciones físicas (muros, sacos de arena y barreras metálicos) para evitar que las balas entren.

¿Qué impacto tiene este contexto en el equipo de trabajadores internacionales y nacionales?

La rotación es muy alta; el nivel de estrés diario causado por los tiroteos y la omnipresente tensión hace que los trabajadores internacionales no estén mucho tiempo en el proyecto, y el personal nacional sufre una fuerte presión de sus familiares para que no trabaje en lugares como Cité Soleil o Martissant, que están considerados por la opinión pública como barrios dominados por bandidos. La violencia que se vive a diario en estos suburbios es muchas veces insoportable; en el hospital de Cité Soleil atendemos aproximadamente 200 heridos por armas blancas al mes, sin contar las víctimas de las armas de fuego ni las heridas provocadas con objetos contundentes.

¿Tienes algún episodio, alguna anécdota, que recuerdes más que el resto?
Definitivamente, lo que más recuerdo son las manchas de sangre de muchas personas muertas, asesinadas y abandonadas a un lado de la carretera entre montones de basura. Y también la formación y la profesionalidad del equipo, sobre todo durante las grandes emergencias, particularmente una que tuvo lugar el 22 de diciembre de 2006 cuando 26 personas, heridos por armas de fuego, llegaron al hospital de Cité Soleil en muy poco tiempo. Entre todas estas incalculables emociones, recuerdo un chico que llegó con un corte en la cara. Le pregunté qué había pasado; me contestó que se lo había hecho él mismo con una cometa. Me quedé atónito y le dije que me explicara cómo había pasado. Me dijo que había una cuchilla atada a la cometa para intentar cortar el hilo de la cometa “enemiga”. Hasta entonces, creía que más que cualquier otro juego, las cometas representaban el deseo de los niños de elevarse por el aire y tener libertad; en Cité Soleil, sin embargo, es una manera más de usar la violencia para imponer la propia supremacía sobre la de los otros.

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