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09.02.2015

RCA: “El sufrimiento de la gente es el combustible del conflicto armado”

Entrevista a Jean Philippe García de la Rosa, responsable de Logística en RCA durante 2014.

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Jean Phillipe acaba de finalizar su misión como responsable de logística en los proyectos de MSF en la República Centroafricana (RCA) a lo largo del
pasado año. Ha visto la evolución de un conflicto que saltó a las portadas de los periódicos a finales de 2013 con la explosión de violencia vivida
entre milicias opuestas en un país pequeño y olvidado, pero que desde hace una década sufre una guerra intermitente que no cesa. El conflicto ha
llevado a la mayoría de la población a la miseria y mantiene a cientos de miles de personas lejos de sus hogares.

Tras los violentos combates de hace algo más de un año, ¿ha mejorado la situación en el país?

La RCA tiene los mismos problemas que hace un año y las perspectivas no han mejorado. Los problemas de fondo, como el enfrentamiento ya ancestral entre pastores y agricultores, no encuentran ninguna solución, y cada vez más personas recurren a la violencia para solucionarlos.

La vida diaria de la gente sigue llena de dificultades, solo hay que ver la subida de los precios de los productos básicos. La población sigue sufriendo y eso es el combustible del conflicto armado. La angustia y desesperanza que sienten muchos jóvenes los impulsa a unirse a los grupos armados . Por ejemplo, muchos jóvenes musulmanes que tuvieron huir de Bangui por las persecuciones desatadas hace un año van a acabar empuñando las armas.

El hecho de que se mantenga una gran presencia internacional y la decisión de Naciones Unidas de mantener el nivel de crisis 3 (el máximo) en la RCA son síntomas claros de que la situación no ha mejorado ostensiblemente.

¿Cuáles son los principales retos desde el punto de vista de la logística en un contexto tan complicado?

Muchos de los problemas en la RCA son hasta cierto punto los mismos que en otras misiones de MSF, solo que en un grado superior. Y muchos de esos retos están interconectados.

En el último año han crecido los problemas de aprovisionamiento en parte por el cierre de algunas fronteras del país y por la dificultad de encontrar proveedores locales. Un factor que ha complicado las cosas ha sido la escasez de combustible, agravada con el despliegue del nuevo contingente de Naciones Unidas (iniciado en septiembre), que ha provocado un incremento de la demanda de combustible mientras la oferta se mantenía igual porque el único proveedor local no puede aumentar su capacidad.

A pesar de todos los contratiempos, desde MSF hemos podido mejorar nuestro sistema de aprovisionamiento gracias a un trabajo de todos los ámbitos de la misión. En concreto hemos respondido a nuestra prioridad de prioridad fortalecer nuestra labor en higiene y saneamiento de las estructuras sanitarias en las que trabajamos. Lo hemos logrado, entre otras cosas, por una importante labor de formación de nuestro personal para responder a los enormes retos en ese sentido.

¿Cómo ha afectado la permanente inseguridad a la labor de aprovisionamiento y transporte de los equipos?

La continuación del conflicto armado afecta mucho la circulación de transportes dentro de territorio centroafricano y se tiene que realizar una labor constante de negociación con los diversos actores armados para facilitar el paso por los controles de ruta, que se endurecieron mucho a final del año pasado.

La inestabilidad nos ha obligado en ocasiones a tener que detener el transporte aéreo de provisiones y equipos por la falta de garantías de seguridad, y eso obviamente afecta a nuestras actividades. Además, para este año hay previsiones de aún más dificultades para conseguir combustible a causa de los cortes de rutas terrestres.

¿Ha habido progresos en la reconstrucción del país?

El país es pequeño pero plantea muchas dificultades para reconstruirse. Las milicias Seleka y anti-Balaka han intentado sin éxito convertirse en bloques políticos, en parte porque son grupos armados muy heterogéneos, con facciones diferentes ya desde el origen. Además, cada región y cada ciudad tienen sus problemas y sus propios jefes, lo cual dificulta mucho el crecimiento de grupos políticos de ámbito nacional.

Por otra parte, la comunidad internacional está demasiado concentrada en Bangui y no pueden ver bien lo que pasa en el resto del país. La intervención podía haber sido más decidida al inicio, hace un año, pero quizás eso hubiera desencadenado un conflicto quizás difícil de controlar. Ahora la población local está pidiendo cuentas de esa presencia por la falta de soluciones y la inseguridad que no ha desaparecido. Y por si fuera poco, si se actúa contra uno de los bandos en conflicto luego hay que hacerlo también contra el otro, y la comunidad internacional no ha sabido gestionar esa necesidad de equilibrio.

Hasta dónde ha calado el discurso de la guerra religiosa en la RCA?

El cuadro que se encuentra en RCA se ve también en otros países en conflicto. La población es la principal víctima del conflicto, tiene que sobrevivir casi sin nada y acaba buscando culpables. Y a menudo ese culpable es simplemente el otro, ya sea el extranjero o el de religión diferente. Hace dos años, tras el golpe de Estado de la Seleka (milicia integrada mayoritariamente por musulmanes que forzó un golpe de Estado en marzo de 2013) cundió la idea de que los malos eran los musulmanes. Pero luego cayó ese Gobierno y muchos musulmanes se tuvieron que ir de Bangui, pero eso no hizo desaparecer los problemas para el resto. La gente vio que no era una cuestión de Seleka o anti-Balaka (la milicia opuesta), de cristianos o musulmanes. Muchos se dieron cuenta de que el conflicto no tenía nada que ver con cuestiones religiosas.

¿Cuál debe ser el enfoque de la comunidad humanitaria ante este panorama?

Nosotros debemos centrarnos en llevar la ayuda a la gente de la mejor manera posible. En este país levantas una piedra y ves muchísimas necesidades que atender, problemas van más allá del conflicto, pero no hay que perder el foco de lo prioritario.

Desde el punto de vista de MSF, creo que hay un buen reconocimiento de nuestra labor por parte de todos los actores. Tenemos un gran activo que son nuestros compañeros locales, que también forman parte de las comunidades locales y nos permiten una mejor comprensión de la realidad. Debemos seguir centrados en llegar a las comunidades que nos necesitan, más allá de las ciudades, en cualquier rincón.

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