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11.11.2016

Historias de neumonía: Gary

La realidad de la neumonía puede ser muy aterradora y peligrosa. Cada año se cobra la vida de casi un millón de niños.

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Existe una vacuna para prevenir la neumonía, pero para muchos países es demasiado cara. Por este motivo, necesitamos que Pfizer y GlaxoSmithKline (GSK) bajen su precio a 5 dólares por niño (4,5 euros) para todos los países en desarrollo y para todas las organizaciones humanitarias.

Gary, 35 años, de Reino Unido, nos cuenta su experiencia en primera persona:

“En esos dos vuelos nocturnos a casa, de Bangladesh a Turquía, y luego hasta Londres, algo no iba bien.

Cuando más tarde, ese mismo día, giré la llave de la puerta de mi casa, supe por qué. Me quejé con mi esposa de cómo las oficinas en los países cálidos siempre tienen el aire acondicionado a temperaturas demasiado bajas: siempre me resfrío allí, y esa vez me había traído el resfriado conmigo. Pero era un tipo de resfriado especial, desagradable. No empezó con un ligero moqueo, sino que se presentó en algún lugar profundo de mi pecho.

Hice lo que suelo hacer: ignorarlo. Sin embargo, esta vez parecía un resfriado de combustión lenta. Sentía picazón en los pulmones, como si el virus no estuviera seguro de querer crecer y salir. No obstante, no tosía; apenas estaba enfermo.

Unos seis días más tarde, me senté en el despacho para escribir un correo electrónico.

Nunca olvidaré el segundo siguiente, porque nunca había sentido algo así. Era como si alguien me golpeara en la sien con una bolsa de hielo, el hielo se filtrara en mi piel y corriera por mi sangre. Empecé a temblar sin control. En las escaleras, apenas podía tenerme en pie.

"Trabajaré en la cama", pensé, pero apenas podía enfocar la vista en la pantalla. Así que cerré los ojos y estuve delirando durante una hora: algo relacionado con Bangladesh mezclado con la serie de suspense que había visto la noche anterior.

Cuando volví en mí, mi cuerpo me pedía agua helada. La idea de volver a bajar las escaleras, mover la basura para poder llegar al congelador, abrir el congelador, el cajón y luego la bandeja del hielo era casi insoportable. Después de varios minutos, incluido un descanso a mitad de camino por las escaleras, conseguí llegar.

Dos días más tarde, le envié un mensaje a un amigo médico para decirle: "Tres días con fiebre, aún no hace falta que vaya al médico, ¿no?", Y él contestó: "No. Espera un poco más".

Al día siguiente me sentía igual, hasta que sentí una insoportable sensación punzante en el costado derecho. Cada tosido se convirtió en un grito de dolor.

Pedí un Uber [servicio de transporte a particulares a través de una app], cancelé todo lo demás y me fui al hospital. El conductor me dejó allí y me deseó un buen día.

Lo que siguió se desarrolló como un sueño. Me dieron algunas gotas. Un hombre me llevó en silla de ruedas hasta el servicio de rayos X. "Tiene neumonía y es grave", dijo un médico.

Unas horas más tarde y tras cuatro inyecciones, me dieron una caja de antibióticos y me mandaron a casa. Todo el procedimiento fue impresionante. Me alegro de que haber tomado los medicamentos antes del siguiente episodio, cuando empecé a toser sangre. Por lo menos ya estaba tomando algo, y en pocos días me sentía mucho mejor.

Bromeé con mi amigo médico, le dije que había sido imprudente al decirme que no necesitaba ir al médico. Su reacción fue: "Bueno, todavía estás vivo, ¿verdad?". Sin embargo, me pidió echar un vistazo a las radiografías por si podía recomendarme una visita de seguimiento. A los pocos días sin noticias, le llamé.

"¿Has podido mirar las radiografías?", le pregunté.

"Ah, sí", me dijo. "Estás bien. Tienes unos pulmones muy bonitos".