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La vida y la muerte en Abs

En Yemen conviven la pobreza, la inseguridad y, ahora, el cólera. Esta es la historia de Zahra y sus dos bebés.

Un día caluroso de junio, Zahra Hussain se despertó y se encontró con que sus gemelas habían enfermado. No tenía dinero para comprar leche, así que caminó sola hasta el hospital más cercano, a una hora de distancia. Salió al sol abrasador, con sus hijas en brazos y su marido, esperando que el destino interviniese.

Hasta ahora, Zahra y su familia habían logrado esquivar a la muerte, sobreviviendo a los combates y a la escasez de alimentos que llevan dos años asolando Yemen. Ahora, el cólera se estaba acercando a su aldea y al país, cobrándose más de 1.850 vidas y enfermando a más de 425.000 personas.

En su forma más severa, el cólera causa diarrea acuosa abundante y vómitos. Estos síntomas a su vez provocan deshidratación, convulsiones y shocks. En los casos graves, la muerte se produce pocas horas después de la aparición de la enfermedad. Pero con un tratamiento adecuado y rehidratación, la tasa de mortalidad es inferior al 1%. Sin tratamiento, el 50% de los afectados por síntomas severos mueren. En Yemen todo era cuestión de tiempo.

Con un tratamiento adecuado, la mortalidad del cólera es inferior al 1%; sin él, la mitad de los enfermos mueren

Pero el destino quiso que un desconocido se ofreciera a llevar a Zahra y su familia a Abs, donde coordinamos un centro de tratamiento del cólera (CTC): la mayor esperanza de Zahra para salvar a sus hijas Kholah y Saher.

Ahmed Qassem, el supervisor de la sala de emergencias, estaba en el hospital cuando llegaron. En el CTC, el médico de turno exáminó rápidamente a las hermanas de 7 meses: habían contraído el cólera tres días antes, estaban muy deshidratadas y habían entrado en shock. Eran unas de las pacientes más jóvenes de la clínica.

Estado de emergencia

“Solíamos recibir a 10 o 15 pacientes al día. Ahora vemos a más de 100”, explica Qassem. Diez días más tarde, su personal recibiría un récord de 479 pacientes en una sola jornada. El gobierno declaró el estado de emergencia en mayo. La ONU ha descrito la situación como la mayor crisis humanitaria del mundo.

Y es que Abs, ubicada en la gobernación de Hajjah, a 50 kilómetros de la línea de frente, se ha convertido en el epicentro de la crisis de Yemen. Aquí se concentra el mayor número de desplazados en la región. Muchos huyeron de la violencia de su aldea y se han encontrado en esta ciudad con pobreza e inseguridad.

Desde que estalló el brote, el CTC ha tratado a más de 14.600 personas. El tratamiento se proporciona de forma gratuita a los pacientes, que proceden de diez distritos diferentes y viajan hasta un máximo de cinco horas para llegar a Abs.

Ahmad Muqbal Aqeli llegó al hospital desde la gobernación de Al Hudaydah, que registra la segunda mayor prevalencia de cólera en el país. “Muchos pacientes empeoran todavía más al tratar de llegar a esta clínica. Algunos no pueden soportarlo y fallecen en el camino”, explica. “Nos asedian los ataques aéreos desde arriba y el cólera desde abajo”, se lamenta.

“Estoy asustado. No es como antes, cuando se podía ir a cualquier parte y seguir sintiéndose seguro”, dice. A pesar de todo, asegura que nunca dejaría su país: “Quiero que vuelva a ser como antes”.

“Nos asedian los ataques aéreos desde arriba y el cólera desde abajo”. Ahmad Muqbal Aqeli, paciente en Abs.

La prevención es clave

La mayoría de los pacientes de Ahmed son como Zahra -pobres y sin trabajo- y muchos se sorprenden al saber que es posible prevenir el cólera tomando simples precauciones. Y es que la mayoría no tienen jabón ni agua potable, por lo que beben lo que encuentran.

En estae sentido, nuestros equipos realizan actividades de divulgación para contener la epidemia, viajando a pueblos remotos para enseñar a la gente a tomar las medidas higiénicas adecuadas y a tratar con cloro el agua de pozo. Pero la rápida propagación de la enfermedad ha eclipsado en parte estos esfuerzos.

Hasta ahora, hay pocas organizaciones humanitarias sobre el terreno. Además, la guerra ha reducido considerablemente la entrega de alimentos y la mayoría de las familias sobreviven con algo de harina, aceite, azúcar y frijoles.

“Es difícil conseguir la leche que mis hijos necesitan. Paso muchos días buscándola, preocupada y ansiosa. Mis hijos se han criado en la guerra”, reconoce Zahra.

En todo el país, el brote de cólera ha agravado otras carencias. Cerca de 17 millones de personas —dos tercios de la población— padece inseguridad alimentaria, según la ONU, y dos millones de niños yemeníes menores de 5 años sufren desnutrición aguda.

Alimentamos a las pequeñas con leche, porque estaban entre la vida y la muerte. Pero Zahra pensaba en los cuatro hijos que había dejado atrás, en la aldea, al cuidado de su padre. Su esposo quería que todos regresaran a casa, pero el personal médico lo impidió por el bien de las gemelas.

Dentro del CTC, los doctores lucharon para estabilizar a las gemelas. Kholah y Saher llevaban más de 24 horas en el hospital, pero cada vez que había una señal de mejora, surgía un nuevo revés. Una de ellas fue diagnosticada con una infección en el pecho, la otra tenía fiebre alta. Su peso no había cambiado prácticamente nada con respecto al momento en que habían sido admitidas, apenas pesaban 3,5 kilogramos

Ataques a hospitales

Buena parte de los pacientes es reacia a permanecer demasiado tiempo en el centro. Los hospitales ya no son un refugio seguro. Desde que comenzó la guerra, por lo menos 274 centros sanitarios han sido dañados o destruidos por ataques aéreos y, en muchos casos han tenido que cerrar.

Nuestro hospital de Abs fue atacado el 15 de agosto de 2016. Qassem, que en aquel momento estaba en una reunión, pensó que un depósito de oxígeno había explotado. Cuando salió fuera, no se podía creer lo que había ocurrido.

“Es imposible creer que nos hayan bombardeo”, recuerda pensar en ese momento. Cuando vi la sala de emergencias en llamas, corrí hacia la maternidad. Estaba en estado de shock, todo mi equipo podía haber muerto. Me acerqué a la sala de emergencias varias veces, pero era demasiado doloroso. Tejidos blandos, cuerpos amputados... Terrible”.

“Corrí hacia la maternidad. Estaba en estado de shock, todo mi equipo podía haber muerto”. Qassem, sanitario y víctima del ataque aéreo al hospital de Abs (15 de agosto de 2016).

En total, el ataque aéreo mató a 19 personas y dejó 24 heridos. El hospital estuvo cerrado 11 días. Evacuamos a nuestro su personal y regresamos de nuevo en noviembre de 2016. Al principio, los pacientes acudían a Abs buscando asistencia para todo, desde malaria hasta complicaciones en el embarazo y lesiones traumáticas. 

Demasiado pronto

Cuando el cólera estalló en abril, todo cambió. El hospital estaba desbordado de casos y el personal empezó a utiilizar una escuela cercana, que estaba vacía porque sus estudiantes estaban de vacaciones de verano. Se levantaron tiendas de campaña en el patio del recreo, se colocaron camas para pacientes de cólera en las aulas y se instalaron estaciones de cloro en los pasillos.

El 15 de junio, dos días después de su ingreso, las gemelas fueron trasladadas al centro de alimentación del hospital de Abs, donde comenzaron a estabilizarse. El 20 de junio, los médicos comprobaron que Kholah y Saher habían mejorado lo suficiente como para pasar a la ‘fase de transición’, en la que los pacientes pueden seguir recuperándose bajo una estrecha supervisión médica. Sus doctores tenían esperanzas. Hasta la fecha, hemos evitado la muerte de más de 14.600 personas. Ahora, las probabilidades de supervivencia para las bebés eran muy favorables. Para Zahra, esto era suficiente. Ya era hora de llevar a sus hijas a casa.

“Por desgracia, mantener a las bebés en el centro durante el tratamiento era difícil... La familia decidió que era demasiado tiempo y se las llevaron a casa (dadas de alta desoyendo las recomendaciones médicas)”, señaló su médico.

Al menos regresaron libres de cólera.