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26.06.2019

Conseguimos entrar en un 'agujero negro' de República Centroafricana

Mingala es uno de los tantos 'agujeros negros' o enclaves controlados por grupos armados que impiden la entrada de cualquier tipo de ayuda o atención médico-humanitaria, incluso durante años. Hemos logrado realizar 6.000 intervenciones en 7 días.

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Seguro que sabes bien lo que es un agujero negro. Incluso la luz no puede escapar de él.

Pero, para nosotros, un agujero negro es un enclave donde es muy difícil llegar porque están bajo el dominio de grupos armados incontrolados, que impiden la entrada de cualquier tipo de ayuda o atención médico-humanitaria, incluso durante años.

Es el caso de la localidad de Mingala, en el sur de República Centroafricana y donde miles de personas viven aterrorizadas por culpa de los enfrentamientos armados.

Casas quemadas, pueblos vacíos, clínicas desmanteladas… en Mingala, no queda nada.

Aquí, miles de desplazados sobreviven como pueden cerca de las carreteras, alejados de las poblaciones por temor a los combates, con muy poco que cultivar, sin ningún tipo de atención médica y sin agua potable.

“Han visto o sufrido tantas atrocidades que, cuando oyen el motor de un coche, salen huyendo para ocultarse en el bosque por miedo a que sean grupos armados aproximándose. La verdad es que es muy difícil explicar con palabras lo que significa vivir en un estado de angustia permanente como ese”, explica nuestra enfermera en el país, Lorena Moyano.

Sin embargo, a pesar de eso, supimos que teníamos que entrar… y lo hicimos para realizar una intervención de emergencia y llevar asistencia médica a todas esas personas abandonadas. Conseguirlo no fue fácil: tuvimos que negociar varias veces con los grupos armados para, al fin, lograr quedarnos una semana.

Reaccionamos deprisa, planificamos, organizamos y coordinamos nuestra acción médico-humanitaria para llegar al máximo número de personas posible, no solo en Mingala, sino en todos los pueblos que estaban por el camino.

En estos siete días, todo tuvo que funcionar como un reloj de precisión. Nuestro plan era vacunar al mayor número posible de niños y mujeres en edad fértil o embarazadas, y atender las necesidades médicas más urgentes, como la malaria, la neumonía o la desnutrición.

Y es que, tras cuatro años en los que nadie había entrado en esas zonas, íbamos a ciegas.

“Recuerdo como si fuera hoy mismo el primer poblado al que llegamos. Salimos con el sol para llegar a tiempo y montar nuestro circuito de atención. Algunos ya nos estaban esperando y el resto estaban en camino, porque al final vinieron todos. Ese día, en cuestión de horas, vacunamos y atendimos a más de 400 personas”, recuerda Moyano.

Lo conseguimos. La estrategia funcionó como habíamos planificado y todo el equipo colaboraba en lo que parecía una auténtica coreografía. Éramos unas 30 personas, entre médicos, enfermeros, logistas, conductores y líderes de la comunidad local.

Todos trabajamos de poblado en poblado con un único objetivo: proteger a tantos niños y mujeres como nos fuera posible, sin distinción alguna.

Con tu apoyo y el de nuestros socios y donantes, no lo dudamos ni un instante. En siete días, realizamos más de 6.000 intervenciones médicas, entre vacunas, urgencias, diagnósticos de malaria, etc.  

Estamos muy orgullosos y esperamos que tú también. Ahora, mientras lees estas líneas, ya estamos preparando intervenciones similares para entrar en otros agujeros negros y ayudar a mucha más gente.

Te necesitamos. Ayúdanos a llevar luz a estos agujeros negros. 

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