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30.05.2022

La violencia y desplazamiento en Ippy son un reflejo de la vida diaria en República Centroafricana

Lejos de la atención de los medios de comunicación internacionales, la violencia armada continúa haciendo estragos en muchas partes del país, obligando a comunidades enteras a abandonar sus hogares y seguir un camino de muerte y desesperación.

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A principios de 2022, la zona de Ippy, en el centro de República Centroafricana, experimentó nuevos enfrentamientos entre grupos rebeldes y tropas gubernamentales apoyadas por fuerzas aliadas.

Huyendo de la violencia, miles de personas de aldeas rurales se apresuraron a llegar a  la ciudad de Ippy y a los sitios para personas internamente desplazadas que se establecieron allí en los últimos meses y años.

“Cuando estalló la violencia huimos a la aldea vecina, pero también fue atacada y mis tres hijos fueron asesinados”, relata Jeremy, quien se mudó con su esposa e hijos al sitio para personas desplazadas de Yetomane, en Ippy, ubicado a unos 40 kms de su hogar. “Los enterramos en una fosa común y partimos de nuevo. Desde entonces, no he podido dormir”, concluye.

Olga y Jean-Claude viajaron casi 140 kilómetros con sus seis hijos para llegar al sitio para personas internamente desplazadas de Bogouyo. “Caminamos durante una semana, con personas enfermas, mayores, niños y niñas”, explican. “Algunos murieron en el camino, y nos vimos obligados a abandonar sus cuerpos en el monte sin poder enterrarles. Solo estaban cubiertos de hierba, los niños lo vieron todo. ¿Cómo podrían olvidar esas imágenes?”.

 

Innocent, que llegó con su familia en junio de 2021 al campo de desplazados de Bougoyo, posa con sus hijos en su cobijo.

 

Nuestra respuesta inmediata

En febrero, enviamos un equipo de emergencia a Ippy para brindar apoyo médico a personas vulnerables como Jeremy, Olga y Jean-Claude.

"Como las necesidades esenciales no estaban cubiertas en los sitios para personas desplazadas, nuestra primera prioridad era limitar el riesgo de enfermedades relacionadas con la higiene y el agua", explica René Colgo, nuestro coordinador general en República Centroafricana. “En la fase de emergencia, construimos 269 letrinas, instalamos puntos de agua y organizamos distribuciones de jabón y bidones”.

La instalación de puntos de agua aumentó el acceso al agua potable de solo 1,6 litros por persona por día a 15 litros. Cuando llegaron otras organizaciones y pudieron hacerse cargo de la gestión de estas instalaciones, enfocamos nuestro apoyo en dos instalaciones médicas locales.

"Había atención médica básica disponible para las personas desplazadas, pero era necesaria una mejor atención para los casos médicos más complejos, especialmente los niños, niñas y mujeres embarazadas, que corren un riesgo particular", explica René Colgo. "Por lo tanto, proporcionamos personal y equipos para fortalecer los servicios pediátricos y neonatales, el manejo de las complicaciones durante los embarazos, y derivar a los pacientes a estas instalaciones médicas".

En solo dos meses, 381 niñas y niños fueron hospitalizados con nuestro apoyo, la mayoría con casos graves de malaria. Nuestros equipos también brindaron atención médica a 31 mujeres con complicaciones en su embarazo, realizaron 20 cesáreas y remitieron a una docena de pacientes a Bambari para recibir atención más especializada.

A principios de mayo, también lanzamos una campaña de vacunación para brindar protección básica contra enfermedades como el sarampión, la poliomielitis, la fiebre amarilla, la meningitis y la tuberculosis a casi 20. 000 niños y niñas menores de 10 años, y a 9.000 mujeres embarazadas. La campaña, realizada en la ciudad de Ippy, también incluyó la inmunización contra la COVID-19 y continuará hasta julio.

 

Olga posa con sus hijos frente a su casa en el campo de personas desplazadas de Bogouyo, RCA.

 

Las necesidades en Ippy siguen siendo enormes

Actualmente la situación es un poco más tranquila en Ippy y las personas han comenzado a regresar a sus aldeas o a instalarse en la ciudad. Pero en un área marcada por años de inseguridad crónica y desplazamiento, la situación de las personas sigue siendo precaria e incierta.

“La población está abandonando los sitios para personas desplazadas, pero las necesidades siguen siendo masivas en el área”, asevera Colgo. “Mucho antes de las últimas oleadas de desplazamiento, el acceso al agua y los servicios médicos ya era limitado en Ippy; y los acontecimientos recientes han exacerbado aún más esta situación. Muchas personas se encuentran en una situación de indigencia, sin medios para pagar atención médica o alimentos. Otras más están traumatizadas por la violencia física y sexual sufrida durante sus viajes o por las condiciones de vida en los sitios para personas desplazadas. Claramente es necesario un apoyo sostenido”.

"Somos agricultores, pero perdimos todos nuestros animales cuando huimos de la aldea", dice André, que vive con su familia en el sitio para personas desplazadas de Foulbé. "Y aquí no podemos cultivar porque dondequiera que vamos, alguien viene a decirnos que estamos en su tierra y nos ahuyenta. Ni siquiera podemos recoger madera u hojas. ¿Qué será de nosotros?”.

Esta desesperación también la comparten Jean-Claude y Olga. "¿El futuro? ¿Cómo puedo hablar del futuro cuando ni siquiera sé si vamos a comer hoy?", se cuestiona Jean-Claude. "Nuestro futuro es muy vago, pero esperamos volver a nuestro pueblo algún día para empezar nuestras vidas de nuevo”.

 

Mariam, en el centro, en su hogar en el campo de personas refugiadas de Foulbé.

 

Olga alberga menos esperanzas de poder regresar. “Allí no queda nada, y vivimos con miedo de ser atacados o enfermarnos. El centro de salud más cercano está a más de 25 kilómetros del pueblo. Mis hijos nunca han sido vacunados, ni siquiera sé si alguno de los niños del pueblo lo ha estado alguna vez. No puedo verme a mí misma regresando a ese lugar”.

Lamentablemente, la situación en Ippy refleja la realidad de muchas otras áreas de la República Centroafricana, donde décadas de conflicto intermitente han alimentado una de las situaciones más críticas del mundo en términos de esperanza de vida, mortalidad materna, desnutrición y falta de acceso a la atención médica. Según las últimas cifras de la ONU, casi el 30% de la población ahora es refugiada o desplazada internamente, y más del 60% necesita asistencia humanitaria.