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23.03.2021

Personas MSF: cambiar el mundo para que el mundo nos cambie

“Vale la pena seguir: volver, intentarlo, demostrar que podemos cambiar el pequeño mundo de una, dos, tres, quizás unos cientos de personas. Que si les cambiamos la vida y sobreviven encendemos una llamita de futuro”.

Niños en República Centroafricana.
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Por Silvia Morote, Asociada de Médicos Sin Fronteras

“Hace 30 años, estudiaba medicina y acudí a una charla sobre cooperación internacional. Uno de los ponentes dijo: ‘No salgáis pensando que cambiaréis el mundo. Os frustraréis’.

Recordaría muchas veces esa frase en las infinitas clínicas móviles en Colombia, en Bolivia, en Congo, en República Centroafricana... En imposibles caminos de barro, o bajo un sol mortal en lanchas, o dejándonos la espalda a caballo, todo para alcanzar esos lugares donde solo MSF llega, a veces una vez cada dos o tres meses, o cuando nos dejan los actores armados.

La recordaría sobre todo en República Centroafricana cuando, al llegar a una comunidad nos contaron que, el día antes, tan solo el día antes, un niño había muerto de malaria.

La recordaría cuando apoyamos la construcción de un puesto de salud y, meses después, los rebeldes lo quemaron y la gente de la zona huyó o murió en el intento. O al dejar el proyecto y saber al poco tiempo que su hospital era un campo de desplazados, que habían quemado aldeas enteras, que se había evacuado al equipo, que no se sabía cuándo volvería, ni si lo haría... 

En ese momento, pensé en la niña con tétanos que llegó ahogándose y que salvamos en el hospital. ¿Será su aldea una de las quemadas? ¿Sobrevivirá la niña? ¿Sobrevivirán los niños a los que tratamos de malaria? ¿Y los que vacunamos? ¿Las mujeres a las que ayudamos a dar a luz? ¿Los desahuciados por el hambre que entraron en programa nutricional? ¿Aquellos a los que dimos la oportunidad de tratar su enfermedad del sueño? No lo sé...

La vida en muchos lugares de República Centroafricana, de Colombia, de República Democrática del Congo, de Bolivia, de India, de tantos lugares, sigue siendo terrible, incierta, sometida al riesgo continuo del conflicto, la violencia, el aislamiento, la discriminación, la pobreza, la sequía, las hambrunas. El mundo no ha cambiado desde que escuché aquella frase en la facultad, hace más de 30 años...  

Pero vale la pena seguir: volver, intentarlo, demostrar que podemos cambiar el pequeño mundo de una, dos, tres, quizás unos cientos de personas. Que si les cambiamos la vida y sobreviven encendemos una llamita de futuro.

Ahora le diría a aquel médico de la charla que tenía razón, que no cambiamos el mundo. Que el mundo nos cambia. Y que yo cambié el día que puse un pie en MSF y me quedé, para siempre”.
 

Un grupo de personas junto al río. República Centroafricana.