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17.11.2022

Miles de personas que huyen de la violencia en Kivu Norte necesitan ayuda urgente

Decenas de miles de personas han huido en busca de seguridad en campos informales en Kanyaruchinya y sus alrededores, en República Democrática del Congo (RDC). En pocos días, hemos visto a miles de personas construir rápidamente refugios con ramas de eucalipto y hojas que recogieron en el bosque circundante, todo ello mientras llueve.

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Decenas de miles de personas han buscado seguridad en campos informales en Kanyaruchinya y sus alrededores, a 10 km al norte de Goma, en República Democrática del Congo (RDC). 

Han huido de la reactivación de los combates entre el Movimiento 23 de marzo (M23) y el ejército congoleño en la región de Rutshuru. Se requiere una respuesta urgente de los actores humanitarios para satisfacer las enormes necesidades de las personas que huyen. 

Situada en la carretera entre Goma y Rutshuru, Kanyaruchinya ya albergaba a miles de personas desplazadas por los combates de los últimos meses y a personas afectadas por la erupción volcánica de mayo de 2021. Sus condiciones de vida ya eran extremadamente precarias, y la llegada de una nueva ola de personas desplazadas ha aumentado considerablemente las necesidades de quienes viven allí.  

“En pocos días hemos visto a miles de personas construir rápidamente refugios con ramas de eucalipto y hojas que recogieron en el bosque circundante, todo ello mientras llueve”, explica la doctora Maria Mashako, nuestra coordinadora médica en República Democrática del Congo.

 

Aline Claudie, desplazada

 

Las escuelas se convierten en refugios 

 “Las familias solo han traído consigo lo estrictamente necesario al huir. Les falta de todo: atención sanitaria, refugio, alimentos, agua, aseos”, dice la doctora Mashako

Según las autoridades provinciales, al 3 de noviembre, al menos 74.000 personas necesitaban ayuda a las afueras de Goma tras los últimos desplazamientos masivos. Sigue siendo muy difícil saber exactamente cuántas personas han llegado en los últimos días, ya que las llegadas han sido numerosas y repentinas. 

“Algunos sitios a los que acudimos regularmente estaban vacíos hace solo dos semanas y ahora están saturados”, afirma la doctora Mashako. “A juzgar por lo que podemos ver, la población de Kanyaruchinya parece haberse triplicado en el espacio de un fin de semana”, afirma. 

Las familias recién llegadas se han asentado donde han podido, incluso en las escuelas, lo que ha llevado a una cohabitación improvisada entre estudiantes y personas desplazadas. 

“Caminamos durante más de 15 horas para llegar a Kanyaruchinya. Ahora estamos aquí con nuestros vecinos detrás de la escuela en Mugara, sin nada”, cuenta Jean-Claude, quien huyó de los combates en la región de Rugari.

 

Necesidades abrumadoras 

En el centro de salud de Kanyaruchinya que apoyamos el número de consultas ha aumentado drásticamente, pasando de una media de 80 por día en octubre, a 250 en noviembre. Para responder a las crecientes necesidades médicas, estamos reforzando nuestro apoyo al equipo médico del centro para poder recibir a pacientes las 24 horas del día. 

Nuestros equipos apoyan al centro desde julio para permitir la prestación de atención médica gratuita y de calidad a las personas desplazadas, incluyendo a quienes se desplazaron por la erupción volcánica y a todos los habitantes de la zona. Las enfermedades más comunes tratadas por el equipo son las infecciones respiratorias, la diarrea y las infecciones cutáneas

 

 Desde julio, MSF hemos estado distribuyendo agua potable en diversos emplazamientos.

 

Desde julio, se han realizado más de 10.000 consultas en el centro de salud, y más de dos tercios han sido para personas desplazadas. Ante la grave falta de actores humanitarios presentes en los últimos meses, también hemos suministrado agua en numerosos sitios en las zonas sanitarias de Munigi y Kanyaruchinya. 

“El hacinamiento en los campos y las malas condiciones higiénicas hacen que las enfermedades transmitidas por el agua, como el cólera, sean susceptibles de propagarse, así como otras enfermedades epidémicas”, explica la doctora Mashako. “Desde el fin de semana del 29 y 30 de octubre, duplicamos nuestras distribuciones de agua potable. Ahora estamos entregando 200,000 litros de agua por día en más de 10 sitios. A pesar de eso, nuestra acción es limitada en comparación con la magnitud de las necesidades”, concluye. 

La intensificación de las lluvias en las últimas semanas ha acentuado las precarias condiciones de vida de las personas, exponiéndolas a enfermedades como infecciones respiratorias y malaria. Por lo tanto, garantizar que las personas tengan acceso a una vivienda digna es una prioridad. La falta de alimentos también es una grave preocupación: sin acceso a sus campos y sin una fuente de ingresos, la mayoría de las familias dependen de la ayuda humanitaria para comer.

 

La intensificación de las lluvias en las últimas semanas ha hecho más precarias las condiciones de vida de las personas desplazadas

 

La amenaza de la violencia sexual

"Desde el comienzo de nuestro trabajo en Kanyaruchinya, hemos tratado a casi 120 personas que han sido víctimas de violencia sexualmás del 80% han sido desplazadas”, asevera Mashako. “La mayoría de las personas supervivientes llega al centro en un plazo de 72 horas y nos cuentan que fueron atacadas en la carretera mientras buscaban alimentos y madera que pudieran quemar para calentarse”, dice. 

“En este momento es crucial que las promesas de otros actores humanitarios se conviertan en respuestas concretas, incluyendo los actores en el ámbito de la protección. Es vital que vengan a ayudar a estas personas necesitadas”. 

Además del área de Nyiragongo, nuestros equipos también están presentes en Rutshuru, Binza, Kibirzi y Bambo, en el territorio de Rutshuru, donde seguimos ofreciendo asistencia médica vital a la población de acogida, al tiempo que evaluamos la mejor manera de responder a las necesidades de las personas que han sido recientemente desplazadas.

Los enfrentamientos intermitentes entre el ejército congoleño y el M23 desde finales de marzo de 2022 ya habían hecho que al menos a 186.000 personas a huyeran de sus hogares. Ahora decenas de miles de personas más se han sumado a esa cifra.