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08.08.2022

RDC: miles de personas sin alimentos, refugio ni atención médica, en riesgo en Kivu Norte

“Toda la familia estábamos en el campo trabajando cuando comenzó el tiroteo. Huimos y tuvimos que andar durante tres horas bajo la lluvia hasta llegar a Rumangabo”, cuenta Ponsie Benda. “No pudimos volver a la casa. Huimos con lo puesto”.

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Cuando los enfrentamientos entre el grupo armado M23 y el ejército de la República Democrática del Congo (RDC) se acercaron a su aldea en junio, Ponsie, padre de 13 hijos, encontró refugio en la escuela primaria del Parque Nacional Virunga en Rumangabo, provincia de Kivu Norte.

 

190.000 personas necesitadas

Al igual que Ponsie, más de 190.000 personas han tenido que huir de sus hogares desde finales de marzo de 2022 en los territorios de Rutshuru y Nyiragongo, en Kivu Norte, tras el resurgimiento del grupo armado M23 y los enfrentamientos intermitentes con el ejército congoleño.

La mayoría de las personas se congregaron a lo largo de la carretera nacional que une Rutshuru con Goma, la capital de Kivu Norte, a menudo en lugares superpoblados.

“Dormimos fuera. Construí este refugio con palos de madera. Voy a conseguir hojas de plátano y eucalipto para cubrirlo, así al menos los niños estarán un poco protegidos”, dice Ponsie. Cuando él y su familia llegaron a Rumangabo, las aulas de la escuela ya estaban llenas, y no les quedó más remedio que instalarse en el patio.

 

El doctor Padoue visita a un niño en la clínica móvil de MSF en el estadio de Rugabo, convertido en un asentamiento para personas desplazadas en Rutshuru.

 

En el estadio Rugabo de Rutshuru se han congregado más de 1.400 familias. ACNUR ha construido albergues comunitarios pero, aun así, las condiciones siguen siendo extremadamente precarias: unas 35 familias comparten una tienda de campaña de 18 por 5 metros. 

“Cuando llueve, el agua inunda el suelo de los refugios y pasamos la noche en el agua”, dice Agrippine N’Maganya. Llegó a Rutshuru con seis de sus diez hijos hace más de cuatro meses. “Los otros ya deben estar en Uganda… no tengo noticias de ellos desde el vuelo”, continúa. 

“La proximidad de los asentamientos para personas desplazadas, combinada con la falta de duchas y letrinas, es un factor de riesgo importante para la propagación de enfermedades como el sarampión o el cólera”, dice Bénédicte Lecoq, coordinadora de emergencias de Médicos Sin Fronteras (MSF). 

 

Escasez de alimentos

A la falta de vivienda se suma la escasez de alimentos. “No tenemos nada para comer. A veces, personas que conozco de mi pueblo me dan algo de comida que recogieron en los barrios”, cuenta Obed Mashabi, que encontró refugio en el estadio de Rugabo a finales de marzo. 

“Comemos hojas hervidas de lunes a domingo”, agrega Ponsie. “Mi esposa las toma de campos ajenos, preguntando primero a los dueños. Hay ayuda mutua porque la comunidad sabe cuánto estamos sufriendo. Comparten lo poco que tienen”. 

“Las personas que tratamos tienen sus estómagos vacíos”, explica Lecoq. “Es necesario aumentar las distribuciones de alimentos o la situación podría empeorar aún más”. 

 

Personas desplazadas en el patio de la escuela de Rumangabo, transformada en un asentamiento que alberga a más de 3.000 personas.

 

En el hospital general de referencia de Rutshuru, la unidad que apoya MSF para tratar a niños y niñas con desnutrición severa ha estado llena durante varias semanas, con una tasa de ocupación de camas del 140%. En las instalaciones médicas que nuestros equipos están apoyando en los territorios de Rutshuru y Nyiragongo, el promedio de consultas a menudo supera las 100 diarias. Las tres principales enfermedades que tratan son la malaria, las infecciones respiratorias y la diarrea. 

“Dada la magnitud de las necesidades, nuestros equipos no pueden estar en todas partes. Las estructuras de salud están desbordadas y se enfrentan a una grave falta de medicamentos. Ante esta emergencia, más actores deben movilizarse para garantizar que todas las personas puedan acceder a la atención”, asevera Lecoq. 

Más allá de las necesidades inmediatas, las consecuencias a largo plazo para las comunidades afectadas también son motivo de preocupación. La mayoría depende de la agricultura, por lo que la falta de acceso a sus campos durante semanas o incluso meses podría exacerbar la inseguridad alimentaria de miles en la región. 

“Tenemos comida en el pueblo, en los campos, pero no podemos regresar. La guerra continúa allí. Todo debe estar pudriéndose”, dice Obed.

 

La asistencia humanitaria es limitada

A pesar de que la crisis ha estado en curso durante varios meses, Agrippine, Ponsie y Obed lamentan la falta de asistencia humanitaria recibida hasta ahora. “Nunca he recibido ninguna distribución de alimentos, ni cuencos, ni ollas, nada”, dice Agripina. “Aquí no ha venido nadie. Si hubiéramos recibido ayuda, no estaríamos así”, agrega Ponsie. 

El reciente estallido de violencia en los territorios de Rutshuru y Nyiragongo está empeorando una situación humanitaria ya de por si grave, con un total estimado de 1,6 millones de personas desplazadas y más de 2,5 millones con grandes necesidades en la provincia de Kivu Norte a fecha de junio de 2022. 

Para Agrippine, cuanto más pasan las semanas, más disminuye la esperanza de volver a casa. 

“No tengo ninguna esperanza de volver a casa pronto. No hay mejoría”, dice. Ponsie comparte su desánimo. “¿Por qué todavía hay guerra en Kivu Norte? Esta no es la primera vez que tenemos que huir. No sé cómo mis hijos pueden crecer en medio de la guerra”.

 

Cientos de personas esperan en una distribución de kits domésticos (ollas, mantas, jabón, etc) en el asentamiento informal del estadio de Rugabo, en Rutshuru. 18 de julio de 2022.

 

Desde Médicos Sin Fronteras seguimos adaptando nuestra respuesta de acuerdo a la evolución de la situación y las necesidades de las personas. Estamos apoyando a los centros de salud en Rubare, Kalengera, Munigi y Kanyaruchinya, y establecimos dos clínicas temporales: una en el estadio de Rugabo en el centro de Rutshuru y otra junto al puesto de salud de Rumangabo, donde se han reunido muchas personas desplazadas. 

También construimos letrinas y duchas en varios sitios y ayudamos a mejorar el suministro de agua. En Munigi suministramos agua potable diariamente en cuatro puntos además del centro de salud, y distribuimos kits de higiene a más de 1.000 hogares; estos kits incluyen jabón, bidones y toallas sanitarias.