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17.09.2014

Reunión informativa sobre la respuesta al brote de Ébola en la sede de Naciones Unidas en Ginebra

Intervención de la doctora Joanne Liu, presidenta internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF).

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Sra. Secretaria general adjunta, Sr. Coordinador especial, Sr. Subdirector general, distinguidos delegados, señoras y señores:

Hace dos semanas, realicé un llamamiento urgente a los Estados miembros de Naciones Unidas en Nueva York para reclamar su ayuda en la contención de la epidemia de Ébola en África occidental. Muchas otras organizaciones, como el CDC[i], la OMS[ii] y la propia ONU han descrito la catástrofe que se cierne sobre la región.

Sin embargo, desde entonces, solo unos pocos países (Estados Unidos, Reino Unido, China, Francia y Cuba, o la Unión Europea) se han comprometido a desplegar más capacidades prácticas en los países afectados. El presidente Obama tiene previsto anunciar hoy planes para desplegar asistencia médica y militar en África occidental. Si este anuncio se materializa –todavía no tenemos detalles concretos sobre este despliegue o su rapidez–, es una muestra de que Estados Unidos está dispuesto a demostrar liderazgo y dar ejemplo. Necesitamos que otros países lo sigan.

Hoy, la respuesta al Ébola continúa peligrosamente retrasada y me veo obligada a reiterar el llamamiento que hice hace dos semanas:

Os necesitamos en el terreno. La ventana de oportunidad para contener este brote se está cerrando. Necesitamos que más países den un paso al frente, necesitamos un mayor despliegue, y lo necesitamos ahora. La respuesta debe ser contundente, y coordinada, organizada y ejecutada bajo una cadena de mando clara.

Hoy, en Monrovia, personas enfermas llaman a las puertas de los centros de atención de Médicos Sin Fronteras porque no quieren infectar a sus familias, y buscan, desesperadas, un lugar seguro en el que ser aisladas.

Trágicamente, nuestros equipos deben rechazarlas. Simplemente no tenemos suficiente capacidad para admitir nuevos ingresos. Personas altamente infecciosas se ven obligadas a regresar a sus casas, donde pueden contagiar a otras y continuar así la propagación de este virus mortal. Todo por culpa de la falta de respuesta internacional.

Hasta el día de hoy, MSF ha enviado más de 420 toneladas de suministros a los países afectados. Tenemos 2.000 trabajadores en la zona. Nuestros cinco centros de atención a pacientes con Ébola suman más de 530 camas. Sin embargo, estamos desbordados. Sinceramente, nos resulta incomprensible que una sola ONG esté proporcionando la mayor parte de las unidades de aislamiento y camas.

No podemos predecir cómo se va a extender la epidemia. Estamos tratando, en gran medida, con lo desconocido. Pero sí sabemos que el número de casos de Ébola registrados representa solo una fracción de la cifra real de personas infectadas. Sabemos que las tasas de transmisión se encuentran en niveles sin precedentes, que las comunidades están siendo diezmadas. Y, sin lugar a dudas, sabemos que la respuesta en el terreno sigue siendo total y letalmente inadecuada.

Cada semana que pasa, la epidemia crece exponencialmente. Cada semana, la respuesta necesaria se complica cada vez más.

Más países deben desplegar equipos médicos y medios militares y de protección civil para contener la epidemia. Se requiere gran cantidad de personal capacitado para atender a los pacientes en salas de aislamiento básicas y eficientes y en hospitales de campaña, que puedan instalarse rápidamente a campo abierto en una operación relativamente sencilla desde el punto de vista logístico.

La lucha contra este brote es más que simplemente tratar de controlar el virus. Miles de personas han muerto de Ébola, pero muchas más están muriendo de enfermedades de fácil tratamiento porque los centros de salud ya no funcionan. Las estructuras de salud necesitan apoyo para empezar a trabajar de nuevo y reducir las tasas de mortalidad y sufrimiento causadas por otras enfermedades que ahora mismo no están siendo atendidas.

Mientras tanto, los esfuerzos orientados a la producción de una vacuna eficaz deben continuar, con el fin de cortar la cadena de transmisión. Pero debe ser una vacuna de seguridad y eficacia probadas y de amplia disponibilidad. Hasta que llegue ese día, debemos actuar como si la vacuna no existiera.

¿Qué dirán los libros de Historia de la respuesta que el mundo está dando a esta epidemia sin precedentes? Esta es una crisis regional con implicaciones económicas, sociales y de seguridad que van mucho más allá de las fronteras de los países afectados.

Los Estados tienen la responsabilidad política y humanitaria de detener este desastre creciente.

Y esto solo puede hacerse mediante el despliegue masivo de activos en el terreno y la lucha contra la epidemia desde la raíz.

Los primeros compromisos ya se han hecho. Ahora corresponde que más países se movilicen con urgencia. El tiempo corre.

 

[i]   Centros para el Control de Enfermedades, agencia estatal de Estados Unidos.

[ii]  Organización Mundial de la Salud.

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