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08.05.2008

"Seguimos asistiendo, pero con la limitación de medios no podemos atender a las víctimas de forma adecuada"

MSF trabaja en Myanmar desde 1992 con 38 trabajadores internacionales y 1.200 locales con proyectos de malaria, tuberculosis y VIH/sida en siete zonas. Souheil Reaiche, coordinador general de MSF, nos cuenta cómo está respondiendo la organización tras el paso del ciclón Nargis.

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¿Qué tipo de asistencia habéis podido poner en marcha?
El lunes distribuimos artículos de emergencia como plásticos para abrigo para varios miles de personas. Hemos conseguido distribuir comida para una semana a 2,000 personas en la zona de Twantey, a dos horas de Rangún. Hemos distribuido gasolina a los colegios y monasterios que tienen pozos con acceso a agua, pero no hay más para las bombas de agua. También hemos distribuido comida para 350 personas que han buscado refugio en el monasterio. Las necesidades son tan grandes que intentamos combinar las evaluaciones con las acciones para ganar tiempo. Cuando los equipos han ido a evaluar la situación en Twantey, llevaron kits de emergencia y una tonelada de comida. Esta es una acción para salvar vidas.

Hoy enviaremos un equipo compuesto por un médico, dos logistas y un traductor al sur, a la zona de Bagaley, a siete horas en coche. Esta zona costera ha sido duramente golpeada. Según su evaluación de la situación, habrá camiones cargados con artículos de emergencia básicos y comida preparados para distribución.

¿Qué están viendo vuestros equipos en el terreno?
La gente está muy traumatizada. Un marinero nos ha dicho que su pueblo está completamente destrozado. Dijo que no tenía noticias de los 4,000 habitantes de un pueblo vecino, que a día de hoy sigue bajo el agua. Algunos cuentan que pasaron toda la noche del ciclón colgando de los árboles mientras veían como sus pueblos se destrozaban.

La gente dice que el país nunca había visto semejante catástrofe; han perdido todo y tienen poca esperanza de recibir asistencia. En las áreas de Twantey y Dalla, el 80% de los pueblos están destrozados. Algunos pueblos aún están bajo agua y siguen aislados. Todas las construcciones de bambú han volado. Estas construcciones suponen la mayoría de las casas en estos pueblos. Un tercio de la ciudad de Twantey también ha quedado destrozado.

Se ha demostrado que es imposible acceder a zonas que aún están inundadas. Sólo se puede acceder a ellas por barco, y todos los barcos locales han quedado destrozados. Estamos viendo si podemos comprar barcos en Rangún para traerlos aquí.

Sólo en Rangún, nuestros equipos han evaluado la situación en diferentes zonas, incluyendo el área de Okalapa, donde viven 4,000 personas en cinco kilómetros cuadrados. No tienen acceso a agua potable ya que los pozos están inundados o dañados, o porque no hay combustible para los pozos por lo que tienen que beber agua del río. Para manejar esta situación estamos poniendo en marcha un programa de distribución de agua potable.

¿Cuáles son las prioridades?
La comida, el refugio y el acceso a agua potable son críticos. La población afectada por el ciclón ya era vulnerable antes. Ahora viven en condiciones extremamente precarias, sin agua ni agua potable y durmiendo fuera en muchas ocasiones. Además, la malaria y el dengue son prevalentes en esta zona. Estamos planeando hacer una distribución de mosquiteras en los próximos días.

¿Cuáles son las dificultades a las que os enfrentáis en el reparto de ayuda?
No hemos encontrado problemas ni restricciones haciendo las evaluaciones o distribuciones iniciales. Seguimos llevando ayuda de emergencia a las personas afectadas y extenderemos nuestras evaluaciones. Sin embargo, lo que está claro hoy es que, con la limitación de medios con que contamos, tanto en cuanto recursos humanos como en material, no podemos responder de forma adecuada a las necesidades de población. Siguiendo a la petición de asistencia internacional por parte del gobierno, es esencial que se den visados de emergencia y que se permita la entrada a los cargos con ayuda. Equipos de refuerzo de MSF lleva esperando más de 48 horas, esperando a sus visados, para venir a ayudarnos al Delta.

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