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16.06.2022

Serrat: “Este Mediterráneo, que fue la vida, se ha convertido en un cementerio”

Tras 58 años en los escenarios, Joan Manuel Serrat se retira. Aspira a alcanzar los sueños que le quedan por cumplir. Y afirma que el mundo es tan amplio, con “tantas cosas que oler, ver y sentir», que siempre le quedarán «muchos lugares por donde caminar”.

Joan Manuel Serrat, músico y socio de MSF
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Por Fernando Calero, periodista de MSF

 

¿Qué queda hoy de tu Mediterráneo?

Sus orillas han sido siempre un crisol de culturas. Y sus aguas, un puente de transmisión entre ellas. Me siento muy orgulloso de ser mediterráneo, pero también muy triste por la situación en la que este mar se encuentra. La migración que se está produciendo, debido a las guerras en África y en Asia, y a la necesidad que tiene la gente de poner su vida a salvo del horror y de la miseria, es algo que ha ocurrido siempre, aunque no de una forma tan brutal como en estos últimos años. Lo que nunca había ocurrido es ese rechazo que muestran hoy quienes deberían acoger a estas personas. En la medida que cierto pensamiento que vemos en Europa fructifique, la migración estará sujeta al desprecio, al odio y al rechazo. Y detrás de todo esto, lo que hay es ignorancia y miedo a lo distinto; a lo que no conoces. Este mar, que un día fue la vida, se ha convertido en un gran cementerio donde se descomponen las ilusiones de miles de personas que trataban de sobrevivir. Por otro lado, es un mar sujeto a la sobreexplotación pesquera y el más contaminado. En sus aguas se vierten todo tipo de desechos y también la codicia de quienes lo están expoliando.

 

¿Qué sentimiento te provoca este doble rasero de los políticos?El hecho de que existan campos de refugiados como los de Grecia, alambradas como las de Melilla y que, al mismo tiempo, estemos haciendo lo correcto con las personas refugiadas de Ucrania… Es decir, acogerlas dignamente como se debe acoger a toda persona que huye de una guerra.


A mí me parece estupendo que se abran las puertas a la gente que busca refugio, que se le ofrezca ayuda a aquel que la necesita. Lo contrario, me parece repugnante. En el caso de Ucrania, me parece bueno que sea así. Quizá sea un buen precedente para los migrantes y refugiados de otros lugares que en estos momentos no aparecen en la conversación, como pueden ser los sirios o los afganos, o quienes salen de Senegal o Costa de Marfil y cruzan los desiertos para luego para luego tener que jugarse la vida en el mar.

Las personas a bordo de esta balsa fueron rescatadas por el Geo Barents en mayo de 2022.


¿Hemos salido mejores de la pandemia, como se ha dicho por ahí?

Lo que ha provocado esta pandemia es que muchas personas han salido con los pies por delante. Y ha dejado a mucha gente con secuelas. Habrá algunos que hayan aprendido y otros que no, pero la memoria del hombre es memoria de pez. En la medida en que las cosas dejan de afectarle, parece que no existan. Ojalá aprendiéramos de verdad, pero la humanidad, a lo largo de la historia, no ha dado excesivos motivos de esperanza. Lo que aprendemos acostumbra a deshacerse como con un azucarillo.

Con la COVID, todos sabíamos que el único camino era vacunarnos. Y cuando llegaron las vacunas, no se pusieron a disposición de la gente. A muchos no les han llegado y no les llegarán. Y la industria farmacéutica jamás se ha planteado liberalizar el derecho a que otros puedan fabricarlas para que más personas puedan salvarse. Es un ejemplo muy claro y negativo de este mundo en que vivimos.

 

¿Es la música ese lugar de refugio universal para para que los seres humanos podamos entendernos?

Ojalá. La música es hermosa y desde luego es el último refugio del cerebro humano. Los enfermos de Alzheimer o con demencia senil o enfermedades cerebrales acaban reconociendo, por encima incluso del nombre de su hijo, una melodía, y la cantan. Cuando ya han olvidado casi todo, la música sigue en su cerebro.

 

¿Por qué motivo harías hoy una canción protesta?

No es que vivamos en una sociedad de gente malvada, pero somos una sociedad incapaz de enfrentar los grandes retos a pesar de tenerlos delante. El cambio climático es probablemente el gran problema de la humanidad a corto plazo. Hay una cierta toma de responsabilidad pública por parte de quienes nos administran, pero es infinitamente más lenta que las necesidades. La deforestación va a velocidad de vértigo. La superpoblación, la sobreexplotación de los mares, el derecho al agua, que es tan natural como que las uñas crecen, pero que está tremendamente restringido, el derecho a la salud, a la educación, los derechos de la mujer, que siguen estando postergados... Y por encima de cualquier cosa, el problema del hambre. En una sociedad que es capaz de producir alimentos para todo el mundo, es increíble que no haya un cambio. David una vez tuvo la suerte de darle con la piedra en la cabeza a Goliat, pero incluso las piedras se van acabando.


¿Qué le decimos a toda esa gente que no quiere que te vayas?

Yo tampoco quiero que se vaya la gente que quiero y quisiera que estuvieran siempre conmigo y que la relación fuera como la que es ahora, pero uno toma decisiones en función de que de lo que piensa que es mejor. Que haya gente que lamenta que deje mi profesión quiere decir que esas personas me quieren, que han sido felices conmigo. Pero bueno, sin mí van a seguir siéndolo también.

 

¿Da cierta tranquilidad de espíritu el saber que un día, cuando te vayas de este mundo, seguirás de algún modo siempre aquí?

Yo no estoy por escribir epitafios, ni tengo interés en anticipar mi salida de este mundo en el que, cada vez que abro los ojos a diario, pienso que es un día de bendición, por muchos conflictos que pueda tener a mi alrededor, que evidentemente son muchísimos menos que los que tiene la mayoría de los seres humanos.

 

¿Qué sueños te quedan por cumplir?

El mundo es tan es tan amplio y hay tanto que mirar y oler, que ver y sentir… El tiempo que te dejan de vida es tan corto que siempre queda mucho por donde caminar.