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03.06.2005

"El SIDA afecta a todos. Ricos, pobres, casi todos tienen un pariente enfermo"

Entrevista a Ann McCreath, coordinadora general de MSF en Zimbabue, un país otrora conocido como el granero de África y que en los últimos años, a raíz de la crisis económica y el SIDA, se ha convertido en uno de los grandes enfermos de la región. MSF tiene actualmente dos proyectos de VIH/SIDA en Bulawayo y Tsholotsho

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En los últimos años Zimbabue ha experimentado una dura y larga caída. Todos los indicadores económicos y sociales se han derrumbado. ¿Puede el país caer aun más bajo?

Lo primero que te marca cuando llegas a Zimbabue es que la mayoría de la gente tiene casas normales, que las infraestructuras –como las carreteras– son buenas, mucho mejores que en otros países de África. Antes había una gran clase media, pero está perdiendo cada vez más su poder adquisitivo. Había mucha gente bien formada, pero esta gente está saliendo del país. No había mucha criminalidad, pero con el desempleo cada vez mayor mucha gente ya no tiene de qué vivir y se ve empujada hacia el crimen. Además de todo esto, está el SIDA, que afecta a todo el mundo. Todas las familias están afectadas. Ricos, pobres, casi todos tienen un pariente enfermo. Respondiendo a su pregunta, sí, creo que el país puede caer aún más bajo. Antes estaba mucho mejor que otros Estados africanos, pero los problemas avanzan muy rápido. Cada día es más difícil para la gente.

Se ha hablado incluso del riesgo de crisis alimentaría.

Hace ya tiempo que todos los organismos internacionales dicen que existe un problema alimentario. Pero el Gobierno no quería reconocerlo porque era como
decir que su política de redistribución de tierras había fracasado. Cuando finalmente reconocieron que faltaban reservas en el país, dijeron que iban a comprar los alimentos necesarios en el extranjero y encargarse de la distribución. Pero faltaba dinero y no había garantías de que los alimentos fueran a llegar a la gente más necesitada. La ONU hizo entonces mucha presión y el presidente Mugabe finalmente aceptó que el Programa de Alimentación Mundial (PAM) interviniera.
En nuestros proyectos, hemos observado que los pacientes de VIH/SIDA que tratábamos con antirretrovirales no cogían peso (lo que debería ocurrir con este tipo de tratamiento) debido a la falta de alimentación. Vimos que la crisis se acercaba, pero creo que la intervención del PAM está llegando a tiempo.

¿Cómo se desarrollan las relaciones con las autoridades?

Para las ONG es difícil trabajar en Zimbabue. Ponen muchas trabas. Por orgullo nacional, dicen que no necesitan ayuda externa. La presencia de una ONG puede verse como el símbolo de un fracaso. Y las reticencias no sólo vienen de las autoridades. También a nivel técnico, los médicos y otros funcionarios –bien formados, en la mayoría de los casos– aceptan difícilmente nuestra presencia. En general hay un presión muy fuerte para arrinconar a los organismos internacionales. Hace poco, por ejemplo, uno de los principales diarios anunciaba en portada: “El PAM distribuye alimentos envenenados”. Mucha gente se cree ese tipo de acusaciones. Como resultado, además de la resistencia de las autoridades, también tenemos que vencer la desconfianza de la población. También hay que reconocer que esta desconfianza, en parte, se puede explicar por el racismo, todavía muy fuerte, de los blancos que se han quedado después de la independencia [en 1980]. Muchos siguen viviendo en un sistema segregacionista.

La lucha contra el SIDA es la prioridad de MSF en Zimbabue, ¿en qué situación nos encontramos?

Ha habido avances. El Gobierno ha declarado la emergencia nacional por el SIDA, pero falta dinero. Las autoridades tienen intención de tratar a 65.000 personas este año. Están distribuyendo medicamentos, pero incluso si consiguen tratar a estas 65.000 personas –y lo veo difícil-, la situación seguirá siendo dramática. Las cifras del Gobierno hablan de una prevalencia de VIH/SIDA del 24% y las de la ONU, de un 33%. Estos resultados difieren según la forma de medición, pero en todo caso las necesidades son enormes. En nuestro proyecto de Bulawayo tratamos a unas 1.300 personas, y es uno de los principales centros del país. Los otros son generalmente mucho más pequeños.

¿Qué es lo que más falta hace? ¿Dinero?

Dinero hace falta, desde luego. El personal del Ministerio de Salud es bueno pero escaso, porque muchos se han ido. Faltan recursos, pero hay un verdadero compromiso en la lucha contra el SIDA. Además, comparado con otros países de África, en los puestos medios de la administración de Zimbabue no hay mucha corrupción. Existen buenas fundaciones para crear proyectos, pero hay que trabajar con el Gobierno, no se puede ir por libre. E ir con el Gobierno no es siempre fácil, dedican poco dinero a los programas de salud y cuesta obtener los permisos. Sin embargo, también hay que subrayar que todos los países de la región reciben fondos internacionales para luchar contra el SIDA; sólo Zimbabue, que se encuentra aislado por razones políticas, no recibe nada. En este contexto, es importante que MSF siga usando fondos propios para mantener su independencia.

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