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18.06.2010

“Sigue habiendo ataques con consecuencias graves para la población civil ya que hay victimas mortales y secuestros. La gente vive aún con mucho miedo”

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Las primeras elecciones multipartidistas de los últimos 25 años que se celebraron el pasado mes de abril en Sudán y el referéndum previsto para el año próximo, donde se debe decidir si el sur se separa del norte, forman parte de los acuerdos de paz firmados en 2005 que pusieron fin a la guerra civil más larga de África. Desde entonces, sin embargo, la región del sur sigue afectada por la violencia y unos pobres niveles de salud: la mortalidad sigue siendo alta, la desnutrición es crónica y los brotes de enfermedades evitables como la meningitis, el sarampión o el cólera siguen siendo una amenaza para la vida de la población. Se estima que el 75 por ciento de la población no tiene acceso a la salud.

En la región de Ecuatoria Occidental, la población vuelve a ser víctima de ataques, que desde finales de 2008 se han vuelto especialmente violentos en la zona. La violencia y los enfrentamientos armados, no sólo en esta región si no también en las fronteras entre el norte y el sur del país, se han extendido gradualmente hasta afectar en la actualidad no sólo al noreste de República Democrática del Congo y el Sur de Sudán, sino también al este de la República Centroafricana provocando miles de desplazados y refugiados en la región.

En diciembre de 2008, MSF estaba cerrando el proyecto de tripanosomiasis humana africana en Yambio, en el estado de Ecuatoria Occidental, donde trabajaba desde 2006. Pero la organización decidió mantener un proyecto abierto para dar apoyo a los afectados por la nueva oleada de violencia en la zona que a día de hoy sigue sin cesar.

Patricia Trigales acaba de regresar del sur de Sudán, donde ha trabajado como coordinadora general de MSF durante el último año.

 

¿La población sigue sufriendo ataques?

Efectivamente, siguen habiendo ataques con consecuencias graves para la población civil ya que hay victimas mortales y secuestros. La gente vive aún con mucho miedo y no se pueden mover para cultivar porque las zonas más deshabitadas es donde hay un riesgo más alto de recibir un ataque. No tienen reservas de alimentos y la población tendrá problemas para afrontar las épocas fuera de la cosecha. Ya se está viendo un aumento en las cifras de desnutrición que puede empeorar en los próximos meses.

 

¿Cómo interviene MSF?

Se decidió responder a las emergencias y, en especial, atender a las víctimas de la violencia (tanto desplazados en el sur de Sudán, refugiados de Congo como población local) en los campos de Makpandu, Nandi y Ezo, en Ecuatoria Occidental, con asistencia médica y de salud mental y distribución de materiales de primera necesidad. Además, se empezó a apoyar a los centros de salud de la zona, desbordados por el flujo de desplazados y sin recursos adecuados ni medicamentos. A finales de 2009 el hospital de Yambio también estaba desbordado por la situación y MSF decidió reemprender el apoyo a la atención secundaria y la cirugía en el hospital, además de la salud reproductiva, la pediatría y la tripanosomiasis humana africana.

 

¿Cómo se organiza la atención a esta población tan móvil?

Trabajamos con el Ministerio de Salud en los lugares donde se aglutina la población afectada por la violencia. Si hay estructuras de salud las apoyamos de varias formas : con formación médica; en el uso e implementación de protocolos del ministerio, que muchas veces no se implementan; con donaciones puntuales de medicamentos cuando hay rupturas de stock y con el pago de incentivos para asegurar presencia de personal médico.

La violencia ha provocado la migración de la población a lugares más poblados, donde se sienten más seguros. Los equipos se desplazan de forma regular, una o dos veces por semana en función de los beneficiarios y de la seriedad de patologías que padecen, a los lugares donde está la población.

 

¿Qué patologías encontramos?

Encontramos varias patologías. Por un lado, las causas directas de la violencia como los heridos y, por otro lado, el trauma que sufren muchas personas que aunque no tienen heridas físicas ni han sido secuestrados,  han sido testigos de los asesinatos de sus familiares, por ejemplo, y necesitan apoyo en salud mental. Y luego están las enfermedades comunes a las personas que viven desplazadas en condiciones precarias como infecciones respiratorias, malaria, parásitos...

 

¿Cómo enfocamos la salud mental?

Tenemos un psicólogo expatriado y un equipo de terapeutas locales que no tienen una formación reglada pero que han sido formados por MSF. En los casos más complicados como, por ejemplo, una violación, es el psicólogo quien los atiende directamente. Y los terapeutas locales actúan como traductores con formación en el área, ya que hay una serie de normas que hay que seguir. Y en los casos menos agudos, son ellos quienes atienden a los pacientes. Se hacen sesiones de grupo en educación psicosocial para que la gente entienda los síntomas. Por ejemplo, si la gente tiene insomnio o irritabilidad, que entiendan que se puede trabajar y tratar. También se hace educación para la salud desde la perspectiva de la salud mental ya que es una gran desconocida en estos contextos. La gente desconoce qué ayuda se les puede prestar en este tipo de situaciones y es muy importante que lo entiendan para que pidan ayuda.

 

¿Cómo detectamos los casos?

La salud mental siempre viene ligada al componente de salud general ya que es en las consultas médicas donde se identifican los síntomas y se hacen derivaciones. Es la forma que tienes de acceder a la población, de que te conozcan y tengan confianza en ti. Cuando atiendes las necesidades más básicas como la salud, el agua y el equipamiento básico que necesitan al llegar a los campos, que es cuando son más vulnerables, te aproximas a la población.

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