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23.12.2020

Alertamos del rápido incremento de casos de COVID-19 en el noroeste de Siria

El centro para pacientes COVID-19 que apoyamos en Idlib recibe cuatro veces más pacientes en los dos últimos meses que en los seis meses anteriores juntos.

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Mientras muchos países siguen con preocupación la evolución de la segunda ola de COVID-19, el número de casos en el norte de Siria continúa aumentando sin que se haya llegado en ningún momento a superar la primera de estas olas. Según las últimas cifras oficiales disponibles, en el último mes, el número de muertes asociadas a la enfermedad se ha triplicado.

En una región donde apenas hay tres laboratorios con capacidad de hacer tests diagnósticos, ya se han registrado a día de hoy casi 20.000 casos confirmados. Estos tres laboratorios son además privados, lo cual se traduce en que el número de tests que se están llevando a cabo es muy limitado.

Las personas que no cuentan con ingresos suficientes apenas disponen de oportunidades para hacerse las pruebas en las fases más tempranas de la enfermedad, pues, a menos que sean derivados desde alguna estructura médica, los pacientes tienen que pagar por las pruebas. Esto implica que la positividad de los tests sea extremadamente elevada y que los pacientes que llegan a los centros lo hagan en un estado mucho más avanzado de la enfermedad.

Uno de los lugares donde mejor se refleja el aumento de casos sospechosos y confirmados en la región es en el centro de aislamiento y tratamiento que apoyamos en el Hospital Nacional de Idlib. Desde que abriera sus puertas el pasado mes de abril, se han admitido a 542 personas con síntomas sospechosos de COVID-19, la mitad de las cuales fueron confirmados como casos positivos.

Lo verdaderamente preocupante es que más del 80% de quienes acabaron siendo ingresados en el centro lo han sido en los dos últimos meses; cuatro veces más que en los seis meses anteriores juntos

"Las personas que muestran síntomas graves deberían ser ingresadas en los hospitales", explica el Dr. Ibrahim, un médico del centro cuyo nombre se ha cambiado para proteger el anonimato y la confidencialidad. "Pero, a medida, que disminuye su capacidad para recibirlos, las derivaciones de pacientes graves a instalaciones como esta se están volviendo cada vez más frecuentes".

“El servicio de casos sospechosos está lleno la mayoría de las veces. Y pesar de que contamos con 30 camas, difícilmente encontramos alguna vacía”, afirma el Dr. Ibrahim. “La mayoría de las personas no se hacen la prueba hasta que su estado de salud ha empeorado gravemente. Son muy pocos los que se la hacen tan pronto como comienzan a mostrar los primeros síntomas. Y, cuanto más grave, es un caso, más tiempo tendrá que permanecer luego en estas instalaciones y peor será su pronóstico".

Para aumentar aún más su capacidad de respuesta frente a la COVID-19 en el noroeste de Siria, abrimos a principios de diciembre un centro de tratamiento y aislamiento de 32 camas para pacientes que presentaban síntomas leves a moderados, a solo unos kilómetros del centro de tratamiento del Hospital Nacional de Idlib. Aunque la apertura ha sido gradual, con solo 10 camas operativas en las dos primeras semanas, el equipo ya ha admitido a 54 pacientes, de los cuales 12 acabaron siendo casos confirmados de COVID-19.

En asociación con una organización local, MSF también estamos trabajando en otro centro de tratamiento de COVID-19 en Afrin, en el área noroeste de la gobernación de Alepo. Este espacio cuenta con un total de 34 camas y brinda atención tanto a casos moderados que cuentan con factores de riesgo como a casos graves que necesitan suministro de oxígeno. Los pacientes que presentan síntomas más críticos son siempre derivados a otros hospitales que cuenten con unidades de cuidados intensivos.

Salud mental para pacientes COVID-19

También ofrecemos apoyo en salud mental a los pacientes de los centros donde trabajamos. “Hablar de COVID-19 en Siria es casi un tabú”, explica Sara, una de nuestras enfermeras que brinda apoyo en remoto a uno de los centros. “El estigma es un problema dentro de las comunidades y debemos escuchar los miedos y preocupaciones de la gente para ayudarlos a enfrentarlo. Tememos que ese miedo a sentirse rechazados contribuya a que más personas oculten su infección y eso ayude a que el virus se propague más rápido dentro de las comunidades, que es otra razón por la que consideramos importante trabajar en este aspecto”.

El duro invierno

A medida que se ha ido acercando el invierno, las ya duras condiciones de vida de más de dos millones de personas desplazadas que viven en la región se han vuelto aún más difíciles de afrontar. Con temperaturas que a menudo bajan de los cero grados y en tiendas de campaña viejas, con goteras y rodeadas de barro, el mero hecho de sobrevivir se convierte en toda una odisea.

Para muchos, no es su primer invierno en tales condiciones. En los últimos años, el noroeste de Siria ha sufrido múltiples oleadas de desplazamientos, la última a principios de 2020, cuando los combates en la región provocaron que cerca de un millón de personas huyeran a zonas que consideraban más seguras.

"La vida es trágica aquí, especialmente en invierno: las tiendas no puede protegernos del frío y el agua", explica Chahine Ziadeh, residente del campamento de Fan al Shemali, en la gobernación de Idlib. Chahine huyó de su ciudad natal en 2016 debido a los fuertes bombardeos. Desde entonces, ha vivido en varios campamentos en la región, antes de establecerse en Fan al Shemali, hace dos años

Siempre que llueve, los caminos del campamento se convierten en ríos de lodo, lo que dificulta que la gente pueda salir de las tiendas para comprar víveres, ir al trabajo o acudir al médico. Los caminos embarrados e inundados también dificultan la prestación de ayuda por parte de las organizaciones humanitarias que trabajan en Fan al Shemali.

En estas circunstancias, nuestros equipos han comenzado a distribuir 'kits de invierno', que contienen ropa de abrigo, lonas, colchones y mantas a unas 14.500 familias que viven en más de 70 campamentos para personas desplazadas en toda la región, con el fin de ayudarles a mejorar sus condiciones de vida y afrontar con mayores garantías la dureza del invierno.

“Estamos distribuyendo estos artículos para proteger a las familias de las fuertes lluvias, porque muchas de las tiendas tienen ya las láminas de plástico agujereadas o rasgadas”, dice Abdulrahman, nuestro responsable de logística de MSF.

"En los últimos dos años, hemos visto inundaciones terribles en los campos. Con estos kits, esperamos que por lo menos estén algo más protegidos".

Además, hemos comenzado a rehabilitar 2.275 tiendas de campaña en seis campamentos en el oeste de Idlib. Esto implica instalar el suelo dentro y alrededor de las carpas, mejorar el aislamiento térmico de estas y construir barreras de ladrillos para protegerlas de las inundaciones.

De esta forma, esperamos que, además de mejorar las condiciones de vida de las personas, estos refugios rehabilitados también ayuden a prevenir un aumento de enfermedades estacionales. “Aunque esta intervención por sí sola no es puramente médica, es difícil trazar una línea entre lo que es médico y lo que no lo es en una situación de conflicto y desplazamiento prolongado como el que se vive en Siria”, explica el Dr. Chen Lim, nuestro coordinador médico en el noroeste de Siria. "No podemos hacer la vista gorda ante las condiciones de vida y ante el impacto que estas tienen en la salud de la población".

Cada invierno, nuestros equipos que trabajan en estos campamentos abarrotados ven un aumento de enfermedades respiratorias, problemas relacionados con la inhalación de humo, quemaduras, enfermedades transmitidas por el agua e hipotermias. Para reforzar nuestras actividades de prevención, hemos desplegado equipos de promoción de la salud en los campos para concienciar sobre enfermedades comunes del invierno, evaluar las necesidades de salud de las personas y los retos diarios, e informarles sobre los servicios de nuestras clínicas móviles.

Una evaluación reciente realizada por uno de nuestros equipos de promoción de la salud reveló que, para casi el 70% de los 116 entrevistados de varios campamentos, este invierno no será el primero que pasen en un sitio así. Casi todos los encuestados expresaron su temor de que los miembros de la familia, sobre todo sus hijos, enfermen durante el próximo invierno.