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22.04.2021

Cristina Sánchez: “Es descorazonador tener a 12 millones de sirios desplazados”

Cristina Sánchez es la corresponsal de Radio Nacional de España para Oriente Próximo, responsabilidad que ejerce desde Jerusalén. Durante 10 años dirigió el programa ‘Países en Conflicto’. Entre otros reconocimientos a su dilatada labor, en 2019 ganó el prestigioso Premio de Periodismo Cirilo Rodríguez.

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Entrevista a Cristina Sánchez, periodista, por Fernando Calero y Silvia Fernández, Servicio de Medios MSF.

 

¿Con qué historia te quedas de las que has conocido?

Una es la de Samer, un periodista que estaba en Idlib, en Siria. Después de la última operación militar del régimen sirio –que causó el mayor desplazamiento de población del conflicto, casi un millón de personas que ahora mismo vive en campos de desplazados– consiguió salir y cruzó la frontera después de tres intentos. Ahora está en Gaziantep trabajando con una organización humanitaria local, que presta asistencia en los campos dentro de Idlib. Siempre que hablo con él me transmite la soledad que siente tras haber dejado a su familia atrás.

Él ejemplifica lo que ha sido la sangría del desplazamiento que ha llevado a la mitad de la población siria a huir de sus hogares, ya sea dentro del país o a países vecinos. En pleno siglo XXI, es descorazonador tener a 12 millones de personas desplazadas tras 10 años de guerra. Personas que no piensan en volver porque no tiene a dónde o su vida corre peligro.

También me quedo con la historia de Nura, que lleva años luchando para esclarecer el paradero de las personas desaparecidas, torturadas y ejecutadas en las cárceles de Assad. Estuvo años sin noticias de su marido, hasta que descubrió, en un certificado, que lo habían matado en la cárcel de Adra. Todavía hay unas 100.000 personas desaparecidas en Siria. Muchas han encontrado a sus familiares muertos en las fotografías del desertor apodado César, en esos cadáveres famélicos, llenos de golpes, torturados, con un número puesto encima del cuerpo. Esas historias son desgarradoras.
 

Edificios destruidos y abandonados en el distrito de Ariha, en Idlib, Siria. Febrero de 2020.

¿Hemos perdido la capacidad de empatía con la población siria?

En la sociedad, hay un viraje hacia el individualismo, hacia ideas más extremistas. Esto resulta peligroso, porque la pandemia ha demostrado que todos somos vulnerables a las crisis. Considero el periodismo como un generador de empatía. Hay que colocarse en el lugar del otro para entender que sus problemas no son tan ajenos y que, al final, todos tenemos los mismos anhelos: una vida digna en condiciones de igualdad, salud, derechos fundamentales...

No voy a dejar de contar la guerra siria, por mucho que me repita, igual que no se deja de contar el Brexit, por muy cansados que estemos de oírlo. Pero, debemos tratar de introducir enfoques diferentes para seguir manteniendo la atención.

 

¿Qué dificultades planteó informar sobre la guerra en Siria?

Una de ellas fue que los periodistas se convirtieron en objetivo. Eso hizo que cada vez menos periodistas, sobre todo extranjeros, se desplazaran a terreno y Siria se convirtió en un “agujero negro” informativo, sobre todo ciertas zonas asediadas el régimen sirio a las que era imposible acceder. Por otro lado, la propaganda de guerra hacía muy difícil discernir que era verdad.

Yo siempre me he quedado con la cuestión humanitaria, con las múltiples violaciones de derechos humanos que se han constatado. Creo que no existe ninguna guerra en la historia que haya sido más documentada que la guerra de Siria. Como periodista intento estar del lado de la población civil y denunciar las violaciones del Derecho Internacional Humanitario.

En cualquier caso, quienes se están jugando la vida todos los días son los periodistas locales. Muchos han muerto o están en el exilio. O están encarcelados, han sido torturados y acumulan trauma tras trauma.

 

¿Qué noticia te ha costado dar?

El asesinato de Raed Fares, un opositor perseguido primero por el régimen sirio y después por el Estado Islámico y por Al Qaeda. Sufrió varios atentados y el último le costó la vida. Los seguidores de Assad lo acusaban de terrorismo y acabo siendo asesinado por un grupo terrorista. Una muestra más de la polarización ciega y sin razón en esta guerra.
 

Desplazados en Siria

¿Cómo informar con perspectiva de género sobre la guerra?

La información de conflictos está absolutamente masculinizada. Aunque muchas mujeres cubrimos conflictos, la visibilidad la suelen tener ellos. Los referentes de la información internacional siempre son hombres. Por otro lado, quienes combaten son generalmente hombres, con la excepción del noreste de Siria, donde también están las combatientes kurdas. Eso hace que la mayoría de los medios hagan una cobertura muy masculinizada y muy militarizada de los conflictos. Sin embargo, a mí lo que siempre me ha interesado no es tanto la primera línea de batalla, sino la segunda, la tercera, la cuarta o la quinta; es decir, todo lo que hay detrás. Y ahí es donde siempre están las mujeres.

Las historias de las mujeres son fundamentales en una guerra. Si las omites, haces un relato incompleto de la realidad. Es una cuestión de responsabilidad como periodista: si yo dejo de contar su relato, estoy haciendo mal mi trabajo.

 

En 2013, en tus crónicas, ya se hablaba del “conflicto interminable”. Sin embargo, ¿crees que alguien en aquel momento imaginaba que en 2021 el conflicto seguiría plenamente activo?

Los sirios fueron los primeros en ser conscientes. Para los periodistas fue cuando empezó la implicación de potencias extranjeras, la irrupción de grupos terroristas, la división de la oposición que empezó siendo un grupo homogéneo, creándose alianzas en función de las propias dinámicas sobre el terreno, cuando empezamos a ser conscientes de que aquella era la guerra mundial del siglo XXI.

 

¿Te resulta útil para tu trabajo la labor de testimonio de MSF?

Existen muy pocas organizaciones, por no decir casi ninguna, que esté donde está MSF y que haga este doble trabajo: prestar asistencia médico-humanitaria y hacer denuncia.

Por ejemplo, en Guta, denunciasteis que estaban llegando pacientes con síntomas que apuntaban a una intoxicación por agentes químicos. Eso es información directa recogida sobre el terreno.

He estado en auténticos infiernos sobre la tierra en los que me he encontrado a personal de MSF. Y no me he encontrado a otros.